sábado, 14 de mayo de 2016

El genocidio de La Vendée a manos de la República jacobina


Algo frecuente durante la guerra de La Vendée. Misas clandestinas celebradas en los bosques





Jorge Fernández Zicavo

En esta nota propongo reflexionar sobre una terrible paradoja de la historia universal: que una Revolución radical, estructural, que pretenda ofrecer a la humanidad un sistema político-económico progresivo, de mayores libertades, fraternidad, disminución de las desigualdades sociales y materiales entre los individuos... igualdad jurídica, derechos humanos y justicia social... un gran salto en la hegeliana marcha hacia "el reino de la libertad" en definitiva, debe pasar, fatal e inevitablemente, por un largo y sangriento proceso represor y genocida aplastando a la clase social que se resista a perder su poder y privilegios.

El ejemplo paradigmático es, por supuesto, la más radical y trascendental revolución de todos los tiempos: la francesa, de 1789. La Gran Revolución, como ha sido calificada en los ámbitos académicos, o "la madre de todas las revoluciones" como diríamos hoy, pues resultó decisiva, como ejemplo, para la posterior revolución rusa-bolchevique de 1917 que sus líderes habían estudiado exhaustivamente. Desde el punto de vista táctico y estratégico, claro está, pues su objetivo no era implantar una democracia capitalista-burguesa tras la monarquía feudal y terrateniente de los zares y su nobleza, sino una dictadura del proletariado que exterminara a la burguesía para acceder a una sociedad comunista sin clases. Recordemos que, siguiendo las enseñanzas de sus "camaradas" jacobinos, los bolcheviques también asesinaron al zar Nicolás II, a su esposa la zarina y a sus hijos.

Naturalmente, no es posible reconstruir aquí el largo proceso de la Revolución Francesa desde la gran crisis económica durante el reinado de Luis XVI, detonante de la sublevación del tercero de los "estados" (estamentos) que estructuraban el régimen monárquico absolutista a modo de un Parlamento meramente consultivo: burguesía, comerciantes, artesanos, obreros, funcionarios, campesinos... siendo el primer estado la nobleza y el segundo, el clero.
Tampoco, resumir los pormenores de las dos corrientes revolucionarias (moderados girondinos: Dantón, y radicales jacobinos: Robespierre), más la plebe analfabeta y lumpen de los sans-coulottes que unos y otros movilizaron demagógicamente. Ni siquiera, de la etapa del Terror, y la siguiente del Gran Terror termidoriano desatadas ambas por los jacobinos contra Luis XVI, su familia y la nobleza, así como contra Dantón y varios girondinos, mediante guillotinas que finalmente también cortarían las cabezas de Robespierre o Saint Just, entre otros.

Aquí mencionaré, muy someramente, la mayor tragedia de aquella revolución de la que ahora todas las democracias son deudoras: la guerra y genocidio, en toda la costa atlántica francesa, con epicentro en la Vendée.

Básicamente, sucedió que los ciudadanos de aquella región, y en particular de la Vendée, partidarios de la monarquía y fervientes católicos, se enfrentaron al nuevo régimen revolucionario y masónico surgido desde la célebre jornada del 14 de julio de 1789 en la que las turbas asaltaron la parisina prisión de la Bastilla para aprovisionarse de la pólvora allí depositada. No para liberar prisioneros, como se dijo, pues solo había siete delincuentes comunes.

En aquella guerra de la Vendée (abril, 1793 – noviembre 1794) se enfrentaron la Guardia Nacional (ejército republicano y revolucionario paralelo al ejército regular) contra un improvisado ejército católico y monárquico complementado con grupos de guerrilleros, para decidir si la revolución democrática-burguesa acabaría o no, con el tradicional régimen de monarquía absolutista que entonces imperaba en Francia y en toda Europa. El detonante fue que los sacerdotes "refractarios" al nuevo régimen no pudieran oficiar misa en sus iglesias, juraran la Constitución Civil del Clero que anulaba su subordinación al Papa, y una leva obligatoria de 300.000 hombres para engrosar las filas de la Guardia Nacional ante la anunciada invasión de Francia por ejércitos de las monarquías europeas: Inglaterra, Bélgica, España, Suiza, Austria, Hungría, Italia, etc., tras conocerse la ejecución de Luis XVI. Invasiones que serían derrotadas y provocarían una contraofensiva que, más tarde, con Napoleón, llevaría a las tropas francesas republicanas tan lejos como Egipto, Siria y Rusia.

Las operaciones de la Guardia Nacional, mediante unidades exterminadoras denominadas "columnas infernales", llevaron a cabo una masacre de los combatientes realistas y de la población civil que alcanzaría cifras y procedimientos de genocidio, hasta el punto de haber sido el primero de la "historia contemporánea"; una Era que se iniciaría precisamente (según criterio aceptado por los historiadores), con la Revolución Francesa.

Las "columnas infernales" bajo el mando de los generales Westermann, Carrier o Turreau, entre otros, incendiaron iglesias, pueblos, ciudades y cosechas, mataron el ganado, envenenaron los pozos de agua con arsénico y exterminaron a un mínimo acreditado de 150.000 vendeanos, incluyendo ancianos, mujeres y niños, con una inaudita crueldad. Por ejemplo: miles de civiles y combatientes fueron ahogados en el río Loira. Mujeres embarazadas a las que abrían el vientre con bayonetas. Bebes lanzados al aire y ensartados al caer. Niñas asesinadas tras ser violadas por varios soldados. El célebre Fouché amontonaba junto al río Ródano grupos de 100 prisioneros maniatados y les disparaba... cañonazos... a pocos metros, siendo rematados los sobrevivientes con los sables de la caballería. Incluso, anticipando a los campos de exterminio nazis, se llegó a quemar cadáveres de mujeres para aprovechar terapéuticamente su grasa en los hospitales, y de hombres despellejados desde la cintura hasta el talón para hacer con las pieles de sus piernas, previamente curtidas, unos pantalones-mallas para los oficiales de caballería. "La piel de los hombres es más elástica y fuerte que la de las mujeres y la gamuza", explicaron por escrito. Al final de la campaña, Westerman informaría: "La Vendée ya no existe"

Este genocidio está sobradamente documentado en los archivos oficiales, es bien conocido por historiadores e investigadores académicos y ha generado una amplia bibliografía, pero la "corrección política" festeja todos los aniversarios de la gloriosa revolución de Liberté, Egalité, Fraternité sin mencionarlo, presentándola solo en su aspecto positivo; como el origen de la primera república democrática-liberal de la Historia que, tras un largo proceso con gobiernos de la Convención, del Directorio termidoriano y el Imperio napoleónico se "exportaría" a toda Europa y América del Sur junto con su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Y esta es la gran y cruel paradoja que puede sacarse del avance social y político de la humanidad en su larga marcha desde las primeras civilizaciones de la Antigüedad (Egipto, Asiria, Persia, Babilonia… ) pasando por la Atenas de Pericles y la Roma de los césares con sus repúblicas aristocráticas, censitarias y esclavistas: que este progreso hacia las repúblicas democráticas que hoy disfrutamos, al igual que la fundación de todos los estados nacionales, está cimentado en sangrientas guerras civiles o de independencia. Una tragedia resumida en el conocido aforismo de Marx "la violencia es la partera de la historia". En definitiva, el balance de la Revolución Francesa es que, como sucediera siempre desde los albores de la civilización y Maquiavelo recordara al Príncipe de Florencia, los principios morales siempre quedan subordinados al "estado de necesidad".
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Bibliografía utilizada:

El sistema de despoblación, Francoise-Noel Babeuf (1)

La Revolución Francesa, Jean-Pierre Bois

La guerra de la Vendée, Alberto Bárcena Pérez

Los monstruos políticos de la Modernidad, Ma. Teresa Glez Cortés

(1) Llamado también, "Gracchus" Babeuf, era un revolucionario "comunista", en el sentido primitivo del término. Digamos, un socialista radical, pre-comunista. Contemporáneo y protagonista de la Revolución Francesa, publicó en su periódico "El tribuno del pueblo" todas las informaciones (a pesar de estar censuradas) sobre el genocidio de la Vendée. Fue ejecutado en 1797 por encabezar "La conspiración de los iguales" contra el gobierno de la Convención Termidoriana (la "derecha" o sector conservador, de la Revolución), que puso fin a la dictadura de la ultra izquierda jacobina y de sus dos oleadas de "Terror", ejecutando a Robespierre y Saint-Just el 10 de julio (Termidor, según el calendario de la Revolución), de 1794.

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