martes, 25 de mayo de 2010

Aquel 25 de Mayo del 73...



... ha quedado en la historia de la República Argentina como una de sus fechas más infames.

Apenas doce horas después de haber asumido la presidencia arropado por los mandatarios comunistas Allende (Chile) y Dorticós (Cuba), un hombrecillo llamado Héctor José Cámpora, cuyo único mérito para ser candidato títere era su biografía como alcahuete y lacayo de Evita y Perón, cometió el más abominable crimen que pueda llevar a cabo el presidente de una República: traición al Estado, y a su pueblo, al sacar de las cárceles a 363 terroristas, de los cuales 283 tenían sentencia firme de la Cámara Federal en lo Penal (CAFEPE), y los restantes se hallaban en la fase de proceso. El programa electoral del Frente Justicialista de Liberación contemplaba una Amnistía para presos políticos y sociales, no para terroristas encarcelados por decenas de secuestros, atracos a bancos y atentados con explosivos, más centenares de homicidios y el copamiento de dos unidades del Ejército: Campo de Mayo y Batallón de Comunicaciones 141º (Córdoba), llevados a cabo con una estructura paramilitar.

Era impensable que una medida de tal calado se tomara sin la autorización de Perón, que desde 1971 alentaba y recibía en Madrid a las "formaciones especiales" del Movimiento, pero ello no elimina la responsabilidad del vicario en el desarme antiterrorista del Estado. Sin embargo, personas muy cercanas a Perón afirman que el líder, entonces residente en Madrid, se enfureció al conocer esta medida y mantuvo una violenta discusión telefónica con Cámpora.

A las 00:30 del 26 de mayo Cámpora y sus ministros Esteban Righi (Interior) y Antonio Benítez (Justicia), de acuerdo a lo pactado con los jefes montoneros Firmenich, Perdía y Galimberti durante la campaña electoral, firmaron el Decreto 11/73 de Indulto. A las 02:00 horas fueron liberados los primeros terroristas (180 de la cárcel de Villa Devoto). A las 03:00 de esa frenética madrugada, el flamante gobierno montonero derogó el artículo del Código Penal que condenaba con reclusión perpetua y/o pena de muerte el asesinato de jueces, fiscales y miembros de las FFAA y de seguridad; disolvió por decreto-ley 20.509 la Cámara Federal y ordenó retirar la custodia policial a sus jueces, lo que provocó que seis se exiliaran, dos sufrieran atentados fallidos, y otro (Jorge Vicente Quiroga), fuera asesinado por el ERP-22 el 28 de abril de 1974. El 27 de mayo, el Congreso de la Nación, que hacía recordar a la Asamblea jacobina de la Revolución Francesa, formalizó el Indulto con la ley 20.508 de Amnistía para todos los terroristas encarcelados, pasando a ser el primer Parlamento de la historia universal que aplicó una ley 24 horas antes de sancionarla. Su increíble y criminal artículo 1º consagró la impunidad para los delitos "perpetrados por móviles políticos, sociales, gremiales o estudiantiles antes del 25 de mayo de 1973... cualquiera sea el bien jurídico lesionado". O sea: incluidos los homicidios.



Como era de esperar, la Amnistía fue interpretada por los terroristas como una rendición del Estado, cuyo mayor gesto de complicidad fue enviar aviones de Aerolíneas Argentinas a distintas provincias para que todos los criminales liberados fueran homenajeados en Buenos Aires por sus seguidores. Apenas tres días después, el gobierno montonero presidido por Cámpora estableció relaciones diplomáticas con la Cuba castrista que llevaba años entrenando terroristas argentinos, y que en 1963 organizó la guerrilla cubana-argentina del EGP en Salta bajo el mando de los apátridas y mercenarios Ernesto Guevara Lynch y Jorge Masetti; tal como reconoció oficialmente el gobierno cubano en 2005, cuando Fidel Castro pidió a Néstor Kirchner la repatriación de los restos del teniente Horacio Peña Torres ("Hermes") muerto en combate con efectivos de la VII Agrupación de la Gendarmería Nacional en la Colonia Santa Rosa, de Orán, Salta. Pocos horas antes, este militar cubano había matado en combate al gendarme Juan Romero. Asimismo, se establecieron relaciones diplomáticas con los Estados comunistas de Vietnam del Norte, Corea del Norte y la República Democrática Alemana.


Clarín, 29 de mayo 1973. Cámpora entre Allende y Dorticós

El día 29, los montoneros fueron autorizados por Righi a formar una custodia presidencial paralela a la oficial (como en el Chile de Allende); a copar organismos nacionales y municipales en nombre del "Poder Popular" (ministerios, hospitales, universidades, mercados de abasto, etc.), y lograron que Righi no confiara la seguridad del 20 de junio en Ezeiza a la Policía Federal porque querían desbordar con sus columnas de la JP a los fachos de la "Patria Peronista" a las órdenes del ex coronel Osinde, jefe de seguridad de Perón. Por todo ello, Righi pasaría a la historia como "el ministro del Interior de los montoneros", y aquel gobierno sentó la doctrina, hoy consagrada oficialmente por el régimen post-Montonero de los Kirchner, de justificar y enaltecer al terrorismo de izquierda con motivaciones políticas "populares". Cristina Fernández de Kirchner militó en el Frente de Agrupaciones Eva Perón, rama universitaria "política" de las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias fundadas en La Habana en 1967. A partir del 12.10.1973, fecha en que las FAR se disolvieron para ingresar en Montoneros, militó en la Juventud Universitaria Peronista, aparato "político" de Montoneros. Néstor Kirchner, por su parte, primero militó en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), uno de los grupos de la llamada "Tendencia Revolucionaria" controlada por Montoneros, y finalmente ingresó en la citada JUP donde conoció a Cristina.


De izqda a dcha: terroristas montoneros Jorge Bernetti, Elvio Vitali y Ricardo Nudelman con Héctor Cámpora y Esteban Righi. Durante su exilio en México.

¿Por qué la Amnistía supuso un delito de alta traición al Estado y a la Nación? Porque, además de la impunidad penal, permitió que los jefes terroristas recompusieran las estructuras orgánicas y crearan unidades paramilitares que según lo previsto en sus estrategias deberían multiplicarse hasta conformar un ejército guerrillero regular. No hubo que esperar mucho para ver los resultados de la nueva etapa: una semana antes del regreso de Perón al país, los jefes de las FAR y Montoneros (Quieto y Firmenich) le desafiaron públicamente en una conferencia de prensa: a pesar de haber un gobierno constitucional y con amplio apoyo popular declararon que "nuestra estrategia sigue siendo la guerra integral, desde la resistencia civil y las movilizaciones, hasta el uso de las armas" (El Descamisado, 12.06.1973). Al mismo tiempo, el jefe del trotskista Ejército Revolucionario del Pueblo (Santucho) propuso crear milicias armadas y prepararse para una guerra civil revolucionaria. En septiembre, durante la presidencia temporal del Presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, una compañía del ERP copó el Comando de Sanidad del Ejército en Buenos Aires y mató al teniente coronel Juan Duarte Ardoy, segundo jefe del Regimiento de Infantería "Patricios" que recuperó la unidad. Asimismo, en enero de 1974, bajo la presidencia del general Perón, el ERP llevó a cabo el sangriento ataque a la Guarnición de Azul que motivaría el famoso discurso del general llamando al pueblo argentino a movilizarse para "aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal y exterminar uno a uno a los psicópatas asesinos". En marzo una compañía de Monte del ERP comenzó sus operaciones de guerrilla rural en la provincia de Tucumán alcanzando un despliegue que el Ejército tardaría un año y medio en aniquilar. Montoneros, a su vez, bajo aquellos gobiernos peronistas surgidos de rotundos triunfos electorales, procedió a triplicar el ritmo de sus acciones favoritas: asesinato de sindicalistas peronistas anticomunistas como el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Ignacio Rucci (una declaración de guerra a Perón) y secuestros extorsivos de empresarios, mientras sus fábricas clandestinas iniciaban la producción de subfusiles, lanzagranadas y el sofisticado explosivo C4 que utilizaron contra un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea y la fragata Santísima Trinidad.

Esta recomposición de fuerzas permitió a la subversión marxista lanzar ataques sistemáticos a las Fuerzas Armadas, conformándose así un escenario de insurgencia o guerra interior que fue complementado con matanzas entre las bandas terroristas de extrema izquierda y la derecha sindical peronista ayudada por la Triple A. Esa escalada de violencia alcanzaría tal magnitud que, tras la muerte de Perón el gobierno presidido por María Estela Martínez tuvo que implantar el Estado de Sitio, ordenar al Ejército que aniquilara la subversión en Tucumán, ilegalizar a Montoneros por el delito de Sedición, y finalmente extender las operaciones militares a todo el territorio nacional.

Resumiendo, la consecuencia de la Amnistía cómplice y delictiva de Cámpora y Righi (que sorprendentemente no fueron ejecutados por la Triple A antes de que huyeran a México), fue que las oleadas de violencia de las fuerzas paramilitares marxistas contra las fuerzas del Estado, y contra civiles peronistas y anticomunistas en general, crearon una situación que en 1975 era propia de una guerra civil revolucionaria: el objetivo estratégico proyectado (así, literalmente) por el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores en su V Congreso fundador del ERP.

El paradójico cierre histórico de aquel nefasto 25 de mayo del 73 es que hoy los marxistas que empujaron al pueblo argentino hacia el abismo de una guerra civil para instaurar su "Patria Socialista" con dictadura de partido único, están instalados en todos los ámbitos de poder y dando lecciones de democracia y derechos humanos; mientras que los combatientes del Estado que la evitaron, al precio de 551 bajas mortales, están presos gracias a la interpretación manipuladora y sectaria de la IV Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma llevada a cabo por el Procurador General, Righi (¡siempre Righi!) y tribunales civiles sin competencias para juzgar a militares y policías por sus actuaciones en tiempo de guerra.

Por todo ello, es de justicia exigir la suspensión definitiva de estos juicios políticos y la excarcelación con reparaciones de quienes impidieron que apátridas mercenarios convirtieran a la República Argentina en una colonia soviética como Cuba, en el difícil contexto de la guerra revolucionaria iniciada por las izquierdas en 1969.
O en su caso, si insisten en aplicar la tipificación de crímenes de lesa humanidad, procesar también a los antiguos terroristas que hoy ocupan cargos públicos y oficiales; y a los comandantes del Ejército y Conducción Nacional de Montoneros, Mario Roberto Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía responsables de atacar y aterrorizar a la población civil durante once años mediante centenares de secuestros y homicidios, y cuya bochornosa impunidad constituye tanto un insulto a las familias de sus víctimas y a una sociedad que se pretende civilizada, como la denigrante evidencia de una justicia sin venda ni balanza.

Hoy la propaganda kirchnerista ha demonizado a los combatientes del Estado en escuelas y televisiones copadas como ayer, mientras dedica calles, plazas, autopistas, parques de la memoria y muros de la vergüenza al criminal Cámpora y a los "jóvenes idealistas"; pero la Historia, que está más allá de contingencias políticas y doctrinas jurídicas truchas, acabará rehabilitando y honrando a quienes evitaron una guerra civil y defendieron la soberanía de la Nación cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional que el pueblo reclamaba y apoyó. Sin reservas, y con alivio.

Jorge Fernández Zicavo
25 de mayo de 2010



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El sol del veinticinco




Horacio Vázquez-Rial

El título de este artículo es el de una canción patriótica argentina que cantaba Carlos Gardel y que alude al amanecer del 25 de mayo de 1810, día de la discreta revolución que llevó a la independencia del país "en nombre de Fernando VII", de la que se cumplen ahora 200 años.

Como la celebración del bicentenario de las independencias iberoamericanas está resultando una payasada burocrática, parece útil contar cómo fue aquello, al menos en los estrechos márgenes de un artículo. Empecemos por decir que lo de conmemorar ahora el bicentenario del nacimiento de veinte naciones es producto de un acuerdo. Ciertamente, Argentina o México toman como referencia 1810, aunque la independencia efectiva de esos países no se haya concretado hasta 1816, en el primer caso, y hasta 1821, en el segundo. Haití ya era independiente en 1808 (a Bonaparte le traía sin cuidado América, por eso vendió la Luisiana a Jefferson sin vacilar, y para lo que les sirvió a los haitianos ese adelanto en el calendario...); Venezuela no fue reconocida hasta 1845, y Colombia hasta 1819, pese a que ambas fijan la fecha en 1810, cuando no eran sino las Provincias Unidas de Nueva Granada.

Las cosas se pueden contar de muchas maneras, y los Estados (no necesariamente naciones) se han dotado de una mitología propia desde el principio. Una de las primeras medidas de la Junta Revolucionaria de Mayo en el Río de la Plata fue encargar al dominico Julián Perdriel –hasta hacía poco hombre próximo al virrey Liniers– la redacción de una historia de esas provincias. Perdriel no hizo sus deberes y la tarea fue encomendada entonces a uno de sus promotores más activos del movimiento, el deán Gregorio Funes, rector de la Universidad de Córdoba por designación de Liniers, virrey que fue asesinado al estilo que después sería sello de las desgracias de la república: fusilamiento en un lugar remoto y entierro en una tumba anónima. El primer desaparecido de la historia argentina.


Funes completó su tarea en 1817, un año después de la declaración formal de la independencia: tres volúmenes con el título de Ensayo de la Historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán. La obra se conservó de una manera extraña: César Rodney, encargado de negocios de los Estados Unidos en el Río de la Plata, la tradujo al inglés. En 1869 Antonio Zinny, historiador, descendiente de húngaro y árabe, nacido en Gibraltar en 1821 y emigrado a Buenos Aires en 1842, tras comprobar que no existía copia de la versión castellana original, la retradujo y la amplió hasta 1828, añadiendo de su propia cosecha una década más. Dice Miguel Ángel Scenna que con Funes comenzó la "leyenda negra de los tres siglos de dominación hispana, en forma de rebelión intelectual contra la tradición peninsular", y a su vez "esa literatura de guerra justificaba y daba brillo a lo acontecido el 25 de mayo. Y de eso se trataba".

Al decir más arriba que la de Mayo fue una revolución discreta me refería al hecho innegable de que no fue lo que se entiende por un movimiento popular. Por el contrario, fue una acción de las élites. Liniers fue el único virrey elegido popularmente y ratificado a posteriori por Carlos IV, al ponerse en cabeza de la resistencia contra dos intentos de invasión británicos, las llamadas Invasiones Inglesas. Como toda la clase dirigente de la ciudad de Buenos Aires recibió encantada a los ingleses y el virrey Sobremonte (bisabuelo de don Miguel Primo de Rivera) prefirió ponerse a salvo con los caudales del cabildo, Liniers, que se encontraba en Montevideo, organizó la reconquista de la ciudad con éxito en 1806 y preparó su defensa en 1807, también con excelentes resultados, reclutando a la tropa entre los civiles de la zona, de todas las clases y condiciones, incluidos negros esclavos (que así accedían a la libertad) y gauchos trashumantes. Constituyó así un ejército de corte democrático y se hizo enormemente popular. No lo sabía Liniers, hombre leal a España hasta la muerte –y no es metafórico–, pero aquellas acciones enseñaron a la clase dirigente que poseía el poder de defenderse por sus propios medios, en un ejercicio de soberanía.

El problema es que esa clase dirigente, la de los criollos y los peninsulares emigrados, no estaba nada contenta con el triunfo de Liniers, porque lo que deseaban era libertad de comercio, lo que en la época se traducía en derecho a comerciar con Gran Bretaña. En Londres, la cuestión se venía debatiendo en forma explícita desde al menos la década de 1770, como revela el Plan Maitland, publicado por Rodolfo Terragno y disponible fragmentariamente en internet, que San Martín materializó puntillosamente.

Había dos teorías: la de la conquista lisa y llana de los territorios españoles, que fracasó precisamente con las invasiones de 1806 y 1807, y la de la promoción de la independencia para abrir aquellos "reinos y provincias" al libre tráfico. Señalo lo de "reinos y provincias" porque la Indias jamás fueron colonias en el sentido actual de término: ni una sola vez en el inmenso corpus de las Leyes de Indias se emplean los términos colonia y factoría. Y fue el ser reinos y provincias lo que permitió la formación de élites locales, germen de las clases dirigentes de las nuevas naciones, los revolucionarios.

El pueblo llano estaba con Liniers y con el Rey. Mariano Moreno, impulsor principal del movimiento de Mayo de 1810, era perfectamente consciente de ello. Dice en su Plan de Operaciones que hay que actuar siempre en nombre de Fernando VII:

Últimamente, el misterio de Fernando es una circunstancia de las más importantes para llevarla siempre por delante, tanto en la boca como en los papeles públicos y decretos, pues es un ayudante a nuestra causa el más soberbio; porque aun cuando nuestras obras y conducta desmientan esta apariencia en muchas provincias, nos es muy del caso para con las extranjeras, así para contenerlas ayudados de muchas relaciones y exposiciones políticas, como igualmente para con la misma España, por algún tiempo, proporcionándonos, con la demora de los auxilios que debe prestar, si resistiese, el que vamos consolidando nuestro sistema, y consiguientemente nos da un margen absoluto para fundar ciertas gestiones y argumentos, así con las cortes extranjeras, como con la España, que podremos hacerles dudar cuál de ambos partidos sea el verdadero realista; estas circunstancias no admiten aquí otra explicación.

Es decir, que las Provincias del Río de la Plata se independizaban de España en nombre del Rey, porque era la única manera de hacer tragar a la plebe el proyecto. El documento de Moreno es estremecedor, propio de un jacobino completamente identificado con lo peor, lo más sanguinario y perverso del Terror revolucionario francés. No en vano había ido preparando el ambiente: llegó incluso a tomarse el trabajo de traducir El contrato social de Rousseau. Felizmente, había elementos de contención a su alrededor. Quien se tome el trabajo de leer el texto completo, verá con qué notable desparpajo confiesa las relaciones del movimiento con Gran Bretaña, cuya ayuda elogia y para la cual propone como primera compensación la entrega de la isla de Martín García, situada en medio del Río de la Plata y de una importancia estratégica clarísima.

De modo que lo que ahora se conmemora no es exactamente la independencia de los reinos y provincias de ultramar respecto de la metrópoli, España, sino el paso de esos territorios del control formal español al control informal, pero mucho más efectivo y barato, de los británicos. Lo que no significa que España no haya sido a lo largo de estos dos siglos una potencia influyente: aún en 1912, la electricidad en la Argentina estaba en manos de un tal Francesc Cambó...

El resultado de todo aquel movimiento fue el surgimiento de Estados no siempre viables, una serie interminable de luchas intestinas y la multiplicación de dictadores de todo pelaje, lo que hizo escribir a Bolívar, en fecha tan temprana como 1830, en carta a Juan José Flores:

Ud. sabe que he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos:

1. La América es ingobernable para nosotros.
2. El que sirve una revolución ara en el mar.
3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar.
4. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas.
5. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos.
6. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América.

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19.05.2010

domingo, 9 de mayo de 2010

La siniestra alianza Montoneros-Massera



Jorge Fernández Zicavo

(Post actualizado 05.05.2014)

Las circunstancias que rodearon a las dos Contraofensivas lanzadas por la Conducción Nacional de MONTONEROS, en manos de la "troika" Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía en 1979 y 1980, son bien conocidas; tuvieron amplia repercusión judicial y mediática con la Causa instruida por el juez Claudio Bonadio, e incluso una serie televisiva se ocupó de ellas en 2007.

Básicamente, se trató de una operación diseñada para librarse de sus opositores y quedarse con los cincuenta millones de dólares depositados en Cuba, sobrantes de los ochenta que se llevaron del país en su bochornosa huida de 1976. Ante la evidencia de que la Guerra Popular estaba definitivamente perdida, los comandantes comenzaron a planificar su futuro. Al menos uno a corto plazo, en el que apostaban por una superación "nacional-popular" de El Proceso neoliberal-videlista, liderada por un Massera que les ofrecía cuotas de poder en su proyectado Partido para la Democracia Social y en su diario Convicción que se fundaría en agosto de 1978. A cambio, Massera pedía que le organizaran el PDS y no operaran durante el Mundial de Fútbol de 1978 cuya organización había sido encomendada a la Armada.
A pesar de ese proyectado pacto político que Massera ofreció a Firmenich en un encuentro celebrado en París, los montoneros operaron en el Mundial y atacaron con lanzagranadas el edificio de la ESMA. No obstante, durante la contraofensiva de 1979, sus combatientes entraron en Argentina con pasaportes falsos, facilitados por la Inteligencia naval y operaron contra objetivos funcionales a los planes políticos de Massera.

Los contactos entre Massera y MONTONEROS venían de lejos; "desde los últimos meses del gobierno de Isabel Perón"; precisó el montonero Jorge Falcone en su artículo "Montoneros, hijos del 55".

Además, Falcone recordó que esas relaciones fueron reconocidas por el jefe de la Inteligencia montonera, Rodolfo Walsh, en su famoso documento dirigido a la Conducción Nacional el 2 de enero de 1977, "Aporte a una hipótesis de Resistencia".
En un apartado dedicado a proponer que MONTONEROS ofreciera públicamente al gobierno de las FFAA una paz negociada, Walsh sugería algunos argumentos que podrían citarse como ejemplos de la sincera vocación de paz mantenida siempre por la organización, si "el enemigo ignoraba o rechazaba el ofrecimiento de paz".

El punto que nos interesa dice textualmente:

"Reiteradamente Montoneros ha ofrecido la paz a las FFAA como lo demuestran el Operativo Dorrego, las relaciones sostenidas con los generales Carcagno, Anaya y Dalla Tea, las conversaciones con el Almirante Massera, y las negociaciones con el General Harguindeguy tras la detención de Roberto Quieto" (números dos de la Conducción Nacional)

En resumidas cuentas: Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdía contemplaron la posibilidad de una alianza política con el Almirante Emilio Eduardo Massera, que para entonces ya había ejecutado a 4.000 montoneros. Simples soldados o "perejiles" que ignoraban la estructura profunda de su organización; porque los y las "oficiales", en cuanto llegaban a la ESMA se convertían en prolíficos delatores, interrogaban a los prisioneros junto con los marinos y confeccionaban diariamente "resúmenes políticos" de la prensa para Massera. Algunos incluso, terminaron ingresando en la Armada y en la SIDE; y algunas se convirtieron en amantes de sus captores, y hasta en sus esposas.


Reunión de la Conducción Nacional de Montoneros en La Habana. Fueron allí para participar en Festival Mundial de la Juventud inaugurado el 10 de agosto de 1978. En esta reunión se concedieron condecoraciones a oficiales que participaron en atentados durante el Mundial de Fútbol en Buenos Aires, y se acordó iniciar la Primera Contraofensiva. Horacio Mendizabal fue capturado y ejecutado en 1979. Raúl Clemente Yaguer murió en Córdoba en 1983 resistiendo captura. Horacio Campiglia fue capturado y ejecutado en 1980.
Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja les desearon mucha suerte y regresaron a su dorado exilio itinerante entre Roma y Madrid. Actualmente Firmenich reside en Barcelona como un respetable profesor universitario; Perdía en Buenos Aires dedicado a la abogacía y a la política; Vaca Narvaja en Bariloche como Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Río Negro.

Para más fotografías de esta reunión y declaración de la Primera Contraofensiva: "Evita Montonera", Nº 23, Enero 1979, páginas 13 a 18.


Con la Primera Contraofensiva, 1979 sería el último año en que los restos del Ejército Montonero operaría en Argentina tras ser arrasado en el país por la Inteligencia militar, y en el exterior por una feroz lucha entre facciones, que culminó con la petición de un Juicio Revolucionario a Juan Gelman, Rodolfo Galimberti y otros 'cuadros' importantes, por oponerse a la Contraofensiva y hacer pública la reunión de Firmenich con Massera. También, por el eficaz trabajo desestabilizador llevado a cabo por los prisioneros montoneros "doblados" en la ESMA que la Armada envió a Madrid, París y México para infiltrarse entre los exiliados: Pilar Calveiro, Graciela Daleo, Sara Solars de Osatinsky, Martín Grass o Juan Alberto Gasparini, entre otros muchos, que hoy son bien pagados activistas por los Derechos Humanos y miembros o satélites del gobierno Kirchner.

A mediados de 1979, terroristas de la Columna 34º de las TEI (Tropas Especiales de Infantería), entraron al país con los mencionados pasaportes falsos proporcionados por la Armada. Estos oficiales, junto con montoneros "doblados" o "recuperados" en la ESMA, operaban en el Centro Piloto de París: una oficina de Prensa y Relaciones Públicas dedicada a promocionar en Europa al Almirante "socialdemócrata" que proponía convocar elecciones y criticaba las "desapariciones" de las que hacía únicos responsables al Ejército y a la Fuerza Aérea.

A continuación, se relatan someramente los tres atentados llevados a cabo por las TEI entre septiembre y noviembre de 1979. Todos sus miembros eran combatientes experimentados que habían operado en Argentina entre 1970 y 1976; en la guerra del Líbano gracias a un acuerdo con la OLP de Yassir Arafat; y en Nicaragua junto a los sandinistas con la Brigada "Gral. San Martín" al mando de Firmenich y Vaca Narvaja.

"Evita Montonera" Nº 25.
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27 de septiembre de 1979
Olivos, Provincia de Buenos Aires.
La familia integrada por Guillermo Walter Klein, su esposa, y cuatro hijos con edades comprendidas entre 6 y 13 años, estaba desayunando en su chalet de la calle Catamarca 2740 del residencial barrio de Olivos. En el exterior, dos efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires custodiaban la vivienda, pues el abogado Klein era Secretario de Programación del Ministerio de Economía. Un cargo técnico, no político, pero el objetivo de la Conducción Nacional montonera, y de Massera, era el equipo económico videlista, dirigido por el Ministro Martínez de Hoz.

Fue entonces cuando irrumpió en la casa un comando de las TEI vestidos con falsos uniformes policiales de fajina, que entabló un intenso tiroteo con los policías, Cabo Hugo José Cardacci y Agente Julio César Moreno, que se refugiaron en la cochera. Estaba previsto que la operación contra el Sr. Klein fuera simultánea a otra contra el Secretario de Estado de Hacienda, Juan Alemann, que no pudieron efectuar ese día. Alemann desempeñaba funciones técnicas, como Klein, pero ambos fueron elegidos como blancosporque al ser cargos oficiales de segundo nivel tenían una ínfima custodia policial; la de Alemann se limitaba a un Agente.

Una vez en el interior, el comando dirigido por el oficial superior Raúl Clemente Yaguer, colocó 15 kilos de explosivo plástico C.2 y huyó tras dejar en libertad al personal doméstico.

Unos segundos después se produjo la explosión, ocasionando el derrumbe total de las dos plantas. La madre y tres de los hijos se salvaron milagrosamente debido a que unas vigas crearon una especie de cubículo sobre ellas. El Sr. Klein y su hija Marina, de 13 años, corrieron peor suerte pues fueron sepultados por la bóveda del techo, a pesar de lo cual, después de ocho horas, los bomberos (en una tarea televisada seguida por un país estupefacto ante semejante horror) pudieron rescatarlos sin heridas de especial gravedad. Los dos policías, también sepultados, murieron por asfixia.



Un año antes, MONTONEROS había volado la casa del almirante Lambruschini, matando a su hija Paula de 15 años. Y tal vez ya nadie recordara mientras veía esas imágenes, que en 1960 otros terroristas peronistas, los Uturuncos, volaron otra casa, también con un matrimonio y sus cuatro hijos dentro, matando a Guillermina Cabrera de 3 años. Notable pasión exterminadora de niños, esta de los valientes jóvenes idealistas. Tampoco dudó el ERP en volarles la cabeza con un escopetazo a quemarropa a las hermanitas Viola, de 3 y 5 años, en 1974; ni la montonera Estela Inés Oesterheld en descargar su "metra", en 1977, sobre Juancito Barrios, también con esa fatídica edad de 3 años que el azar se empecinaba en repetir.

Afortunadamente, muy pocos días después, el pueblo argentino pudo librarse de aquellas bestias asesinas, que no dudaron en enterrar vivos a seis inocentes tras atarles prolijamente manos y pies, cuando cayeron bajo las balas policiales al resistir la captura. El sanguinario Yaguer, responsable de decenas de asesinatos, incluida la carnicería de once militares desarmados, entre ellos nueve soldados conscriptos, en el ataque diseñado por él y Walsh al Regimiento de Infantería 29º de Formosa, el 5 de octubre de 1975, correría igual suerte en 1983 al intentar eludir a balazos un control policial en Córdoba. Conviene recordar que a cinco de los soldados, los "heroicos combatientes populares" los ametrallaron mientras dormían, y a los cuatro restantes los despedazaron con granadas cuando se duchaban.
Ver:
http://termidorianos.blogspot.com.es/2010/10/montoneros-reg-29-infanteria-de-monte.html


María Klein, 12 años, niña argentina sin derechos humanos

Aunque el cadáver de Yaguer fue entregado a su familia y no figura en el listado de la Conadep, es honrado en el Parque de la Memoria dedicado a... "detenidos-desaparecidos", inaugurado en 2007 por Nestor Kirchner. Su familia fue indemnizada con 224.000 Dólares
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También tenían previsto asesinar al Sr. Juan Alemann ese mismo día, pero éste, al enterarse por la radio del atentado contra la familia Klein, cambió la ruta que seguía habitualmente y se dirigió al domicilio de su colega.

Sin embargo, los montoneros siguieron controlándole, y el 7 de noviembre un pelotón de las TEI acorraló su automóvil blindado en la esquina de las calles Zabala y Obligado (barrio de Belgrano), y desató una enorme potencia de fuego mediante unos cien disparos de FAL y una granada Energa que sólo destruyó el radiador del auto. El Sr. Alemann tuvo tiempo de arrojarse al suelo y resultó ileso. El policía de custodia, de apellido Miño, recibió dos balazos (en la cara y en el hombro), y su chofer (Candellini) sufrió algunos cortes por los cristales rotos.


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El tercer y último atentado de la Contraofensiva se produjo seis días después, el 13.11.1979, en la avenida Cerrito, entre Santa Fe y Arenales, cuando un comando de las TEI ametralló el automóvil del empresario Francisco Soldati, y a continuación, arrojo dentro una granada de fósforo causándole la muerte en el acto. También murió su custodio, Ricardo Durán, Cabo 1º de la Policía Federal.

Minutos después, se produjo un tiroteo con un patrullero de la Policía Federal y la explosión de una poderosa bomba que los terroristas transportaban en una camioneta, a consecuencia de lo cual, tres montoneros murieron y dos resultaron heridos. La posterior investigación determinó la identidad de los terroristas muertos: Enrique Horacio Firelli, a quien su padre había denunciado como "desaparecido" en 1976; Remigio Elpidio González, que tras ser "doblado" en la ESMA, en 1978 había sido liberado y autorizado a salir del país; y María Selmira Videla, que había sido detenida y condenada por la Cámara Federal en 1972, pero seguía asesinando gracias a la Amnistía firmada por Cámpora y Righi en 1973.

El mencionado Remigio Elpidio González, es honrado en el Muro del Parque de la Memoria inaugurado en 2007 por el presidente Néstor Kirchner. A pesar de haber muerto por la explosión, la Web del Parque le incluye entre los "desaparecidos o asesinados por el terrorismo de Estado", y su familia fue indemnizada por el gobierno Kirchner con 224.000 dólares.

¿Beirut, Madrid, Bagdad? Buenos Aires, Avda. 9 de julio y Santa Fe. Ametralladoras, explosivos, granadas antitanque, muertos, heridos, decenas de peatones cuerpo a tierra... la Argentina de los setenta



En febrero de 1980, la troika montonera envió a Argentina trece combatientes para la Segunda Contraofensiva; todos ellos disidentes con la Conducción Nacional y críticos con los resultados de la Primera. Como ya mencionamos, fueron delatados al Ejército Argentino que los capturó y ejecutó entre marzo y agosto de ese año.

Esos 13 combatientes, y siete colaboradores, fueron:

Ángel Carvajal
Julio César Genoud
Lía Mariana Guangiroli de Genoud
Eduardo Escabosa
Verónica Cabilla
Mónica Susana Pinus de Binstock
Liliana Goldenberg
Lorenzo Viñas
Jorge Adur, capellán del Ejército Montonero
Ernesto Emilio Manuel Ferré Cardoso
Jorge Gullo
Julio Suárez, ex Ministro de Gobierno de San Luis
José Dalmaso López
Ángel Horacio García Pérez
Ricardo Marcos Zucker
Elina Libenson
Míriam Frerchis
Raúl Milberg
Jorge Benítez Rey
Ángel Servando Benítez

Para una investigación exhaustiva sobre la relación Montoneros-Massera recomendamos Montoneros.Soldados de Massera de Carlos A. Manfroni. Editorial Sudamericana.

También:

"Lo que sabía el 601" (Batallón del Inteligencia del Ejército)
Miguel Bonasso, Página 12, 25.08.2002

"Soldados de Perón"
Richard Gillespie, Editorial Grijalbo, pp. 317 a 327

Para una investigación de Termidorianos sobre los montoneros prisioneros en la ESMA que se convirtieron en una "fuerza propia" de Massera a cambio de sus vidas, sugerimos la lectura de este Post.
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