lunes, 4 de abril de 2011

PERÓN - 1974: "Con la Ley o fuera de la Ley"

El presidente Perón tras el ataque del ERP a la guarnición de Azul el domingo 20 de enero de 1974 en el que fueron asesinados el coronel Gay y su esposa, y secuestrado el teniente coronel Argibay. Impresionante retrato de quien ya ha decidido exterminar a la izquierda terrorista.



Transcripción del encuentro celebrado en la residencia presidencial de Olivos, dos días después, el martes 22, entre el general Perón y los diputados de la Juventud Peronista (MONTONEROS) Rodolfo Vittar, Roberto Vidaña, Anibal Iturrieta, Armando Croatto, Carlos Kunkel, Santiago Díaz Ortiz, Diego Muniz Barreto, Jorge Glellel y Julio Mera Figueroa.

Para dar mayor relevancia institucional a ese encuentro, Perón dispuso que fuera retransmitido por Radio y TV a toda la nación; y que le acompañaran varios de sus ministros y los presidentes del Senado y Cámara de Diputados.



El texto, del que hemos eliminado varios párrafos referidos a cuestiones de procedimientos técnico-parlamentarios para centrarnos en lo fundamental (su contenido político), fue reproducido por el diario Noticias, financiado por MONTONEROS con los millones de dólares obtenidos mediante secuestros. De todas maneras, hemos respetado algunos párrafos iniciales para fijar el contexto de la reunión.

No pudiendo sustraernos a la enorme trascendencia histórica de un encuentro en el que Perón expuso los fundamentos de la futura doctrina contraterrorista del Estado, hemos destacado en negrita las frases que consideramos esenciales.

Ya a las 21:30 del domingo 20 en un Mensaje a la Nación; y el lunes 21 en Radiograma G-6777 132/74 enviado a la Guarnición de Azul, había llamado abiertamente a "aniquilar el terrorismo criminal... exterminarlos uno a uno para el bien de la República".
_ _ _ _

Perón
Muy bien, señores, ustedes pidieron hablar conmigo. Los escucho. ¿De qué se trata?

Diputado Vittar
Señor General: nosotros queríamos hablar con usted antes de hacerle entrega de un comunicado que hemos sacado repudiando el atentado de Azul. Queremos señalarle nuestros conceptos con respecto a la modificación del Código Penal. La nuestra no es una postura en contra de dicha modificación. Tenemos algunas dudas con respecto a la misma. Estamos de acuerdo en la necesidad de que nuestro Gobierno popular tenga realmente un aparato de seguridad y una legislación de seguridad del Estado popular (sic) pero vemos que algunos de los considerandos no tienen mucha claridad en torno a pautas técnicas legales y políticas. Nosotros aplicamos objeciones a uno o dos artículos y queremos escucharlo a usted, señor General. Por eso le hemos pedido esta entrevista.

Perón
Por lo que veo se trata de un problema interno del bloque. Ahora, es indudable que en los grupos colegiados existe una norma ante la cual funciona y fuera de la cual no debe funcionar. Los grupos colegiados tienen su discusión interna; el concepto de la tarea misma legislativa lo impone, por eso existen los bloques. ¿Cuál debe ser la norma dentro de los bloques? Eso no se discute.

Diputado
En realidad nosotros planteamos la necesidad de una discusión de este tema en concreto, es decir, de la modificación del Código Penal, no sólo en una discusión dentro del bloque, sino también en cuanto a una discusión de todos sus aspectos ante funcionarios del Poder Ejecutivo.

Perón
Yo tengo entendido que hasta han concurrido ministros al bloque para tratar este asunto, y que se ha votado.

El Sr. Pedrini (personaje no identificado. Posiblemente, miembro del bloque de diputados peronistas) interviene para explicarle al general: "En el bloque no se pueden votar de ninguna manera los proyectos del Poder Ejecutivo. Lo que se votó fue la conveniencia o no de que comparecieran en el bloque los tres ministros, esto es, de Justicia, de Interior y de Defensa. Los compañeros de la juventud tienen problemas en dos artículos de la ley, que son Asociación Ilícita y Configuración del Delito".

Perón
Pero si no cometió el delito... en una emboscada de esta naturaleza, asesinando a personas que están tranquilas y en paz. Ahora bien, si esto no implica la necesidad de ser enérgicos a través de la ley, no estaremos jamás respetando la ley desde que la pedimos. El Poder Ejecutivo pide esta ley porque la necesita. Hay treinta asaltos que justificarían una ley dura; sin embargo hasta ahora hemos sido pacientes, pero ya no se puede seguir adelante, porque de lo contrario la debilidad nuestra será la que produzca la propia desgracia del país, que es lo que queremos evitar.
Ahora bien, hablando con toda franqueza, indudablemente no le veo razón a ninguno de los argumentos que vienen exponiéndome para la defensa de la ley. Eso será por la tarea de discutir y buscar triquiñuelas a las cosas. No; aquí hay un fin, el medio es otra cosa.

Diputado
Pero la asociación ilícita podría venir por el solo hecho de estar agrupado en una asociación que no esté legalmente reconocida. Como puede suceder con una agrupación que recién se integra en un sindicato o en una agrupación de base política...

Perón
¿Pero, dónde está el delito?... Por otra parte, esa es la tarea del juez y no de la ley, porque asociación ilícita puede haber en todas las gamas de la delincuencia. Nosotros no podemos hacer de jueces. El delito lo configura el juez. Todo aquel que se asocie con fines ilícitos configura el delito. Ahora, quien debe determinar si el fin es lícito o ilícito es el juez. Por otra parte, no es el objeto mío conversar sobre estas cosas, porque no corresponden a mí. Toda esta discusión debe hacerse en el bloque. Y cuando el mismo decida por votación lo que fuere, ésta debe ser palabra santa para todos las que forman parte de él; de lo contrario, se van del bloque. Esa es la solución.
En esto se debe actuar de la misma manera que actuamos en el orden político. Nadie está obligado a permanecer en una fracción política. El que no está contento, se va. En este sentido, nosotros no vamos a poner el menor inconveniente. Quien esté en otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse.
Pero en ese caso (el disconforme) representa ni más ni menos que al Movimiento. Lo que no es lícito, diría, es estar defendiendo otras causas y usar la camiseta peronista.

En este momento, con lo que acabamos de ver, (ERP: Azul) en que una banda de asaltantes que invoca cuestiones ideológicas o políticas para cometer un crimen, ¿ahí nosotros vamos a pensar que eso lo justifica? ¡No!; un crimen es un crimen cualquiera sea el móvil que lo provoca, y el delito es delito cualquiera sea el pensamiento, o sentimiento, o la pasión que impulse al criminal. Siempre que hay voluntad criminal es un delito y eso lo tiene que penar la ley, no nosotros.
Recurrimos a esto porque estamos en un momento crítico para el país; cuando vemos que estos señores en la mayor impunidad y porque no hay con qué sancionarlo, se largan al ataque.

Nosotros estamos en la necesidad de contar con una legislación fuerte para parar lo que se está produciendo, que es también fuerte; y a grandes males no hay sino grandes remedios, que es lo que nosotros necesitamos. En este momento se está asaltando (cuarteles) en nombre de no sé qué cosa. Si hasta han tomado ciudadanos (secuestros y rehenes); ya los ciudadanos no tienen la seguridad que el Estado tiene la obligación de dar, porque no hay sanción en las leyes para este tipo de delitos, que son nuevos. ¿Cómo es posible que todos los hombres que tengan armas estén amenazados de ser tomados por bandas de delincuentes que se dicen de una tendencia o de otra? No interesa la "tendencia", interesa el delito que cometen. No sé, yo no veo otra solución para estas cosas.

Diputado
Yo quiero ratificar nuestra decisión, que es una decisión no sólo ética, moral y muy sentida, sino también en el plano político que es la de permanecer y contribuir en la medida de nuestras posibilidades a la tarea común del peronismo, por una simple razón: porque somos peronistas y no otra cosa. Planteamos también, señor General, una cuestión de orden político. Es una apreciación que es válida en la medida en que usted la admita, y deja de ser válida en la medida que usted tenga otra apreciación.

Perón
¿En qué consiste esa apreciación?

Diputado
Nosotros pensamos, que partiendo de un principio que usted ha manifestado en numerosas oportunidades, y al cual le otorgamos la máxima razón y sabiduría, sostenemos que la violencia es la que se ejerce no solamente a través de los grupos minoritarios de ultra derecha o de ultra izquierda. Son episodios elaborados; no son productos de una generación espontánea, sino productos de una generación que está, de alguna manera, sumergiéndonos a todos en la violencia.

Perón
Entonces, ¿cómo usted evitaría eso?

Diputado
Le voy a contestar con sus palabras: nosotros pensamos eso, que hemos desterrado las estructuras violentas que hacen que esa violencia de abajo sea generada por la violencia de arriba.

Perón
Y a pesar de eso, la violencia continúa cada vez en mayor forma.

Diputado
Sí señor, y ahí se aplica con toda celeridad y con toda decisión el poder represivo del Estado popular.

Perón
¿Y le parece que hemos esperado poco, con todo lo que ha pasado en estos siete meses de gobierno popular y plebiscitario, donde todos esos señores de las organizaciones terroristas se largan a la calle, culminando en este episodio, atacando a un regimiento?

Diputado
¿Me permite, señor Presidente? Precisamente...

Perón
¿Es decir, que somos nosotros los que provocamos la violencia?

Diputado
Consideramos, señor General, lo siguiente sobre este tema: que los lamentables acontecimientos de Azul, a nuestro juicio y a nuestro modesto entender, indican, precisamente, una decisión de estos grupos minoritarios, totalmente ausentes de lo que es un sentimiento nacional y de lo que es la comprensión de la necesidad de unidad del pueblo argentino, en un proceso de reconstrucción. Entendemos que, precisamente, la intención de estos sectores es especular con un clima de violencia, en crear una actitud del Estado, que estos sectores califican arbitrariamente de represiva y es, precisamente, el caldo de cultivo político en el cual se desarrolla su planteo político. Hemos conocido durante años, a través de un enfrentamiento de la dictadura, cuál es la política del ERP, el autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo. Sabemos que su política crece y se desarrolla en un ambiente de violencia.

Perón
¡No! Está totalmente equivocado. Yo a eso lo he conocido "naranjo", cuando se gestó ese Movimiento, que no es argentino. Ese Movimiento (Cuarta Internacional - trotkista) se dirige desde Francia, precisamente, desde París, y la persona que lo gobierna se llama "Posadas", de seudónimo. El nombre verdadero es italiano (Homero Rómulo Cristali Frasnelli, nacido en Buenos Aires, 1912). Los he conocido "naranjo", como dice el cuento del cura. Sé qué persiguen y lo que buscan. De manera que en ese sentido a mí no me van a engañar, porque, como les digo, los conozco profundamente.
He hablado con muchísimos de ellos en la época en que nosotros también estábamos en la delincuencia, diremos así. Pero jamás he pensado que esa gente podría estar aliada con nosotros, por los fines que persigue.
Ustedes ven que lo que se produce aquí, se produce en todas partes. Está en Alemania, en Francia. En este momento, Francia tiene un problema gravísimo de ese orden. Y ellos lo dejaron funcionar allí; no tuvieron la represión suficiente. En estos momentos, el gobierno francés está por tomar medidas drásticas y violentas para reprimir eso que ellos mismos dejaron funcionar. Ya lo he dicho más de veinte veces, que la cabeza de este movimiento está en París.
Eso ustedes no lo van a parar de ninguna manera, porque es un movimiento organizado en todo el mundo. Está en todas partes: en Uruguay, en Bolivia, en Chile, con distintos nombres. Y ellos son los culpables de lo que le ha pasado a Allende. Son ellos y están aquí en la República Argentina, también. Están en Francia, en España, en una palabra, están en todos los países. Porque esta es una Cuarta Internacional, que se fundó con una finalidad totalmente diferente a la Tercera Internacional, que fue comunista, pero comunista ortodoxa. Aquí no hay nada de comunismo; es un movimiento marxista deformado, que pretende, imponerse en todas partes por la lucha.

A la lucha -y yo soy técnico en eso- no hay nada que hacerle, más que imponerle y enfrentarle con la lucha. Y no atarse las manos frente a esa fuerza; y especialmente, no atarse las manos suprimiendo la ley que lo puede sancionar. Porque nosotros, desgraciadamente, tenemos que actuar dentro de la ley, porque si en este momento no tuviéramos que actuar dentro de la ley ya lo habríamos terminado en una semana.

Para nosotros es un problema bien claro. Queremos seguir actuando dentro de la ley y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males. Dentro de eso, tenemos que considerar si nosotros podemos resolver el problema. Si no contamos con la ley, entonces tendremos también nosotros que salirnos de la ley y sancionar en forma directa como hacen ellos

¿Y nos vamos a dejar matar? Lo mataron al secretario general de la Confederación General del Trabajo (Ignacio Rucci, ejecutado por Montoneros, como bien sabía Perón), están asesinando alevosamente, y nosotros con los brazos cruzados porque no tenemos ley para reprimirlos. ¿No ven que eso es angelical?

El fin es la sustentación del Estado y de la Nación; está en que tengamos los medios para defendernos. Si nosotros todavía nos limitamos nuestros propios medios de defensa, estamos entregándonos a estas fuerzas, que, como he dicho, las conozco profundamente y sé cómo actúan.

Ahora bien; si nosotros no tenemos en cuenta a la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato, que es lo que hacen ellos. No actúan dentro de la ley. De esa manera, vamos a la ley de la selva y dentro de la ley de la selva, tendría que permitir que todos los argentinos portaran armas a la vista. Pero, ¿qué es lo que está ocurriendo? Que los delincuentes están todos armados, mientras que las personas decentes no pueden llevar armas y están indefensas en manos de estos señores. ¿Y todavía nosotros vamos a pensar si sancionamos o no la ley? ¡Vamos! Necesitamos esa ley porque la República está indefensa frente a ellos. Ese es para nosotros el fundamento de todo eso. Con toda claridad afirmo que no queremos la violencia.

Desde hace siete meses estamos diciendo que queremos la paz, y estos señores, en siete meses, no se han dado cuenta que están fuera de lugar, porque no se han dado cuenta que están perturbando lo que ellos dicen que sostienen, que es mentira. La mitad son mercenarios, los conozco, los he visto actuar y por el sólo hecho de que estén mandados de afuera, tienen intereses distintos a los nuestros. Los nuestros no se defienden desde París, se defienden desde Buenos Aires. Para mí, eso es lo que yo veo con toda claridad. Ahora, la decisión es muy simple: hemos pedido esta ley al Congreso para que éste nos dé el derecho de sancionar fuerte a esta clase de delincuentes.

Si no tenemos la ley, el camino será otro; y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios posibles para aplastarla, y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes.
Estamos afrontando una responsabilidad que nos ha dado plebiscitariamente el pueblo argentino. Nosotros no somos dictadores de golpes de Estado. No nos han pegado con saliva.

Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda

Tenemos la seguridad de que la mayoría absoluta del pueblo nos acompaña, y cuando un Movimiento está apoyado por el pueblo no hay fuerza que se le pueda oponer. De eso estoy totalmente convencido.

En cuanto al problema en sí, es un problema de ustedes y del bloque, y lo tienen que resolver con él y no conmigo.
Tenemos un Movimiento y éste lo maneja el Consejo Superior. Reitero que el problema es de ustedes y del bloque, y yo no puedo interferir con mis ideas; éstas, por otra parte, las acabo de exponer, así como también lo he hecho en cuanto a las necesidades del Estado. Ahora, ustedes pueden resolver lo que quieran. Esa es una cuestión individual en la cual yo no me he metido ni me meto.

Diputado
Nosotros, un poco como soldados del Movimiento y de usted que es el conductor de ese gran Movimiento nacional en la Argentina, le queremos señalar que nuestra entrevista la hicimos en carácter de militantes peronistas. Era fundamental escucharle a usted acerca de lo que realmente pensaba en torno a ese problema, el cual nosotros no cuestionamos globalmente sino en algunos de sus aspectos. Lo que queremos es señalarle y ratificarle, con toda la fuerza que tenemos, que estamos totalmente junto a usted como integrantes del Movimiento Peronista y junto al pueblo. En ese sentido, somos disciplinados en nuestro Movimiento. Fuimos, somos y seremos disciplinados, hasta la muerte. Queremos agradecerle con todo corazón esta entrevista, y estamos muy contentos de estar con usted, de verlo y de escucharlo. Ese ha sido uno de los objetivos que tuvimos para venir a verlo.

Perón
Muy bien, muchas gracias.
_ _ _ _

Dos días después, los diputados montoneros renunciaron a sus Actas, y el Consejo Superior Justicialista los expulsó del Movimiento. También fue obligado a renunciar el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain, por su conocida vinculación con MONTONEROS: su secretaria privada era nada menos que Norma Arrostito; una de las fundadoras, miembro de su Conducción Nacional, e integrante del comando que secuestró y luego asesinó al general Aramburu.



De esta manera, la izquierda peronista sólo quedó representada en el Congreso por Rodolfo Ortega Peña, quien más tarde sería ejecutado por la Triple A.

El 1º de mayo, se produciría la célebre y espectacular ruptura entre la organización terrorista MONTONEROS y el general Perón en la Plaza de Mayo.

Juan Domingo Perón falleció el 1 de julio de ese año 1974.



Ir a Página Principal para ver las últimas Entradas

sábado, 19 de marzo de 2011

Silencios y Mentiras del diccionario K

Cristina Fernández de Kirchner. Inauguración Parque de la Memoria



24 de marzo de 1976, Golpe de Estado, Dictadura militar...

Golpe y Dictadura ¡cívico-militar! pues fue reclamado a los militares por todos los partidos políticos, y por la Confederación General del Trabajo y las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas. Asimismo, dado el desarrollo paramilitar alcanzado en 1975 por el terrorismo marxista en su guerra revolucionaria (Tucumán, Formosa, Monte Chingolo), y el vacío de poder inherente al esperpéntico gobierno de María Estela Martínez de Perón, la intervención militar fue recibida con alivio por todas las asociaciones de empresarios y profesionales, la Iglesia Católica, la prensa, y hasta por el Partido Comunista que propuso al general Videla formar un gobierno cívico-militar. También por intelectuales de izquierda como Sábato, que almorzó con Borges y el general en la Casa Rosada en fecha tan temprana como mayo del 76; y en 1978 declaró que "la inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder".
http://termidorianos.blogspot.com/2010/03/los-mitos-del-24-de-marzo.html

Represores

¡Por supuesto… faltaba más! Hubiera sido inconcebible que el Estado y sus Fuerzas Armadas no reaccionaran ante aquella situación, cortando de raíz lo que ya era una incipiente guerra civil orientada a la toma del poder para implantar una República Socialista.

Secuestro y asesinato, opositores políticos, luchadores populares...

En absoluto. La represión no se dirigió contra "ciudadanos que a partir del golpe se opusieron a la dictadura militar y a sus políticas neoliberales", como intoxican las ONG's de derechos humanos dirigidas por antiguos terroristas; sino contra el terrorismo marxista decidido a destruir violentamente la tradicional estructura económica, social y política de la nación.

Y no hubo 'secuestros y asesinatos', sino capturas y ejecuciones de terroristas; en el marco de la contraofensiva del Estado iniciada el 6 de octubre de 1975 por orden de un gobierno constitucional, mediante el Decreto Ley 2772 que ordenó a las FF.AA. "aniquilar la subversión". Es decir, fueron operaciones legales (antes y después del 24 de marzo de 1976), contra miembros de fuerzas insurgentes encuadrados en rangos que iban de sargento a comandante en el ERP, y de subteniente a comandante en el Montonero. Y en sus Partidos, de colaborador a miliciano y de colaborador a oficial superior, respectivamente.

Centros clandestinos de detención

Clandestinos, secretos… ¡obviamente! Como no podía ser de otra manera, tratándose de operaciones que debían ser tan clandestinas como las del enemigo. Constituye el colmo de la estupidez, imaginar que éste pudiera conocer la ubicación de tales centros para asaltarlos, liberar a los suyos y asesinar a sus guardianes. Por otra parte, no eran centros de detención, sino de interrogatorios a cargo de oficiales de Inteligencia que procesaban la información obtenida y planificaban nuevas capturas. En una guerra no se 'detiene' a los enemigos, se los captura.

Torturadores

"La tortura es una anécdota. Cualquiera es capaz de torturar en una situación extrema. Si ellos hubieran peleado con el Código (Penal) bajo el brazo, perdían la guerra".

Rodolfo Galimberti.
Capitán del Ejército Montonero. Jefe de la Columna Norte - Buenos Aires

Sería difícil resumir mejor la guerra contrarrevolucionaria argentina. En efecto, desde el punto de vista histórico-militar, torturar al enemigo para obtener información es anecdótico en tanto que inevitable; un elemento más en el catálogo de horrores de toda guerra. Y tratándose de una guerra contra organizaciones subversivas que aterrorizan, secuestran y asesinan a la población civil; poder capturar en pocas horas a otros terroristas para evitar más muertes de inocentes y localizar armas y explosivos legitima el uso de cualquier procedimiento. Así son las guerras: todo o nada; aniquilación total de la fuerza enemiga en el menor tiempo posible y con el menor número de bajas propias.

Repudiar su práctica desde una 'bella conciencia' civil, y en tiempos de paz, sólo puede deberse a la ignorancia de la historia universal o a una hipocresía destinada a tapar silencios cómplices y malas conciencias.

La mala conciencia de la izquierda argentina que nunca condenó el terrorismo de Estado y su uso sistemático de la tortura en las dictaduras comunistas. Con la particularidad de que esos regímenes reprimían, y lo siguen haciendo (Cuba-China) a civiles que reclamaban libertad y democracia; mientras que durante la guerra revolucionaria argentina las fuerzas armadas y policiales se enfrentaron a terroristas alzados en armas contra el Estado (bajo gobiernos dictatoriales y constitucionales) encuadrados en bandas con estructura y armamento paramilitar, y con el objetivo de tomar el poder para implantar su totalitaria Patria Socialista.

Por otra parte, los casos probados de tortura fueron muy pocos, y los testimonios de terroristas sobrevivientes carecen, por razones obvias, de toda credibilidad. En cuanto a las organizaciones de Derechos Humanos, todas ellas fundadas por antiguos terroristas y subvencionadas por los gobiernos Kirchner, silencian que las bandas marxistas torturaban a sus prisioneros en las 'cárceles del pueblo'. Quien lo dude, sólo tiene que leer el informe de la autopsia hecha al coronel Del Valle Larrabure, salvajemente torturado durante 372 días y finalmente estrangulado, por los 'jóvenes idealistas' del ERP.

Campos de concentración y exterminio

Con esta metáfora se pretende homologar los CCD con los campos de exterminio nazis. Pilar Calveiro, terrorista montonera colaboradora del Servicio de Información Naval que la liberó de la ESMA y le compró un billete para Madrid, luego escribió un librito -con prólogo de Juan Gelman- desde una metáfora Auschwitz que se plasmó en esas insólitas y delictivas apologías del terrorismo contra el Estado que son el Museo de la ESMA y el Parque de la Memoria. Únicas justificaciones estatales al terrorismo marxista existentes en el mundo, co-financiadas por el Poder Ejecutivo e inauguradas por el presidente Néstor Kirchner.

La metáfora de Lagers y de una Nacht und Nebel argentina es sencillamente fantástica. No hubo 'campos', ni de concentración ni de exterminio.

Patotas

Otra metáfora, destinada a criminalizar las instituciones militares y policiales llamándolas 'asociaciones ilícitas'. Los efectivos de los Grupos de Tareas no eran ni matones ni sicarios, sino funcionarios del Estado. Que encuadraran a unos pocos civiles ultraderechistas no desmiente lo anterior.

Desaparecidos

La desaparición de los cadáveres de los terroristas ejecutados constituía la última fase del programa operativo, y por lo tanto, formaba parte de su secretismo y ocultación general. Esta palabra fue acuñada por la izquierda para combinarla con la de 'opositores políticos'.

Genocidio

Slogan vinculado a la metáfora-Auschwitz. Obviamente no existió tal cosa, pues genocidio significa exterminar etnias raciales, religiosas y culturales. También toda una clase social: revoluciones francesa, rusa y china. O los bombardeos de ciudades por parte de los Aliados durante la segunda guerra mundial, que en Hamburgo, Dresde, Berlín, Hiroshima y Nagasaki masacraron 300.000 civiles, más 600.000 con bombas convencionales en otras ciudades japonesas. La palabra genocidio, por lo tanto, es esencialmente aritmética, nombra exterminios en masa de civiles. Entre 1976 y 1978 inclusives (luego hubo pocos casos), y según la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia de los gobiernos izquierdistas Kirchner, en Argentina hubo 6.000 terroristas desaparecidos. La cifra corresponde a las denuncias por desaparición forzada de personas presentadas por sus familiares para obtener una indemnización de 250.000 Dólares.

Y se trata de una lista ya de por sí plagada de manipulaciones y estafas: incluye a personas asesinadas por razones políticas desde el año ¡1955! A terroristas de los 70' que murieron en combate y sus cadáveres fueron entregados a la familia (Fernando Abal Medina, Raúl Yaguer, los caídos en ataques a cuarteles del Ejército, en los montes de Tucumán, etc.), es decir, que no están 'desaparecidos'; a fusilados por traidores: Haymal, Rainier y otros; e incluso a algunos que veinticinco años después aparecieron en Israel y México. También figuraron durante años en las listas, nada menos que el fiscal general del Estado Esteban Righi, la jueza de la Corte Suprema Carmen Argibay Molina, y el juez (tres notables coincidencias profesionales) Alfredo Humberto Meade. Se ignora si cobraron la indemnización.

Como la lista oficial y definitiva de 6.000 casos dejó en ridiculo el mito de los famosos 30.000, las ONG's de derechos humanos han añadido al Muro del Parque otros 3.000 nombres de denuncias no acreditadas que sacaron de la chapucera lista confeccionada por la CONADEP en 1984; en la que se incluyeron nombres y apellidos sin número de documento de identidad, y con apodos como Bety, Cacho o la Negra. Así construye su Memoria, Verdad y Justicia la izquierda argentina. Multiplicando por cinco sus rentables muertos de 224.000 USD; y resucitándolos en las Elecciones, como los hijos de la siniestra Bonafini que después de treinta años siguen dados de alta en el Padrón Electoral.
http://termidorianos.blogspot.com/2009/12/desaparecidos-dolores-y-dolares.html

Delitos de Lesa Humanidad

Esta es la mayor estafa jurídica cometida por la izquierda filoterrorista y los dos gobiernos Kirchner. Elaborada por el antiguo abogado defensor de terroristas y actual procurador general de la Nación, Esteban Righi, el mismo que en 1973, siendo ministro del Interior del gobierno montonero presidido por Héctor Cámpora, sacó de las cárceles a 1.100 terroristas juzgados con todas las garantías procesales. El texto conocido como Estatuto de Roma, sobre el que se fundó la Corte Penal Internacional, dice en su artículo 7.2.a que deben ser calificados como de lesa humanidad (no prescriptibles) los ataques y crímenes contra la población civil cometidos por el Estado. Por lo tanto, los actuales juicios a militares y policías son de una manifiesta ilegalidad nacional e internacional.

Si las actuaciones de las fuerzas armadas y policiales del Estado en el curso de la contraofensiva hubieran sido delictivas, no podrían ser tifipicadas como crímenes de lesa humanidad, por cuanto no atacaron a la población civil, sino justamente lo contrario: a los terroristas marxistas que atacaban a la población civil desafecta: esos 209 sindicalistas, políticos, periodistas, catedráticos, empresarios, etc., asesinados por oponerse al proyecto de una República Socialista con dictadura de partido único.

El civil que ingresa en grupos armados irregulares en guerra contra las fuerzas del Estado, sea como combatiente, o utilizando como tapadera una militancia legal (sindicalismo, activismo estudiantil, etc.) pierde su condición de tal y sólo puede esperar dos cosas: morir en combate o ser ejecutado.
http://termidorianos.blogspot.com/2009/11/la-noche-de-los-lapicesmontoneros.html

Demás está decir, que la Doctrina-Righi ha sido diseñada con el objetivo de hacer efectiva la venganza de los antiguos terroristas y garantizarles su impunidad penal. Y que la 'dictadura militar' no practicó Terrorismo de Estado, sino justamente todo lo contrario: Contraterrorismo de Estado. Por otra parte, la figura 'Terrorismo de Estado' no existe ni el Código Penal argentino ni... en el Estatuto de Roma.


Los 'mantras' citados, demuestran cómo se articula la construcción de la 'memoria histórica' izquierdista. Son las armas semánticas de una guerra de propaganda destinada a confundir a la opinión pública internacional y a los niños y adolescentes argentinos. Persiguen, en definitiva, negar la Historia mediante una perversa inversión de roles; convertir a los terroristas contra el Estado en víctimas de lo que llaman Terrorismo de Estado, y en apóstoles de los derechos humanos. Ocultar que durante la década setenta del siglo XX la izquierda desencadenó una sangrienta guerra revolucionaria contra la sociedad argentina y el Estado; tal como admitió la Causa 13-84 de la Cámara Federal que juzgó y condenó a las Juntas militares que gobernaron a partir del 24 de marzo de 1976.

Jorge Fernández Zicavo

_ _ _

La histórica sentencia precisó en sus conclusiones:

"Ya ha quedado suficientemente demostrado, al punto de caracterizarlo como un hecho notorio, que ese fenómeno delictivo asoló al país desde la década de 1960, generando un temor cada vez más creciente en la población, al par que una grave preocupación en las autoridades. También está fuera de discusión que a partir de la década de 1970 el terrorismo se agudizó en forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes; por su cantidad; por su estructura militar; por su capacidad ofensiva; por su poder de fuego; por los recursos económicos con que contaban provenientes de la comisión de robos, secuestros extorsivos y variada gama de delitos económicos; por su infraestructura operativa y de comunicaciones; la organización celular que adoptaron como modo de lograr la impunidad; por el uso de la sorpresa en los atentados irracionalmente indiscriminados; la capacidad para interceptar medios masivos de comunicación; tomar dependencias policiales y asaltar unidades militares".

"En suma, se tiene por acreditado que la subversión terrorista puso una condición sin la cual los hechos que hoy son objeto de juzgamiento posiblemente no se hubieran producido".

"Además, el Tribunal también admite que esos episodios constituyeron una agresión contra la sociedad argentina y el Estado, emprendida sin derecho, y que éste debía reaccionar para evitar que su crecimiento pusiera en peligro la estabilidad de las instituciones asentadas en una filosofía cuya síntesis, imposible de mejorar, se halla expuesta en la Constitución Nacional."

"En consideración a los múltiples antecedentes acopiados en este proceso, especialmente documentación secuestrada, y a las características que asumió el fenómeno terrorista en la República Argentina, cabe concluir que dentro de los criterios clasificatorios que se vienen de expresar, éste se correspondió con el concepto de guerra revolucionaria".

http://www.derechos.org/nizkor/arg/causa13/consid6.html


viernes, 11 de marzo de 2011

11-M en Madrid : ¿Quiénes lo hicieron?



Siete años después del mayor atentado terrorista de la historia de España y de Europa (191 muertos y 1.400 heridos) los españoles siguen sin saber quienes fueron sus autores intelectuales y materiales.

La mitad de la población considera que la versión oficial resulta inverosímil, y algunos van más allá: sostienen que el atentado fue la operación central de un golpe de Estado destinado a impedir la tercera victoria electoral consecutiva del liberal-conservador Partido Popular.

Ofrecemos dos artículos del prestigioso periodista Luis del Pino, que tras siete años de investigaciones y dos libros publicados es una autoridad en la materia.

'21 preguntas sin respuesta'
Libertad Digital 10.03.2010
http://www.libertaddigital.com/nacional/seis-anos-despues-que-sabemos-del-11-m-1276386930/


'17 manipulaciones en la investigación'
Libertad Digital 11.03.2011
http://www.libertaddigital.com/nacional/las-mayores-manipulaciones-en-la-investigacion-del-11-m-1276416792 /











lunes, 7 de febrero de 2011

Las raíces setenteras del terrorismo

Sendero Luminoso

UNA TRÍADA INFERNAL
Las raíces setenteras del terrorismo

Fernando Díaz Villanueva


La de los setenta fue una de las décadas más lamentables de todo el siglo XX. Occidente terminó pagando los excesos en que había incurrido desde el final de la Guerra Mundial. Excesos de todo tipo: políticos, ideológicos, académicos y, especialmente, económicos
Fue una década de crisis en casi todo. La economía se despeñó, el dólar dejó de convertirse en oro, el paro se disparó por primera vez en cuarenta años y apareció el temido coco de la inflación.
La economía era sólo un síntoma de algo mucho más profundo. El mundo libre había dejado de creer en sí mismo. Habían pasado sólo treinta años desde el final de la Guerra Mundial. El gran vencedor de la conferencia de Potsdam y de la rendición del Missouri fue el capitalismo americano, que se tomó como modelo en el resto del mundo durante dos generaciones.

Ni siquiera la excepción soviética empañaba el éxito de los herederos de Jefferson. A mediados de los 60 el mundo era Estados Unidos. Punto. Dos tercios del PIB mundial se generaban dentro de sus fronteras, y cerca del 75% de las multinacionales eran norteamericanas. Los ejércitos americanos se paseaban por medio mundo, y los océanos eran de la US Navy, que en 1946 tenía listos para el combate unos 6.000 barcos de guerra de todos los tipos, incluidos 100 portaaviones y 700 destructores.
No ha existido en toda la historia de la humanidad un hegemón con tanto poder e influencia como el Estados Unidos de entre 1945 y 1970. La cultura yanqui era omnipresente, a través del cine y de la música popular. El planeta se reflejaba en Hollywood, Wall Street y Washington.
Semejante éxito no podía salirle gratis. A partir de finales de los 60 reapareció con extraordinaria virulencia un viejo fenómeno, el del terrorismo, aunque, por primera vez, a escala mundial y con un único enemigo.

El terrorismo de los setenta tenía un común denominador marxista y antiamericano. Podría pensarse que detrás de esa miríada de grupúsculos se escondía la URSS, obsesionada con desestabilizar Occidente. Algo de conspiración en la sombra había, pero sería demasiado simplista reducir el fenómeno a eso.

En los años setenta confluyeron tres tradiciones terroristas, a cuál más letal, equipadas con elementos marxistas y estructuralistas genuinamente parisinos y, en algunos casos, ideologemas de la nueva era que producían a granel las universidades californianas. La primera era la islámica, que hundía sus raíces en la Edad Media, en la secta religiosa de los Hashashin, o Asesinos. De ella bebieron los palestinos de la OLP. La incapacidad que mostraron los países árabes en el terreno militar para adueñarse por las malas de Israel llevó a los ulemas de las mezquitas a predicar la guerra santa contra el infiel, personificado en los judíos y, algo más lejanamente, en el hombre blanco de Norteamérica. La OLP fue la primera y mejor armada de todas las bandas terroristas de aquella época. Sirvió de modelo y de universidad para todos los contestatarios que en el mundo desarrollado (y en el subdesarrollado) se echaron al monte con el kalashnikov al hombro.
La tradición islámica enlazaba con la alemana de intelectualiza-ción de la violencia, convertida en vehículo necesario para cambiar el mundo y adaptarlo a la Idea. Fue la peor derivación práctica del romanticismo alemán después del nazismo. Nuestra ETA, por ejemplo, se adapta como un guante a esta variedad de terror, que ve en la violencia un imperativo moral.


ETA: atentado a casa-cuartel Guardia Civil. Vic, Barcelona

La vía alemana al terrorismo arraigó con singular fuerza en los países subdesarrollados, sobre todo en Hispanoamérica, convertida en meca del terrorismo bajo la forma de guerrillas supuestamente populares. Gracias a los buenos oficios de los profesores de la Sorbona, la lucha de clases se transformó de un día para otro en el conflicto Norte-Sur, donde el Norte ejercía el papel de burgués explotador y el Sur el de obrero explotado. La atracción que una teoría tan falaz ejerció sobre la juventud criolla de la época fue grandísima. El que menos asumía que era cierta, el que más se metía en una guerrilla y se ponía a pegar tiros en nombre de no se sabe bien qué imperdonable ofensa de los señores de Washington a los pobres del continente.

ERP: su séptimo y último ataque al Ejército Argentino


El terrorismo intelectualizado de raigambre alemana tuvo en Francia sus mejores propagandistas. Allí fue donde se inventó la memez esa del "Tercer Mundo". Como no podía ser de otra manera, se le ocurrió a un académico, el sociólogo Alfred Sauvy. Si antes de la Revolución Francesa había tres estados, necesariamente enfrentados, en estos días habría tres mundos, que de un modo u otro habrían de chocar. El bueno, el noble, el heroico, era el tercero, a cuya costa vivía el primero, saqueando descaradamente sus riquezas.

De París salió también lo del "Norte" y el "Sur". El Norte, intrínsecamente perverso, blanco y capitalista, expoliaba sistemáticamente al Sur, bondadoso como el buen salvaje rousseauniano, de color y comunitarista. Había que devolver al Sur lo que en justicia le correspondía. Unos, en la ONU, lo intentaron por las buenas. Otros, en la Selva Lacandona, por ejemplo, por la malas. Ser terrorista no era algo malo. Se trataba no tanto de quitarle al rico para darle al pobre como de eliminar directamente al rico para que prevaleciese una especie de justicia cósmica.

El terrorismo que desde entonces azota Occidente tiene, pues, raíces y motivaciones básicamente occidentales, fruto de la muy indigesta empanada mental de los setenta. En aquella década se dio, además, la circunstancia de que en buena parte del mundo imperaban regímenes comunistas, a los que les venía de perlas que sus enemigos tuviesen problemas en casa. Alejaban así los inquisidores ojos de los defensores de los derechos humanos de sus campos de trabajos forzados con un atractivo señuelo.
Tanto la URSS y sus satélites como la China popular fomentaron el terrorismo todo lo que pudieron. A fin de cuentas, no tenían nada que temer. Los terroristas nunca cometerían atrocidades en un país socialista, y si lo hacían no vivirían para repetir la hazaña. El otro lado del telón de acero se convirtió en campo de entrenamiento y privilegiado santuario. Un lugar cálido y acogedor, no muy diferente de lo que representan Cuba y Venezuela para ETA.

Los comunistas soviéticos, que habían practicado el terrorismo antes de la revolución, se solidarizaron con la infame soldadesca anti-imperialista. El bloque del Este entrenó y financió a multitud de bandas terroristas. La Stasi germano-oriental, por ejemplo, dio apoyo y cobertura a los asesinos de la Baader-Meinhof. Los detalles se conocieron veinte años después, cuando se abrieron los archivos de la Normannenstrasse, pero en el Oeste lo sospechaban. Tal vez por eso a sus cabecillas los suicidaron en la prisión de Stuttgart. Alemania Federal, partida en dos por una alambrada de tres metros de altura custodiada por hombres armados, no se podía permitir el lujo de ceder un palmo de terreno.


Baader-Meinhof: atentado a base de la U.S. Air Force


Estados Unidos, por el contrario, los dejó entrar hasta la cocina. Fue allí donde nació la que posiblemente sea la banda terrorista más desconcertante del siglo XX: el Ejército Simbiótico de Liberación. Se trataba de un grupo de auténticos tarados –de extrema izquierda, naturalmente–, que escogió como emblema una cobra de siete cabezas sobre fondo rojo. Los simbióticos lo juntaron todo. Tomando como base el pensamiento de Marcuse, lo enriquecieron con todas las causas perdidas que por entonces estaban de moda: la de los negros, la de los indios americanos, la de las guerrillas andinas, la de los palestinos... Hicieron poco daño porque eran tan extremadamente anormales que sus desvaríos eran un plato demasiado pesado hasta para los estudiantes más fanáticos y entregados de Berkeley. Fueron, en definitiva, el símbolo de una década perfectamente olvidable, pero cuyos efectos aún padecemos.

15.12.2010
Libertad Digital - Suplementos

miércoles, 2 de febrero de 2011

El "atrasismo" revolucionario

Horacio Vázquez-Rial


En los primeros años sesenta tuvo lugar la revolución cultural china. Sobrevino tras el fracaso de la que Mao, con su habitual creatividad para las consignas, había llamado "el gran salto adelante", pero que tuvo la forma terrible de un gran salto atrás. Fue el primer gran estallido de atrasismo en lo ideológico y en lo práctico.

El Gran Salto Adelante había sido, en los años cincuenta, una campaña de industrialización forzosa que había culminado en la muerte por inanición de millones de personas. La respuesta a tal esperpento ideológico fue la llamada Revolución Cultural, en la que se pretendía acabar con los "cuatro viejos": las costumbres, los hábitos, la cultura y los modos de pensar. Naturalmente, ninguno de esos elementos que combatir era viejo. Los chinos eran chinos, tenían sus costumbres, una cultura, unos estilos de pensamiento. Que no eran "milenarios", como suelen decir los desinformados cuando hablan de Asia, sino resultado de procesos milenarios de adaptación, para la supervivencia, a formas de control y explotación siempre brutales e injustas.

Desmontar ese legado, la única forma de defensa con la que contaba una población que llevaba siglos y siglos debatiéndose entre la esclavitud y la servidumbre, era la manera más eficaz de desarmarla ante el maoísmo, que era la prolongación exacerbada del régimen de emperadores y mandarines, del mismo modo en que el estalinismo era la culminación delirante de la autocracia zarista. Había que liquidar hasta el último resto de esa modestísima tradición de resistencia que preservaba la condición humana de los súbditos. Costumbres, hábitos, estilos de pensamiento se resumían en el término cultura.

Había que acabar con ella. Entre 1966 y 1968, cuando Mao y Chou En Lai comprendieron que su propia revolución comunista estaba al borde del colapso y ordenaron al ejército la represión generalizada, los Guardias Rojos, con sus comités revolucionarios, encargados de castigar "capitalistas" y "revisionistas" –es decir, cualquiera que les pareciera–, camparon por sus respetos por todo el país, paralizando la instrucción pública y sembrando de cadáveres el territorio. Pero el mal estaba hecho. La conciencia china había retrocedido siglos, y habría que esperar más de veinte años para que la revuelta de Tiananmen se mostrara como un signo de recuperación.

Entre una fecha y otra, entre 1975 y 1979, tuvo el poder en Camboya el célebre asesino Pol Pot, el modelo más perfecto de líder atrasista. Al menos los chinos habían pergeñado en el Gran Salto Adelante un intento industrializador. Pol Pot decidió recorrer el camino inverso, en la historia camboyana y en la universal: invirtió el proceso de emigración del campo a la ciudad enviando a la población urbana a formar parte del campesinado, que ya era uno de los más pobres del mundo. Para ello, eliminó a los "elementos burgueses" de la sociedad: los intelectuales y su parafernalia literaria y artística.


Unas doscientas mil personas fueron ejecutadas por los jemeres rojos, pero el hambre y las enfermedades desatendidas acabaron con otro millón, y trescientas mil más perecieron en campos de trabajo. Junto a ese millón y medio de seres humanos, un veinte por ciento de la población total, fueron quemados cientos de miles de libros, discos, cuadros y películas, y destrozados miles de máquinas de escribir, esculturas, salas de exposición, de cine y de teatro. La percepción que Pol Pot tenía de la modernidad era precisa y acabó sistemáticamente con todas sus manifestaciones, materiales y personales. Curiosamente, fue la invasión vietnamita lo que frenó la locura polpotiana. Pero el mal estaba hecho.

Y el mal ideológico también, porque no importó en absoluto a los dirigentes revolucionarios de otras partes del mundo el terrible saldo de chinos y camboyanos borrados para siempre de la faz de la tierra: los alentó, en cambio, a promover el atrasismo en otras formas.

Yo mismo soy testigo de un proceso que se dio en llamar "de proletarización" de los militantes, promovido sobre todo por la organizaciones armadas de América Latina, pero también en algunas tendencias del catolicismo en aquella parte del mundo. Me recordó la cuestión ayer mi amigo Pablo Odell, que pertenece a la generación siguiente: fue él quien me dio el hilo de este artículo, a la vez que me explicaba el fenómeno diciendo que lo que se procuraba al convertir en obreros a individuos preparados para otras tareas, en vez de atraer a las masas hacia las élites, era llevar las élites hacia las masas, diluyendo a las primeras en la últimas.
Por si algún lector ignora lo que fue aquello, le cuento que casi todos los movimientos políticos de los setenta, en general de obediencia cubana, invitaban a sus profesionales, intelectuales, artistas –lo que el PC llamaba "fuerzas de la cultura"– a proletarizarse, es decir, a irse a trabajar a las fábricas, a identificarse con la clase llamada a ser guía del mundo. He visto ingenieros, químicos, abogados –que habían ocultado su currículum al proponerse para su puesto–, voluntariamente sumados al escalón más bajo de la producción.

Eso fueron, a su modo, los curas obreros de finales de los sesenta y principios de los setenta, avanzadilla del atrasismo proletarizador, al que se sumarían encantados, cinco o diez años más tarde, los teólogos de la liberación, que ni hacían teología ni ayudaban a otra liberación que la propuesta por Cuba. El resultado final, desde luego, no era la proletarización, sino la lumpenización de las vanguardias. Atrasismo en estado puro. Todavía está por desentrañar el papel, sin duda trascendente, de la Teología de la Liberación en la promoción de los movimientos indigenistas, atrasistas por definición, más preocupados por su pasado que por su futuro, como anoté en un artículo anterior sobre este mismo asunto. (1)

Había en el fondo de estas propuestas un desconocimiento, también voluntario, de las experiencias revolucionarias precedentes, que habían sido hijas de una minoría abocada al golpe de estado, como la rusa, o habían sido preponderantemente campesinas, como la china. La escritura marxista preconizaba el protagonismo del proletariado y allí permanecía, inmune a toda experiencia. Toda revolución, como cualquier otro proceso histórico, es en lo esencial un relato, y todo relato es, a su modo, una profecía sobre el pasado. Miserias de lo teleológico, de la fe en que la historia tiene un final.
_ _ _

(1)
http://termidorianos.blogspot.com/2010/11/el-atrasismo.html

sábado, 15 de enero de 2011

La masacre del Hércules TC-62




Jorge Fernández Zicavo

28.08.1975
Aeropuerto “Teniente Benjamín Matienzo”
Tucumán, República Argentina
Gobierno constitucional presidido por María Estela Martínez de Perón.

En el marco del Operativo Independencia destinado a aniquilar las fuerzas guerrilleras del ERP que pretendían establecer una "zona liberada" en la provincia de Tucumán, las Fuerzas Armadas acordaron que debían participar rotativamente tropas del Ejército, de la Gendarmería Nacional y contingentes de la Policía Federal.
Para este continuo relevamiento de tropas, la Fuerza Aérea (además de operar con helicópteros UH-1H Huey, cazas Pucará y cazabombarderos Douglas A-4 Skyhawk) destinó sus aviones de transporte Lockheed C-130 “Hércules”.

El día 28 de agosto de 1975, en torno a las 13.30 horas, el Hércules TC-62 inició la carrera de despegue en el aeropuerto tucumano con 114 efectivos de Gendarmería a bordo que regresaban a su unidad, la X Agrupación, en la provincia de San Juan.

Cuando el gigantesco avión ya estaba despegando, pero todavía a muy baja altura, una potente carga explosiva colocada en el subsuelo de la pista le alcanzó de lleno y lo derribó envuelto en llamas. Como consecuencia del atentado murieron seis gendarmes y 23 resultaron gravemente heridos.

La carga explosiva fue colocada por Montoneros para apoyar a la guerrilla del EPP. Concretamente, por una "patrulla de monte" integrada por 30 combatientes al mando de Juan Carlos Alsogaray (hijo del ex Teniente General y ex comandante en jefe del Ejército, Julio Rodolfo Alsogaray), que además fue quien detonó la bomba. Este sanguinario terrorista, que antes de ser destinado a Tucumán había sido jefe de la "Columna La Plata" de Montoneros, moriría el 23 de febrero de 1976 en combate con el Ejército cerca de La Cruz, Depto. de Burruyacú, Tucumán. Se da la siniestra circunstancia de que el 18 de agosto de 1971, Juan Carlos había participado en el intento fallido de secuestrar a su padre.
_ _ _

El suceso relatado por la Fundación "Marambio":

Sí, esto fue noticia el 28 de Agosto de 1975, que mucha gente ya no lo recuerda y otros, aquellos que tienen menos de 30 o 40 años de edad, lo desconocen, porque no habían nacido o eran demasiado chicos.

Ese día cuando todavía no habíamos salido del estupor de otros hechos similares, recibimos una noticia que nos conmocionó, el avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula TC-62 había sido derribado a las 13:05 horas, por una bomba colocada y hecha estallar por control remoto, en plena carrera de despegue, que la habían colocado en el desagüe que pasaba por debajo de la pista de aterrizaje del Aeropuerto de Tucumán "Teniente Matienzo", quedando un cráter en el cemento de 12 m de diámetro por 2 de profundidad.
Se trasladaban 114 efectivos de la Gendarmería Nacional, con destino a la Provincia de San Juan, de los cuales, en el día del atentado, se habían registrado seis fallecimientos y veintitrés heridos, nueve de ellos de gravedad.
Esta operación se llevó a cabo con una gran precisión, pero por la pericia de la tripulación se evitó que este atentado criminal alcanzara proyecciones de catástrofe, salvando las vidas de más de un centenar de almas que se encontraban a bordo, como así también el desastre que podía haber ocasionado de haberse precipitado sobre el Barrio Obrero situado a continuación de la cabecera de pista de dicho Aeródromo.
El aparato se destrozó al caer a tierra y quedó envuelto en llamas, explotando con impresionante violencia, lo que causó pánico entre los habitantes de la zona próxima al Barrio San Cayetano.
Los restos del avión quedaron esparcidos en un radio de aproximadamente 300 metros, mientras que el grueso de la estructura se incendiaba a un costado de la pista envuelto en llamas y en medio de una columna de humo negro visible a gran distancia del lugar.
La tarea de rescate se hizo muy difícil para los bomberos que estaban atacando el fuego, debido a las explosiones posteriores, causadas por los tanques auxiliares de combustible y el material transportado a bordo.
Un hecho significativo que merece ser recordado, fue que mientras se incendiaba el avión y entre las explosiones, se vivieron escenas heroicas por parte de los bomberos, la gente del lugar, como así también de los tripulantes del Hércules y Gendarmes que habían podido salir de este infierno y volvían a rescatar a los que quedaban atrapados entre los restos del avión, el cual quedó totalmente destruido.
En esta acción valerosa pereció por asfixia el Gendarme Raúl Remberto CUELLO, quien salió ileso del avión y entró repetidas veces, salvando valiosas vidas, hasta quedar atrapado por las llamas en el que sería su último intento, dando un ejemplo de valor y coraje llevados hasta el supremo sacrificio.
_ _ _


montonero Juan Carlos Alsogaray, alias "Hippie"

Los gendarmes muertos fueron:

Evaristo Gómez
Juan Argentino Luna
Marcelo Godoy
Pedro Yáñez
Juan Riveros
Raúl Remberto Cuello*

Este último, de sólo 18 años de edad, tras rescatar a varios camaradas murió asfixiado en su último intento. Actualmente, la Escuela de Suboficiales de Gendarmería Nacional con asiento en la ciudad cordobesa de Jesús María, lleva su nombre.


Raúl Remberto Cuello






El TC-62


Minutos antes del trágico despegue





Ilustración que reconstruye el atentado










jueves, 6 de enero de 2011

Los Mitos de la "represión ilegal"




Agustín Laje Arrigoni

¿"Por qué los milicos no reprimieron por la ley"?, supo objetar un compañero de la facultad, ante un debate generado entre el curso.

Cual domesticado autómata, el estudiante repetía uno de los tantos latiguillos difundidos por el izquierdismo revanchista y repetido por sus involuntarios títeres.
Muchas veces he tenido la oportunidad de ser consultado sobre temas relacionados con la década del ´70 y la guerra que le tocó enfrentar a nuestro país, y este enigma vuelve una y otra vez. ¿Por qué no se reprimió al terrorismo con métodos legales?

Para contestar el interrogante, no podemos soslayar el acaecimiento de cinco episodios clave (que constituyeron la destrucción de las vías legales para combatir al terrorismo) que se sucedieron con anterioridad a la llamada “represión ilegal”.
- Ley de amnistía
- Disolución de la Cámara Federal en lo Penal
- Derogación de las leyes antisubversivas
- Vaciamiento de la Justicia
- Actuación del terrorismo para eliminar las vías legales

Entre 1966 y 1973, un gobierno provisional conformado por una coalición cívico militar gobernó a la Argentina. Con el correr de la gestión, en el marco de la guerra fría y de un terrorismo marxista creciente en toda América Latina (y en particular en nuestro país), las autoridades locales se vieron en la obligación de instalar mecanismos legales e institucionales para combatir a las organizaciones homicidas cuyos crímenes y creciente accionar se observaba con no poca preocupación.

El gobierno militar presidido en ese entonces por el Gral. Alejandro Agustín Lanusse, ante el desconcierto general creado por el terrorismo, el 28 de mayo de 1971 creó por Ley 19.053 la Cámara Federal en lo Penal destinada a combatir legalmente a la subversión. Queda a la vista que las intenciones fueron desde un principio el combate bajo el imperio de la ley y la institucionalidad por parte de las Fuerzas Armadas. De esta manera, entre 1971 y 1973 se llevaron adelante 8.927 causas, y aproximadamente dos mil terroristas se vieron tras las rejas, de los cuales 600 ya tenían condena firme.(1)
El diálogo con los partidos comenzó a fluir, y se decidió retomar la institucionalidad del país con la vuelta de la democracia mediante el llamado a elecciones, que tendrían lugar el 11 de marzo de 1973.

La organización terrorista Montoneros y otras fuerzas menores forjaron alianzas políticas con el candidato-títere de Perón (quien se encontraba exiliado): Héctor J. Cámpora, personaje estrechamente vinculado a las hordas guerrilleras, quien supo afirmar que “la acción de FAR y Montoneros es tan respetable como la de quienes estamos en el camino de la persuasión”(2). Inmediatamente viene a mi mente aquella célebre frase de Perón, “les pongo un caballo y me lo votan”.

El 25 de mayo, Héctor Cámpora, escoltado por decenas de terroristas, asumió la presidencia de la Nación. Entre tanta catástrofe orquestada por el fugaz presidente, me interesa hacer hincapié en la Ley de Amnistía, la disolución de la Cámara Federal en lo Penal y la derogación de las leyes antisubversivas.
El 26 de mayo de 1973, en el primer día del gobierno, fue dictada una ley de Amnistía general que echó un manto de olvido sobre todo lo ocurrido y que impediría luego, hasta límites extremos, el juzgamiento y sanción de los terroristas, habiendo así exculpado todos los delitos cometidos antes del 25 de mayo de 1973.
La Amnistía, además de la injusticia y la justificación que implicaba, no representó ninguna solución. Las expresiones y discursos de los líderes guerrilleros, anticipaban las intenciones de no cejar en su agresión. Vale aclarar que el 52,5% de los ataques terroristas se cometieron en democracia.(3)

De esta forma, aproximadamente dos mil terroristas salieron en libertad para volver a cargar el fusil, y continuar con la lucha armada que habían desatado. Nicolás Márquez expresa al respecto que “La Amnistía permitió que los terroristas deambularan como superhéroes por las calles, se ufanaran de los crímenes y atentados cometidos, dieran conferencias en las que narraban sus proezas y formularan instrucciones para reorganizar la guerrilla y el combate”. (4)

El periodista Carlos Manuel Acuña, explica que “la instrumentación de la amnistía fue doblemente valiosa para la estrategia guerrillera: por un lado puso en la calle a experimentados combatientes y planificadores de la insurgencia y, por el otro, la guerrilla afirmó la idea de que siempre superaría todas las instancias y jamás renunciaría a sus objetivos. Nada se le opondría y cualquier método resultaría válido”. (5)

Algunos años después el Dr. Troccoli, político radical, reflexionaba frente a la prensa: “…pudimos haber mal dimensionado el brote subversivo existente, pudimos haber cometido un error político en mayo de 1973”. (6) Lamentablemente, el error político de mayo del 73, no tardaría en dejar a la luz sus consecuencias.

Pero el primer día de gobierno peronista no culminó con la sanción de esta ley. Paso siguiente, el gobierno constitucional disolvió la Cámara Federal en lo Penal, responsable del combate legal contra la subversión. Respecto al destino de sus funcionarios, Carlos Manuel Acuña relata que “todos sus integrantes fueron perseguidos, algunos redistribuidos a los destinos menos deseables del Poder Judicial o simplemente cesanteados como automáticamente se hizo con los jueces. Todos ellos estaban condenados a muerte desde el momento en que asumieron el cargo”. (7) Explicando las consecuencias que tuvo su disolución, afirma que “tuvo implicancias muy serias y profundas… no sería exagerado señalar que marcaron el matiz, el estilo y el ritmo con que se desarrolló la etapa de la guerra que comenzó en marzo de 1976”. (8)

Como si esto fuera poco, la demagogia camporista se dio el lujo de derogar las leyes antisubversivas, que habían sido creadas para asegurar la represión legal contra los elementos terroristas. El diario La Nación, en su edición del 24 de mayo de 1983, comenta que “…una veintena de normas desaparecieron así, dejando inerme al aparato defensivo del Estado frente a nuevos tipos de agresión…”. (9)
El error fue de tal envergadura, que un año después (al ver al pueblo desprotegido frente a las runflas guerrilleras, superiores cuantitativa y cualitativamente que en aquel entonces), aquellos ingenuos que habían contribuido a derogar esa legislación llevaron a cabo un intento fallido de volver a dictarlas.

Analizando las maniobras del caótico gobierno de Cámpora, el informe de FORES afirma que “Esta actitud (la derogación de las leyes antisubversivas), junto con la Ley de Amnistía y la disolución de la Cámara Federal en lo Penal dificultó notoriamente, cuando no imposibilitó, el combate legal contra la subversión”. (10) De manera premonitoria, el periodista del Buenos Aires Herald, Clive Petersen, expresó que “…a partir de ahora, ni aun los policías y militares respetuosos de la ley mandarían a la cárcel, para que allí esperen la próxima amnistía, a los terroristas que lograran capturar”. (11) De los nueves jueces que conformaron aquel tribunal, ocho tuvieron que exiliarse en el extranjero ante las amenazas y atentados y uno, el Juez Quiroga, fue asesinado por la espalda.


Juez Jorge Vicente Quiroga. Asesinado por el ERP-22 en 1974

Raúl Argemí condujo la moto desde la que Marino Amador Fernández ametralló al juez Quiroga. Poco después fue capturado y condenado a 25 años de prisión, pero durante esos años la dictadura militar no lo ejecutó, y Alfonsín lo amnistió en 1984. En 1973 había cumplido la misma función de motorista en el asesinato del contralmirante Hermes Quijada a manos de Víctor Fernández Palmeiro. Actualmente es un exitoso autor de novelas policiales y reside en Barcelona

Para agravar aún más el estado de desprotección general por el que se atravesaba, el vaciamiento de la justicia constituyó un factor decisivo que dejó a la subversión parada frente a un país totalmente anarquizado. Una suerte de gol de oro para quienes se habían propuesto cambiar nuestro sistema a través de la violencia y la irracionalidad.
Al asumir el poder el gobierno peronista en 1973, la Corte Suprema de Justicia estaba vacante por que sus integrantes habían renunciado tan pronto conocieron los resultados de las elecciones. El peronismo manipulaba el Poder Judicial como botín electoral, y, para poder desmantelar lo poco que quedaba de él, se sancionó una ley que otorgaba la posibilidad de jubilarse sin haber alcanzado la edad legal, cobrando el 80% del sueldo que les correspondía, permitiéndoles además, ejercer la profesión libremente. Explica el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia que, “Para el caso que no optaran por ese beneficio en el plazo estipulado, se les aplicaba el régimen ordinario para funcionarios públicos muy desventajoso con respecto al que en ese momento les correspondía regido por la ley 18.464”. (12)

Los efectos de esta jugada sucia no se hicieron esperar, y la Justicia argentina comenzó a desmoronarse rápidamente quedando totalmente desmantelada al poco tiempo. Tal es así, que a partir de 1973 no se registró una sola condena por actos terroristas. Ilustrando el panorama de marras, la pluma del Dr. Márquez narra que “Para graficar el desmantelamiento al que estaba sometido el país, tengamos en cuenta que mientras estallaban bombas en todas partes y los crímenes conformaban la cotidianeidad nacional, durante todo 1974 la justicia federal y nacional de Buenos Aires trabajó formalmente tan sólo 54 de los 365 días del año… este clima de aniquilamiento institucional generalizado, se fue abriendo paso así a la utilización de métodos ilegales para contrarrestar la guerrilla”. (13)

Quienes pequen de ingenuos pensarán que la nulidad de condenas y detenciones a terroristas fueran consecuencia del cese de su accionar. Contrariamente, fue notorio el despegue subversivo a partir de la destrucción de la justicia. La publicación de agosto de 1974 de Patria Libre, en su octava página cuenta que “…desde el 25 de mayo de 1973 y a pesar de que la actividad guerrillera siguió en aumento y la policía continuó su tarea, no se ha condenado a ningún extremista hasta la fecha”. (14)

La quinta y última variable que terminó por imposibilitar el combate con “la ley bajo el brazo” al fenómeno terrorista, fue justamente el accionar de este para evitar la represión legal. La tesis es simple: la represión ilegal favorece a la subversión al descalificar el modo cómo se los combate. Si el método es legal, el terrorista siempre permanecerá en su condición de terrorista sin poder jamás dar aparente legitimidad a sus actuaciones. Sin embargo, si logra ser combatida desde la ilegalidad, de alguna forma justifica la irracionalidad de su accionar, convirtiéndose mágicamente de victimarios en víctimas.

Para quien todavía no entienda el porqué de esta jugada, Jacobo Timermann, en su ensayo Preso sin nombre, celda sin número explica: “La guerrilla no pudo competir. Y sin embargo, no fue derrotada en el terreno ideológico, moral, porque sigue esgrimiendo la irracionalidad de la represión, el abuso del poder, la ilegalidad de los métodos. Y esa es su carta de triunfo”. (15)
Para perpetrar este objetivo, la subversión buscó desde sus comienzos ser reprimida ilegalmente, como explica el Dr. Tomás Oneto en la revista jurídica La Ley: “Examinando la naturaleza de las respuestas institucionales al terrorismo, no puede silenciarse que uno de los objetivos del terrorismo es la regresión de nuestro ordenamiento jurídico hacia formas no democráticas”. (16)

La estrategia subversiva (siempre con el auxilio del Presidente peronista Héctor Cámpora) se vio compuesta de dos partes que le permitió alcanzar los objetivos anteriormente señalados. La primera parte de su táctica, llevada a cabo de 1972 a 1973, consistió en desarticular la justicia mediante el ataque propagandístico dirigido a desprestigiar a la Cámara Federal en lo Penal y su presión para disolver tanto esta, como la legislación antisubversiva y, al mismo tiempo, atemorizar a los jueces y distintos funcionarios del Poder Judicial mediante amenazas y atentados, con el objetivo de crear terror en quienes administran la justicia de nuestro país. Tengamos en cuenta que técnicamente, la Cámara Federal favorecía a los guerrilleros garantizándoles un juicio justo.

Una vez disuelta esta, y derogada la legislación antisubversiva, la guerrilla abrió paso a la segunda fase de su estrategia: enloquecer a las Fuerzas Armadas.
El objetivo concreto era atemorizar a los encargados de reprimir, esperando una reacción irracional en estos que los sitúe de un momento a otro, parados fuera de la ley. El asesinato indiscriminado contra uniformados y sus familiares, totalmente ajenos al conflicto, como militares retirados e hijos de miembros de las fuerzas, marcaron el modus operandi del terrorismo para asegurar la reacción desmedida e inconsciente de sus enemigos.



El contraalmirante Mayorga, de gran prestigio en la Marina, declaraba a los periodistas en mayo de 1973: “… (la subversión) nos puede sumir en el proceso de matar, si los nuestros son muertos, y entonces será la ley de la selva”. (17) Apuntando a los resultados de esta jugada, el FORES cuenta que “…la sistemática campaña de atentados dieron resultado y cuando los militares asumen el poder… su reacción fue la de animales acosados y atemorizados, sedientos de venganza y exacerbados por las provocaciones”. (18)

Como anillo al dedo nos viene para concluir, un pasaje del libro La otra parte de la verdad, donde se explica que “Durante el período 73/74/75, si las fuerzas de seguridad detenían a algún guerrillero, no tenían muchas opciones, pues tanto por falta de apoyo legal como por miedo a represalias, era dejado en libertad”. (19)
La suma de los factores explicados, desencadenaron la desprotección de un país entero frente a nuevas amenazas con magnitudes nunca antes vistas en nuestras tierras en el S. XX. Como vimos a lo largo del escrito, se eliminó toda posibilidad de un combate por vías legales, tornando la posibilidad de represión legal, desgraciadamente, totalmente ridícula si se pretendía hacerlo con alguna eficacia. Pero aún así se debió haber intentado.

Ahora bien, una vez entendido esto, es probable que el lector se pregunte ¿Cuándo se dio inicio formal a la represión ilegal? La respuesta oficial que gira en torno a esta interrogante, falta a la verdad descaradamente, poniendo de manifiesto de manera maliciosa y tendiente a demonizar aún más a las Fuerzas Armadas, que la represión ilegal nace el 24 de marzo de 1976 (20), con el cambio de gobierno. Esta tesis instalada en la sociedad a partir de 1983 por la runfla alfonsinista, y difundida y repetida hasta el hartazgo por los gobiernos posteriores, se puede apreciar tanto en el famoso informe CONADEP, Nunca Más, como en libros escolares de educación media.

Contrariamente a lo que pregona la propaganda oficial, se da origen a la represión por fuera de los métodos legales, primero con la creación de la AAA, organización paramilitar, de raíz peronista, cuya finalidad era neutralizar el terrorismo, con más terrorismo, responsable de 476 homicidios (21). Pero luego del escape de su líder, López Rega, la organización cesa el fuego casi por completo. Formalmente, se abre el camino hacia la represión ilegal el 6 de octubre de 1975.

Para ese entonces, la Presidenta Isabel Martínez de Perón había tomado licencia, y dejó como Presidente provisional a Ítalo Argentino Luder, quien convocó a los altos jefes de las FF.AA para buscar en conjunto soluciones para el problema subversivo. El Dr. Florencio Varela, frente a una conferencia organizada por la fundación AUNAR, contó que “En la reunión… cuatro fueron las alternativas presentadas por el general Videla. Las dos más extremas eran las siguientes: una incluía un sistema operacional sumamente controlado que tenía como inconveniente el largo tiempo que iba a llevar el control del terrorismo. La otra estaba basada en la descentralización, otorgando una gran capacidad operativa a los niveles inferiores. Esta tenía el riesgo del debilitamiento del control en esos niveles operativos, pero en un año y medio, el terrorismo se controlaba. Esto fue lo que se aceptó”. (22)

Cuenta Juan B. Yofre en su libro Nadie Fue, que luego de la reunión con los altos jefes, “Luder promovió la formación del Consejo de Defensa Nacional, como una forma de frenar la violencia terrorista”. (23) Como resultado de estas maniobras, el 6 de octubre se dio lugar a la emisión del decreto 2772 que entre otras cosas decía:
“Las FFAA, bajo el comando superior del Presidente, que será ejercido a través del Consejo de Defensa, procederán a ejecutar las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el país”.

A partir de este momento, se abre paso a las famosas “desapariciones”, consecuencia de un modelo de represión adoptado por el gobierno constitucional peronista, y continuado posteriormente por el gobierno cívico-militar. Entre octubre de 1975, y el 24 de marzo de 1976, se comprobaron 734 casos de desaparición de personas (24), nunca siquiera mencionados por quienes creen ser voceros oficiales de los “derechos humanos”. Nicolás Márquez explica que “(el gobierno de Alfonsin) manipularon la información ocultando intencionalmente todo aquello que se relacionara con los hechos ocurridos con anterioridad al 24 de marzo de 1976, a los cuales se pretendió quitar importancia para cercenar el camino hacia la investigación de la responsabilidad de las autoridades constitucionales anteriores al mentado 24 de marzo, que sin duda la tuvieron en forma plena, pues fueron ellas las que planearon, decidieron, y pusieron en ejecución el sistema para combatir al terrorismo que dejó la trágica secuela de los desaparecidos”. (25)

A modo de cierre, considero interesante citar a Nicolás Rodríguez Peña: “Que fuimos crueles… ¡Valla con el cargo! Mientras tanto, ahí tienen ustedes una patria que no está en el compromiso de serlo. La salvamos como creíamos que debíamos salvarla. ¿Hubo otros medios?, nosotros no lo vimos, ni creíamos que con otros medios, fuéramos capaces de hacer lo que hicimos. Arrójennos la culpa al rostro y gocen los resultados. ¡Nosotros seremos los verdugos, sean ustedes los hombres libres”. (26)
_ _ _

[1] “Por Amor al Odio”, Tomo II, Carlos Manuel Acuña
[2] “La Mentira Oficial”, Nicolás Márquez
[3] “La Mentira Oficial”, Nicolás Márquez
[4] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[5] “Por Amor al Odio”, Tomo II, Carlos Manuel Acuña
[6] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[7] “Por Amor al Odio”, Tomo II, Carlos Manuel Acuña
[8] “Por Amor al Odio”, Tomo II, Carlos Manuel Acuña
[9] “La Nación”, 24 de Mayo de 1983
[10] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[11] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[12] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[13] “La Mentira Oficial”, Nicolás Márquez
[14] Periódico “Patria Libre”, publicación del mes de agosto de 1974
[15] “Preso sin nombre, Célda sin Número”, Jacobo Timermann
[16] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[17] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[18] “Definitivamente Nunca Más”, Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia
[19] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[20] “Nunca Más”, Comisión Nacional de Desaparición de Personas
[21] “La Mentira Oficial”, Nicolás Márquez
[22] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[23] “Nadie Fue”, Juan Bautista Yofre
[24] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[25] “La otra parte de la verdad”, Nicolás Márquez
[26] “Subversión: La historia olvidada”, AUNAR

Septiembre 2007

Las fotografías y sus textos corresponden a Termidorianos
.