Ejército Argentino sólo hay uno. El que derramó su sangre para fundar la Nación, y luego para aniquilar a sus hijos bastardos alzados en armas contra ella.
Termidorianos se suma a los festejos, recordando a sus actuales presos políticos en las cárceles Kirchner-Righi-Montoneras, y a los mártires de la guerra contrarrevolu-cionaria.
127 muertos en combate y/o asesinados entre el 1 de junio de 1970 y el 29 de noviembre de 1977.
Jefes y Oficiales (69)
Teniente General
Aramburu, Pedro Eugenio (R)
Generales de División
Sánchez, Juan Carlos
Cáceres Monié, Jorge Esteban (R)
Generales de Brigada
Cardozo, Cesáreo Ángel
Actis, Omar Carlos
Salgado, Enrique
Muñoz, Ricardo
Coroneles
D' Amico, Leonardo Roberto
Cano, Eduardo
Rico, Martín
Fernández Cendoya, Andrés
Triaca Numa, Osvaldo
Iribarren, Héctor Alberto
Gay, Camilo Arturo
Grassi, Jorge Oscar
Carpani Costa, Arturo H.
Reyes, Rafael Raúl
Dalla Fontana, José Esteban
Cavagnaro, Abel Héctor Elías (R)
Mendieta, Juan Carlos (R)
Sureda, Ángel Arturo (R)
Castellanos, Francisco Bonifacio
Tenientes Coroneles
Sanmartino, Julio R. (R)
Duarte Ardoy, Raúl Juan
Bevione, Oscar
Petracca, Pedro
Schilardi, Pompilio
Peralta, Astudillo
Gardon, José Francisco
Ibarzábal, Jorge Rorberto
Colombo, Horacio Vicente
Mutto, Alberto Eduardo (R)
Mayores
Del Valle Larrabure, Argentino
Gimeno, Jaime
Biscardi, Roberto
Sánchez, Héctor
Pepa, Aldo
López, Néstor Horacio
Reyes, Osvaldo Helio (R)
Ziehl, Leónidas Cristián (R)
Servidio, Romeo (R)
Zelaya, Pedro Antonio
Capitanes
Paiva, Miguel Ángel
Aguilera, Roberto
Arteaga, Carlos
Viola, Humberto Antonio
Keller, Miguel Alberto
Petruzzi, Luís María
Ramallo, José Antonio
Leonetti, Juan Carlos
Cativa Tolosa, Fernando
Tenientes Primeros
Azua, Mario César
Nacaratto, José María
Correa, Carlos
Casagrande, Carlos
Anaratone, Jorge
Brzic, Luis Roberto
Carballo, Roberto Eduardo
Cáceres, Héctor
Spinassi, José Luís
Lucioni, Oscar Abel
Tenientes
Gambande, Juan Carlos
Mundami, José Conrado
Ledesma, César Gonzalo
Subtenientes
García, Raúl Ernesto
Berdina, Rodolfo Hernán
Massaferro, Ricardo Eduardo
Barceló, Diego
López, Gustavo Pablo
Suboficiales (26)
Suboficial Principal
Gil, Carlos Honorato
Sargentos Ayudantes
Ríos, Anselmo
Cisterna, Roque Carmelo
Sargentos Primeros
Sanabria, Víctor
Molina, Eligio Osvaldo
Montesano, José Ángel (R)
Tejeda, Rosario Elpidio
Cabezas, Oscar Alberto
Novau, A. Martín (R)
Sargentos
Moya, Miguel Arturo
Orné, Ramón W.
Gómez, Walter Hugo
Lai, Alberto Eduardo
Favali, Rubén Godofredo
Cabos Primeros
Juárez, Miguel Dardo
Linares, Aldo
Dalesandro, Edgardo
Costilla, Juan
Ramírez, José Anselmo
Méndez, Wilfredo Napoleón
Rojas, Bruno
Zárate, Ricardo Martín
Parra, Carlos Alberto
Dios, Osvaldo Ramón
Bulacios, Jorge
Voluntario Primero
Pérez, Desiderio Eduardo
Soldados Conscriptos (32)
Toledo Pimentel, Miguel Angel
González, Daniel Osvaldo
Maldonado, Ismael
Sosa, Edmundo Roberto
Villalba, Alberto
Arrieta, Antonio Ramón
Dávalos, Heriberto
Coronel, José Mercedes
Salvatierra, Dante
Torales, Marcelino
Sánchez, Tomás
Luna, Herminio
Sánchez, Ismael
Castillo, Juan Carlos
Gustoni, Enrique Ernesto
Ordóñez, Fredy
Fernández, Pío Ramón
Spinoza, Rogelio René
Moya, Orlando Aníbal
Viscarra, Héctor
Pérez, Benigno Edgar
Papini, René Alfredo
Caballero, Roberto
Ruffolo, Benito Manuel
Sessa, Raúl Fernando
Cajal, Miguel Ángel
Vacca, Alberto Hugo
Dimitri, Guillermo
Crosetto, Víctor Manuel
Gutierrez, Mario
Cucurullo, Miguel
Barbusano, Luís

...ha quedado en la historia de la bicentenaria República Argentina según el calendario de la era Kirchner, como una de las jornadas políticas más infames de su siglo XX; porque, apenas unas horas después de haber asumido la presidencia de la Nación arropado por los mandatarios comunistas Allende y Dorticós, un hombrecillo llamado Héctor José Cámpora, cuyo único mérito para ser candidato títere era su biografía como alcahuete vocacional de Evita y de Perón, cometió el más abominable crimen que pueda llevar a cabo un presidente de gobierno o de la República: traición al Estado nacional y a su pueblo, al indultar a 1.100 terroristas en fase de juicio o ya condenados por la Cámara Federal en lo Penal. El programa del Frente Justicialista de Liberación hablaba de "amnistía para presos políticos y sociales", no para terroristas condenados por secuestros, asesinatos, atracos de bancos, atentados con explosivos y copamiento de unidades del Ejército: Campo de Mayo y Batallón de Comunicaciones 141º.
Una medida de tal calado sólo pudo partir de Perón, que desde 1971 alentaba y recibía en Madrid a las "formaciones especiales del Movimiento" con las que presionaba a Lanusse; pero ello no elimina la corresponsabilidad del vicario y sus ministros en el desarme antiterrorista del Estado.
A las once de la noche, Cámpora y sus ministros Esteban Righi (Interior) y Antonio Benítez (Justicia), de acuerdo a lo pactado con Firmenich, Perdía y Galimberti durante la campaña electoral, firmaron el decreto Nº 11 de Indulto, y dos horas después comenzaron a salir los primeros 371 terroristas encarcelados en Devoto. A continuación, en la madrugada del 26, el flamante gobierno montonero disolvió por Ley 20.509 la Cámara Federal y anuló el artículo del Código Penal que condenaba con reclusión perpetua o pena de muerte el asesinato de jueces, fiscales y miembros de las FF.AA. y de Seguridad: derogación de la legislación "represiva" también prevista en el programa electoral. Dado que se les negó custodia policial a los jueces de la Cámara, más tarde seis se exiliaron, dos sufrieron atentados, y Jorge Quiroga fue asesinado por el ERP-22, el 28 de abril de 1974. Finalmente, el 27 de mayo el Congreso aprobó la ley 20.508 de Amnistía para todos los terroristas encarcelados.

Como era de esperar, la Amnistía fue interpretada por los terroristas como una rendición del Estado, cuyo mayor gesto de complicidad fue enviar aviones de Aerolíneas Argentinas a distintas provincias para que todos los criminales liberados recibieran homenajes en Buenos Aires. Apenas tres días después, Cámpora estableció relaciones diplomáticas con la Cuba castrista que llevaba años entrenando terroristas argentinos, y que en 1964 organizó la guerrilla cubana-argentina del EGP en Salta bajo el mando de los apátridas y mercenarios Ernesto Guevara Lynch y Jorge Ricardo Masetti; tal como reconoció oficialmente el gobierno cubano en 2006, cuando Fidel pidió a Néstor Kirchner la repatriación de los restos del capitán del Ejército "Hermes" Peña Torres, muerto en combate con efectivos de la VII Agrupación de la Gendarmería Nacional. Pocos días antes, este militar cubano había matado en combate al gendarme Juan Romero.
Los montoneros fueron autorizados por Righi a formar una custodia presidencial paralela a la oficial; a copar organismos municipales y nacionales en nombre del Poder Popular y, finalmente, lograron que no se confiara la seguridad del 20 de junio en Ezeiza a la Policía Federal, porque querían desbordar con sus columnas de la JP a los fachos de la Patria Peronista a las órdenes del ex coronel Osinde, jefe de seguridad de Perón. Por todo ello, Righi pasó a la Historia como "el ministro del Interior de los montoneros", y aquel gobierno sentó la doctrina política y jurídica, hoy consagrada oficialmente por el régimen Montonero de los Kirchner, de justificar y enaltecer al terrorismo de izquierda si tiene motivaciones políticas "justas". Cristina Fernández de Kirchner militó en el Frente de Agrupaciones Eva Perón, rama universitaria de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, luego fusionada con la Juventud Universitaria Peronista, de Montoneros.
De izqda a dcha: terroristas montoneros Jorge Bernetti, Elvio Vitali y Ricardo Nudelman con Héctor Cámpora y Esteban Righi. Durante su exilio en México
¿Por qué la Amnistía supuso un delito de alta traición al Estado y a la Nación? Porque permitió que los jefes terroristas liberados recompusieran las estructuras orgánicas y crearan unidades paramilitares que, según lo previsto en sus estrategias, deberían multiplicarse hasta conformar un ejército guerrillero regular. No hubo que esperar mucho para ver los resultados de la nueva etapa: en septiembre, en pleno Gobierno Popular, una compañía del ERP copó el Comando de Sanidad del Ejército y mató al teniente coronel Juan Duarte Ardoy, segundo jefe del Regimiento de Infantería “Patricios” que recuperó la unidad. Asimismo, a mediados de 1974 una compañía de Monte del ERP comenzó sus operaciones de guerrilla rural en la provincia de Tucumán, alcanzando un despliegue que el Ejército tardaría un año y medio en aniquilar. Montoneros, a su vez, triplicó sus acciones favoritas: asesinato de sindicalistas peronistas ortodoxos y secuestros extorsivos, mientras sus fábricas producían subfusiles, lanzagranadas y el sofisticado explosivo C.2
Esta recomposición de fuerzas les permitió lanzar ataques sistemáticos a las Fuerzas Armadas, conformando un escenario de insurgencia o guerra interior que fue complementado con matanzas entre las bandas terroristas de extrema izquierda y la derecha sindical peronista ayudada por la Triple A. Esa escalada de violencia alcanzó tal magnitud, que Perón incitó públicamente a "aniquilar el terrorismo criminal, exterminar uno a uno a los psicópatas asesinos”; y más tarde el gobierno presidido por María Estela Martínez se vio obligado a implantar el Estado de sitio y ordenar a las Fuerzas Armadas que aniquilaran la subversión en todo el territorio nacional.
Resumiendo, la consecuencia de la Amnistía cómplice y delictiva de Cámpora y Righi (que inexplicablemente no fueron fusilados tras el golpe del 76), fue que las oleadas de violencia de las fuerzas paramilitares marxistas contra las fuerzas del Estado y la población civil crearon una situación que en 1975 era propia de una guerra civil revolucionaria.
El paradójico cierre histórico de aquel nefasto 25 de Mayo del 73 es que, los marxistas que empujaron al pueblo argentino hacia el abismo de una guerra civil para instaurar su Patria Socialista con dictadura de partido único, hoy están instalados en todos los ámbitos de poder y dando lecciones de democracia y derechos humanos; mientras que los combatientes del Estado que la evitaron, al precio de 551 bajas mortales, están presos gracias a la interpretación manipuladora y sectaria de la IV Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma llevada a cabo por el Procurador General, Righi (siempre Righi) y tribunales civiles sin competencias para juzgar a militares y policías por sus actuaciones en tiempo de guerra.
Por todo ello, es de justicia exigir la suspensión definitiva de estos juicios políticos y la excarcelación con reparaciones de quienes impidieron que apátridas mercenarios convirtieran a la República Argentina en una colonia soviética como Cuba, en el difícil contexto de la guerra revolucionaria iniciada por las izquierdas en 1969.
O en su caso, si insisten en aplicar la tipificación de crímenes de lesa humanidad, procesar también a los antiguos terroristas que hoy ocupan cargos públicos y oficiales; y a los comandantes del Ejército y Conducción Nacional de Montoneros, Mario Roberto Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía; responsables de atacar y aterrorizar a la población civil durante once años mediante centenares de secuestros y asesinatos, y cuya desconcertante impunidad constituye tanto un insulto a las familias de sus víctimas y a una sociedad que se pretende civilizada, como la denigrante evidencia de una justicia sin venda ni balanza.
Hoy la propaganda oficial marxista ha demonizado a los combatientes del Estado en escuelas y televisiones copadas como ayer, mientras dedica calles, plazas, autopistas, parques de la memoria y muros de la vergüenza al criminal Cámpora y a los "jóvenes idealistas"; pero la Historia, que está más allá de contingencias políticas y doctrinas jurídicas truchas, acabará rehabilitando y honrando a quienes evitaron una guerra civil y defendieron la soberanía de la Nación cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional que el pueblo reclamaba y apoyó. Sin reservas, y con alivio.
Jorge Fernández Zicavo
25 de mayo de 2010
reeditado 25 de mayo de 2011
Fragmentos del texto leído por el Coronel del Ejército Argentino, HORACIO LOSITO (condecorado por heridas y acción heróica durante la Guerra de Las Malvinas) ante el Tribunal que acaba de condenarle a cadena perpetua por haber participado en el combate entre el Ejército Argentino y terroristas marxistas, que la izquierda y el régimen Kirchner llaman "masacre de Margarita Belén". El combate, en el que resultaron muertos 22 terroristas de la organización Montoneros, se produjo en diciembre de 1976, cuando un convoy militar que trasladaba a un grupo de terroristas prisioneros fue atacado por sus camaradas con la intención de liberarlos.
_ _ _
Sra. Presidente:
Argentina vivió en las décadas del 60 y 70 una guerra no convencional, de tipo revolucionaria; con estrategias, tácticas y técnicas de empleo particulares, donde el objetivo político era la toma del poder a través del terrorismo subversivo. Negar esto es ignorancia, necedad, o conveniencia.
Esto fue ratificado 13 veces en la Causa 13/84, en los folletos y revistas de la época, en los diarios de sesiones del Congreso de los años 1974, 1975 y principios del 76, en libros actuales escritos por Montoneros, e inclusive por el doctor Bosh cuando, en este juicio, en la fase prelimi-nar, sentenció categóricamente: "si los juzgáramos con el Código de Justicia Militar, les correspondería la pena de muerte"; a sabiendas que esa pena máxima la preveía el CJM sólo para delitos en caso de guerra. Fuera de ella no se podía requerir ni ejecutar la pena de muerte.
¿Cómo se generó esta guerra?
Este fenómeno internacional se desarrolló en el marco de la Guerra Fría entre el Bloque Soviético y los Aliados al término de la II Guerra Mundial, a través de los movimientos de liberación nacional, (fenómeno) que afectó a Europa, Asia, África y toda Latinoamérica con base en Cuba, y chocó en nuestro país con una violencia inusitada:
Atacando cuarteles (ocho), destruyendo aeronaves militares y embarcaciones de guerra, copando ciudades como La Calera y Garín entre otras, colocando bombas como las que asesinaron a Paula Lambuschini de solo 15 años, o las que puso Verbitsky en el Estado Mayor General del Ejército, donde muere un circunstancial camionero; o en Coordinación Federal, donde mueren 32 policias y civiles, con más de cien heridos y mutilados. Secuestros y torturas como el del Coronel Larrabure que permaneció un año dentro de un ropero en un sótano antes de matarlo. O como los hermanos Bornn, cuyo millonario rescate de 60.000.000 u$s, es el más importante en la historia de la humanidad, la tercera parte del presupuesto nacional para defensa de aquellos años. Robos, asesinatos indiscriminados como los del Capitán Viola y su hija de sólo 3 años, o de los filósofos Genta y Sacheri porque no pensaban como ellos; hasta la intención de copar una Provincia entera como la de Tucumán, para independizarla y usarla como segunda base continental, para continuar con sus propósitos de expandir la guerra terrorista revolucionaria lanzada en América del Sur.
La Causa 13/84 contabilizó 21.642 atentados terroristas entre 1969 y 1979, siendo que Gorriarán Merlo, en su libro habla de 30.000 atentados, sólo del ERP.
Es el emblemático comentario del terrorista subversivo Jorge Masseti en su libro El furor y el delirio, donde dice:
"Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria, porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y el grado de dependencia de Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada. Una de nuestras consignas era hacer de la Cordillera de los Andes la Sierra Maestra de América Latina, donde primero hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores, y luego a los compañeros que se opusieran a nuestro autoritarismo".
También podemos mencionar a Miguel Bonaso, que declaró en la revista Gente de 1998: "hicimos cosas monstruosas que tenemos que discutir".
En ese marco caótico y disolvente, un gobierno constitucional ordenó a su elemento natural, "sus FFAA, de FFSS, policiales y penitenciarias", aniquilar el accionar subversivo para librar a la Nación de su flagelo.
En cumplimiento de esa orden, las FFAA, ganaron la guerra tanto en el campo militar, como en el campo político, porque la Argentina, todavía hoy, 35 años después, no es Cuba, cual era el objetivo político del terrorismo subversivo.
Pero claro… como en toda guerra la primera víctima es la verdad, y Argentina no fue la excepción de la regla.
Hoy, 35 años más tarde, los soldados vencedores de esa guerra estamos siendo juzgados y condenados bajo un sistema persecutorio, inconstitucional y arbitrario. Estos procesos son el arte de aparentar lo justo, el arte de la pura formalidad del debido proceso, en los cuales se prescinde del fondo de la cuestión; ninguna defensa, ninguna garantía de derechos humanos, ninguna causa de justificación, ninguna duda, ninguna absolución vale para los imputados.
Extensas prisiones preventivas, por ejemplo, en nuestro caso, 7 años; la aplicación retroactiva de la ley penal, los rechazos "in limine" de las presentaciones de fondo, la deficiencia e insuficiencia de las pruebas para acusarnos, las nulidades de leyes de amnistía aprobadas por el Congreso y por él fulminadas, los fallos de cambios radicales e intempestivos, los querellantes de estas causas, la violación al principio de legalidad y prescripción de la acción penal, etc. son las pruebas fehacientes de la aplicación del derecho penal del enemigo.
En fin, para juzgarnos y condenarnos, han violado y siguen violando sistemáticamente la Constitución Nacional y los Tratados de igual jerarquía. Liberaron el poder del Estado para perseguirnos penalmente, al punto tal, que no tenemos ninguna posibilidad de defensa contra el Leviatán que han montado.
La pregunta es, ¿por qué sucede esto?
No hay una sóla respuesta, las causas son múltiples, pero el factor común de todas son odio, revancha, intereses políticos espurios, intereses particulares o de grupo y, fundamentalmente, intereses económicos.
Sólo basta pasar revista a las cabezas de la parte acusado-ra y querellante:
Esteban Righi: jefe de los fiscales federales, Legajo de la CONADEP como desaparecido Nº 04380. En el año 1973, como ministro del Interior del nefasto Presidente Cámpora, abrió las puertas de las cárceles a más de 1.500 terroristas procesados y condenados, que volvieron a las armas desatando una ola de violencia nunca vista en Latinoamérica, asesinando y persiguiendo entre otros, a los jueces federales que los habían juzgados en el marco del Debido Proceso;
Horacio Verbitsky (alias "perro"): hoy querellante; entonces, oficial operativo y de inteligencia de Montoneros, absuelto por la justicia federal por actos de terrorismo el 21 de marzo pasado, por haber prescripto la causa.
Eduardo Luís Duhalde (alias "Demián"): hoy secretario de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación; entonces, oficial del ERP, la organización más sangrienta de esa época. Fundador del Movimiento Todos por la Patria (MTP) que atacó el cuartel de la Tablada en 1989, en plena época democrática.
No queriéndome extenderme en el plano Nacional nombrando ministros, secretarios, embajadores, legisladores, etc., activos militantes de esas organizacio-nes, en homenaje del tiempo disponible.
Por lo tanto, no sólo estamos siendo juzgados al margen del proceso constitucional, sino que los que capitanean este oscuro emprendimiento, son ni más ni menos que las cabezas visibles del enemigo, al cual combatimos por orden del Gobierno de María Estela Martinez de Perón, avalado por los políticos de turno como Luder, Ruckauf, Cafiero y otros.
Es fácil concluir por lo dicho, que han corrompido principalmente las Instituciones de la República hasta su médula, mediante un terrorismo sin armas basado en el soborno, la coacción, la mentira, el engaño; comprome-tiendo la estabilidad en el puesto, de los funcionarios que no les son funcionales; pero, por supuesto, con la anuencia -por falta de convicción, ética, principios y valores- de los que accedieron y acceden en forma complaciente a tal presión.
En fin, los militares estamos siendo condenados por una decisión política espuria, para fines e intereses políticos partidarios. Por lo tanto, nos definimos como Presos Políticos, con todas las consecuencias que ese estatus conlleva.
Para terminar con esta parte, quería decir que, si prestamos atención a la historia universal, podremos observar que las cosas que salen de sus cauces naturales, vuelven a retomarlos en el tiempo. Por lo tanto, tengo la convicción de que toda esta puesta en escena está llegando a su fin, ya que no es aceptada por gran parte de la Sociedad, de la Dirigencia Política y, fundamentalmen-te, por el Ejército Argentino y el resto de las Fuerzas.
_ _ _
Señores jueces:
¿Qué exijo de ustedes?
Que sean valientes, autónomos, independientes.
Que sepan vencer los humanos y comprensibles temores.
Que demuestren con hechos, que hay independencia en la justicia,
Que demuestren que la República aún no está perdida.
Que demuestren en definitiva a nuestro pueblo, APLICANDO LA LEY SIN INGREDIENTES EXTERNOS, que todavía hay gente proba que respeta las instituciones y ama a su país.
Estoy convencido que ustedes saben que no están delante de delincuentes. Están frente a soldados del Ejército Argentino que solo supieron dar entrega a su Patria sin pedir nada a cambio.
_ _ _
Dra. Yunes, Dr. Belforte, Dr. Gonzáles, Dr. Alurralde, Señores defensores, fiscales, querellantes, secretarios, fuerzas de seguridad, policiales y penitenciarias, público que están aquí presentes y para todos aquellos que en el futuro vean esta grabación:
He pasado 43 años de mi vida en el Ejército, he participa-do en tres guerras, y he sido observador militar de otras en distintos lugares del mundo.
Nadie más que los que conocemos la brutalidad de la guerra, que es un hecho antinatural, cruel, sangriento y despiadado, queremos evitarla.
No obstante, a los hombres de armas les digo:
El virus de la guerra es intrínseco en el hombre; por lo tanto hago un llamado a mis camaradas de armas para que sean fieles al juramento que hicieron ante Dios y la Patria de dar la vida para defenderla; que no hagan caso del mensaje maquiavélico que con nuestros juicios se les están señalando: "Si cumplen órdenes en la guerra, serán juzgados y condenados, cuando a algún gobierno de turno, violando la Constitución Nacional, le convenga…"
Por ello, les pido estén siempre alertas para salvaguardar los grandes intereses nacionales.
Recordemos también, los más antiguos, que todos los que hemos sido nombrados para ejercer el mando, hemos jurado también defender la Constitución Nacional hasta perder la vida, y eso trasciende a cualquier Gobierno
Han tratado de dividirnos entre el "viejo" y "nuevo" Ejército, pero no lo han logrado, por desconocer la naturaleza que nos tipifica y distingue.
Cuando recibimos nuestras insignias en los diferentes Institutos de formación, recibimos con ellas, el peso de la historia del Ejército, sus victorias y sus derrotas sus aciertos y desaciertos, ¡Y NOS HACEMOS CARGO DE ELLO EN UNA CONTINUIDAD HISTORICA INDIVISIBLE!
Nuestra Patria nació con el Ejército, y la acompañó y contribuyó activamente en su historia de grandeza. HOY NO PUEDE SER DE OTRA MANERA.
A la sociedad toda, quiero decirle: No permitamos que se siga alimentando el odio y el desencuentro. Si al estado extremo de inseguridad que vivimos hoy en nuestro país, le agregamos el fomento del odio, crispaciones y divisiones que este régimen incentiva entre los argentinos, poniendo la historia y la educación al servicio de la ideología, estaremos más cerca de volver a la pesadilla del pasado, en vez de lograr la pacificación y concordia para un desarrollo en seguridad física y jurídica.
Especialmente, esta reflexión va para los más jóvenes, ya que 28 años de propaganda oficial distorsionando la verdad de las décadas del 60 y 70, provocó que dos generaciones enteras crecieran en el engaño y especialmente en la confusión, germen de los desencuentros y enfrentamientos. Pero claro, sin dejar de lado a los no tan jóvenes, que han olvidado lo vivido o vendieron su memoria al oportunismo.
Está en nuestras manos próximamente, elegir seguir mirando sesgadamente el pasado o apostar al futuro con la dignidad que las circunstancias requieren. Juntos cerremos las heridas. No transmitamos a las nuevas generaciones la angustia del pasado para que puedan crecer en paz y armonía.
No quiero concluir sin agradecer a mi familia, que me acompañó sin claudicaciones a lo largo de mi agitada vida de servicio, y especialmente en estos últimos 7 años como prisionero político, siendo el pilar fundamental de mi sostenimiento espiritual.
A mis amigos que nunca me abandonaron.
A los miles de ciudadanos argentinos y extranjeros de todas las edades, conocidos y desconocidos, que me hacen llegar su apoyo y aliento en la convicción de una pronta y justa solución.
A los miles de hombres y mujeres que han servido bajo mi mando en el Ejército, en la paz y en la guerra, y a los que no lo han hecho, que por diferentes modos me hacen saber de su presencia y disposición.
A mis defensores oficiales, que les tocó en suerte llevar adelante una defensa compleja en notoria desventaja. No obstante lo hicieron con valentía y profesionalidad.
Por último al pueblo de esta querida Patria:
Que jamás nos volvamos a enfrentar en forma sangrienta entre argentinos, porque si la guerra en sí ya es irracional, eso se potencia más cuando un argentino combate contra otro argentino.
Ruego a Dios por las almas de las vidas truncadas en esas décadas y para que lleve a sus familiares paz y consuelo.
Que la justicia sea el camino de la verdad y el encuentro, para que la confusión de paso a la lucidez.
Chaco, República Argentina
15 de mayo de 2011
María Fernanda y María Cristina Viola. A la edad de cinco y tres años, respectivamente, el ERP les disparó a la cabeza y por la espalda. Un balazo a Fernanda, que sobrevivió después de varias intervenciones quirúrgicas; y tres a Cristina que falleció en el acto. Junto con ellas, asesinaron, también por la espalda, a su padre Humberto Viola, Capitán del Ejército Argentino. En Tucumán, 1.12.1974. Ver artículo en la barra lateral.
Mary Anastasia O'Grady
The Wall Street Journal
Martes 04 de enero de 2011 - Publicado en edición impresa
La justicia no es asegurada fácilmente en ninguna parte del mundo. Pero en la Argentina hoy está fuera del alcance incluso mencionar en público a las víctimas del terrorismo de izquierda de los años 70, y menos hacer un esfuerzo para obtener para ellas o sus familiares un día en un tribunal judicial.
Inténtelo y, probablemente, sea etiquetado por la izquierda argentina como un amigo fascista del ex gobierno militar. El políticamente correcto sabe que se supone que los que fueron tratados brutalmente por los guerrilleros que alguna vez Perón llamó "juventud maravillosa" deben ser borrados de la memoria nacional.
La abogada de 35 años y defensora de los derechos humanos Victoria Villarruel rehúsa cooperar. Fundó el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, en la Argentina (CELTYV), con la misión de documentar los miles de crímenes terroristas cometidos entre 1969 y 1979. Cree que arrojar luz sobre esa década oscura puede ayudar a asegurar un futuro más justo para todos los argentinos.
Todo el mundo conoce la historia de cómo los militares argentinos tomaron el poder en 1976 y procedieron a aplastar a los movimientos subversivos con crueldad. Sus abusos de poder fueron legión, y en 1983, finalmente, dieron un paso al costado en medio de la hiperinflación y el caos económico.
Pero la Argentina vivió otra tragedia antes y, en algunos casos, un tiempo después de que los militares tomaran el poder. Fue una ola de carnicería y destrucción causada por bandas de guerrilleros inspirados por Castro que buscaban tomar el poder aterrorizando al país. Sus acciones provocaron un caos que llevó al golpe militar.
Sin embargo, debido a la deshonrosa caída del gobierno militar, los terroristas y sus simpatizantes han tenido éxito en volver a escribir esta historia, al describir solamente los crímenes de sus enemigos uniformados. Algunas personas que son actuales o ex integrantes del gobierno de Kirchner, otros que son congresistas y otros que trabajan en los medios fueron integrantes bien conocidos de organizaciones subversivas.
En una entrevista realizada en noviembre, en Buenos Aires, Villarruel me dijo que ni siquiera los políticos de la oposición hablan de las víctimas de los terroristas porque se ha vuelto tabú hacerlo. El Estado, según dice, los trata como si nunca hubieran nacido. Un resultado es que una generación de argentinos ha crecido sin conocimiento de la historia completa de esos tiempos de terror. El punto de vista de Villarruel es que la verdad y justicia sean reconocidas.
Su libro de 2009 (Los llaman "jóvenes idealistas") es un paso hacia ese objetivo. Documenta con fotografías y recortes de prensa la devastación que los terroristas le causaron a su propia gente. "A vencer o morir", el lema del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), aparece en una foto como un grafiti garabateado en un camión.
En el libro, hay fotos de algunas de las miles de víctimas: bebes, adolescentes, diplomáticos, empresarios, jueces, policías. Algunos fueron secuestrados y asesinados. Otros quedaron lisiados porque estaban cerca cuando explotó una bomba. Reclutaban menores para los ejércitos revolucionarios. Todo valía para los rebeldes que buscaban rehacer su mundo a través de la violencia. Villarruel describió el trabajo de su centro sobre el terrorismo, basándose en artículos de diarios y conversaciones con familiares y testigos. Muchos, según afirmó, siguen teniendo temor a las represalias.
Me dijo que el centro ha logrado dar nombre a 13.074 víctimas de los terroristas. Esos son totales preliminares. Villarruel está tan preocupada por la precisión de su trabajo que hizo que fuera auditado en forma independiente dos veces. Prevé que los recuentos finales estarán terminados a mediados de este año.
Es interesante señalar que la cantidad de casos presentados ante tribunales contra el gobierno militar con acusaciones de abuso de poder son menos de 9000. Mientras tanto, la justificación del gobierno de Kirchner para desestimar a las víctimas del terrorismo de izquierda es el argumento de que fueron víctimas de crímenes comunes y que sus perpetradores ahora están amparados por la prescripción. Pero Villarruel dice que su investigación demuestra que las víctimas fueron civiles atacados por movimientos guerrilleros en una despiadada búsqueda del poder. Si es verdad, no habría prescripción de acuerdo con la Convención de Ginebra de 1949, ratificada por la Argentina.
Villarruel escribe que, al estudiar el terrorismo de los años 70, nunca entendió "las razones por las que un grupo, atribuyéndose a sí mismo la representación popular, decidió asesinar a su propia gente, alegando una supuesta causa justa y la necesidad política". Es igualmente difícil entender por qué los argentinos han permitido que esos villanos controlen ese pasado y disfruten de impunidad legal.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338551
Agustín Laje Arrigoni
Las fichas ya fueron arrojadas y el panorama en el tablero de juego es claro; los juicios contra militares que participaron en la represión antisubversiva parecen ser cosa de todos los días desde la anulación de las leyes e indultos de pacificación (que habían beneficiado tanto a militares como a guerrilleros) dictadas por los ex presidentes Reinaldo Bignone, Raúl Alfonsín y Carlos Menem.
La explicación que dio la Corte Suprema de Justicia fue que en los "años de plomo" las FF.AA y de Seguridad cometieron delitos de lesa humanidad, los cuales, como sabemos, dejan sin efecto garantías jurídicas como la prescripción, posibilidad de indulto o amnistía, etc. De esta manera se logró reabrir las viejas causas relaciona-das con los años `70 y el Kirchnerismo fundó sobre esto su política de "Derechos Humanos".
Del otro lado del tablero de juego nos encontramos con un grupo de personas que han sido sencillamente borradas de la memoria de los argentinos. Las víctimas del terrorismo subversivo hoy no pueden sentirse sostenidas por los Derechos Humanos pregonados por el oficialismo, simplemente por que para ellos estos derechos parecen no existir. Sus verdugos siguen en libertad, valiéndose de aquellos beneficios que sólo fueron suprimidos contra los militares (violando el principio de igualdad ante la ley). La explicación que nos brinda la Corte Kirchnerista es que la guerrilla no habría cometido delitos de lesa humanidad, ergo los indultos y leyes de amnistía conservan validez para sus integrantes, debido a que sus crímenes no fueron perpetrados desde el Estado, siendo esta una condición supuestamente excluyente según arguyen sus Magistrados.
Sin embargo, lo cierto es que los delitos de lesa humani-dad fueron definidos por la Corte Penal Internacional en el artículo 7º del Estatuto de Roma, aprobado el 17 de julio de 1998, de la siguiente manera: "Se entenderá por Crímenes de Lesa Humanidad cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: Asesinato, exterminio, esclavitud, encarcelación u otra privación grave de la libertad física, tortura (…)". Entre sus considerandos, remarca que "por ataque contra una población civil, se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización".
Resumiendo, para que exista crimen de lesa humanidad debe existir un ataque generalizado o sistemático contra una población civil perpetrado por un Estado o por una organización. En efecto, el delito es definido por las características y alcances de los hechos y no según intervenga o no una fuerza estatal, como intenta sostener erradamente el Procurador General de la Nación, Dr. Esteban Righi.
El terrorismo subversivo constituyó una seria amenaza contra la sociedad argentina y el Estado desde su constitución formal en 1969 y su definitiva derrota en 1979, cometiendo entre estos años la suma de 21.642 atentados, 1748 secuestros y 1501 homicidios, donde el 40% de sus víctimas fueron civiles (datos de la Causa 13). Estas espeluznantes estadísticas dejan a la luz que el ataque guerrillero fue generalizado (cometido contra una multiplicidad de víctimas) y sistemático (llevado a cabo conforme a un plan o política concebida).
Aunque se tomara como válida la errada posición que mantiene la Corte Suprema de Justicia, de que los crímenes de lesa humanidad deben ser necesariamente promovidos desde aparatos estatales, debemos tener presente que gran parte de la preparación militar en materia de guerrilla urbana fue adquirida por Montoneros en el exterior…principalmente en Cuba, El Líbano, Palestina, Nicaragua y Vietnam. Asimismo, la subversión terrorista encontró también apoyo del Estado argentino, especialmente durante la gestión del ex presidente Héctor Cámpora y sus funcionarios vinculados al peronismo revolucionario. Si a confesión de parte relevo de pruebas, basta mencionar que el ex montonero Miguel Bonasso en su libro Diario de un Clandestino cuenta su desempeño en el aparato de inteligencia de la organización terrorista mientras al mismo tiempo trabajaba en el Gobierno Nacional (1973), casualmente el mismo que dictó la irresponsable ley de amnistía y destruyó el aparato judicial para la lucha legal contra el terrorismo. Del mismo modo, el jerarca montonero José Amorín relata en Montoneros: La buena historia que se facilitó un auto oficial del gobierno de la provincia de Buenos Aires para transportar las armas que acabaron con la vida de Rucci.
Los datos expuestos no dejan lugar a duda de que las innumerables aberraciones cometidas por organizaciones terroristas como Montoneros y ERP son realmente crímenes de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles e imperdonables. Si parece injusto que se aplique el concepto de este tipo de delito (redactado en 1998) de manera retroactiva, mucho más injusto resulta que se aplique sólo contra algunos. Sin embargo, los terroristas de la subversión no han sido juzgados aún por las inhumanidades cometidas.
Sus víctimas siguen escondidas en las sombras de una memoria sesgada por la ideología, una verdad contada a medias y una justicia que no llega a sus victimarios.
http://www.lahistoriaparalela.com.ar/2008/08/03/la-lesa-humanidad-y-la-impunidad-para-el-terrorismo/
Termidorianos reproduce un documento que quedará en la historia de los Estados Unidos de América junto a las Declaraciones redactadas por quienes en el siglo de las Luces fundaron esa gran nación-faro de la democra-cia y la libertad, cuya mayor gloria y confirmación de su grandeza lo constituye el hecho de ser fanáticamente odiada por la izquierda mundial. Cada día más reaccionaria, defensora de las dictaduras comunistas que esclavizan a sus pueblos, y legitimadora de todas las bandas terroristas del planeta.
Discurso íntegro del presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, anunciando la muerte de Osama bin Laden (1 de mayo de 2011)
* * * * *
Buenas noches. Esta noche, puedo informar al pueblo estadounidense y al mundo que Estados Unidos ha llevado a cabo una operación en la que ha resultado muerto Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda y terrorista responsable del asesinato de miles de inocentes, mujeres y niños.
Hace casi 10 años, un brillante día de septiembre se oscureció por el peor ataque que el pueblo de Estados Unidos ha sufrido en su historia. Las imágenes del 11-S se han grabado a fuego en nuestra memoria colectiva. Los aviones secuestrados sobrevolando el cielo sin nubes de aquel día, las Torres Gemelas derrumbándose en el suelo, humo negro en el Pentágono, los restos del vuelo 93 en Shanksville, Pensilvania, donde las acciones heroicas de los ciudadanos evitaron mayor destrucción...
Y sin embargo, sabemos que las peores imágenes son aquellas que fueron invisibles para el mundo. El asiento vacío en la mesa. Los niños que se vieron forzados a crecer sin su madre o su padre. Los padres que nunca volverán a sentir el abrazo de un hijo. Cerca de 3.000 ciudadanos se marcharon lejos de nosotros, dejando un enorme agujero en nuestros corazones.
El 11 de septiembre de 2001, en un gran momento de dolor, el pueblo estadounidense se unió. Tendimos nuestra mano a nuestros vecinos, y ofrecimos a los heridos nuestra sangre. Aquel día, no importaba de dónde veníamos, a qué Dios orábamos, o de qué raza o grupo étnico éramos. Nos unimos como una familia americana.
Estuvimos unidos también en nuestra determinación de proteger a nuestra nación y para llevar ante la justicia a quienes cometieron este brutal ataque. Supimos rápidamente que el 11-S fue perpetrado por Al Qaeda, una organización encabezada por Osama Bin Laden, que había declarado abiertamente la guerra a Estados Unidos y se había comprometido a matar inocentes en nuestro país y en todo el mundo. Y así nos fuimos a la guerra contra Al Qaeda para proteger a nuestros ciudadanos, a nuestros amigos y a nuestros aliados.
En los últimos 10 años, gracias al trabajo incansable y heroico de nuestro ejército y nuestros profesionales de la lucha contra el terrorismo, hemos dado grandes pasos en ese esfuerzo.
Hemos detenido los ataques terroristas y fortalecido nuestra defensa de la patria. En Afganistán, eliminamos al gobierno talibán, que había dado a Bin Laden y a Al Qaeda un refugio seguro y un gran apoyo. Y en todo el mundo, trabajamos con nuestros amigos y aliados para capturar o matar a decenas de terroristas de Al Qaeda, entre ellos varios que formaron parte del 11-S.
Sin embargo, Osama Bin Laden no fue capturado y escapó a través de la frontera afgana a Pakistán. Mientras tanto, Al Qaeda continuaba operando y traspasando esa frontera mediante células repartidas por todo el mundo. Y así, poco después de asumir el cargo me dirigí a Leon Panetta, director de la CIA, para pedirle que la captura o muerte de Bin Laden fuera la principal prioridad de nuestra guerra contra Al Qaeda, aún manteniendo nuestros esfuerzos para desbaratar, desmantelar y derrotar toda su red.
Después, en agosto del año pasado, tras años de arduo trabajo desarrollado por nuestro servicio de inteligencia, creímos encontrar la pista de Bin Laden. No estaba nada claro, y ha costado muchos meses llevar a cabo esta operación. Me reuní varias veces con mi equipo de seguridad nacional y ampliamos nuestra información sobre la posibilidad de que Bin Laden estuviera escondido en algún lugar recóndito del interior de Pakistán. Por último, la semana pasada, decidí que nuestro servicio de inteligencia tenía suficientes datos disponibles y autoricé una operación para atrapar a Osama bin Laden y llevarlo ante la justicia.
Hoy, bajo mi dirección, Estados Unidos ejecutó una operación en Abbottabad, Pakistán. Un pequeño grupo de estadounidenses llevó a cabo la operación con extraordi-nario coraje y capacidad. Ningún estadounidense resultó herido. Se tuvo especial cuidado en evitar víctimas civiles. Después de un tiroteo, mataron a Osama Bin Laden y tomaron su cuerpo.
Durante más de dos décadas, Bin Laden ha sido el líder de Al Qaeda y su símbolo, y ha continuado planeando ataques contra nuestro país y nuestros amigos y aliados. La muerte de Bin Laden marca el logro más significativo hasta la fecha en el esfuerzo de nuestra nación por derrotar a Al Qaeda.
Sin embargo, su muerte no significa el fin de nuestro trabajo. No hay duda de que Al Qaeda continuará con sus ataques en contra de nosotros. Debemos permanecer en alerta en nuestro país y en el extranjero.
Al hacerlo, también debemos reafirmar que los Estados Unidos no está - y nunca lo estará - en guerra con el Islam. He dejado claro, al igual que el presidente Bush hizo poco después del 11-S, que nuestra guerra no es contra el Islam. Bin Laden no era un líder musulmán, era un asesino en masa de musulmanes. De hecho, Al Qaeda ha matado a decenas de musulmanes en muchos países, incluyendo el nuestro. Así que su desaparición debe ser bienvenida por todos los que creen en la paz y la dignidad humana.
Con los años, he manifestado en repetidas ocasiones que íbamos a ejecutar operaciones militares dentro de Pakistán si sabíamos que Bin Laden se encontraba allí. Eso es lo que hemos hecho. Pero es importante señalar que nuestra cooperación antiterrorista con Pakistán nos ayudó a saber dónde se escondía. De hecho, Bin Laden declaró la guerra a Pakistán y ordenó ataques contra el pueblo paquistaní.
Esta noche, yo llamé al presidente Zardari, y mi equipo también ha hablado con sus homólogos paquistaníes. Están de acuerdo en que este es un día histórico para nuestras dos naciones. Y en el futuro, es esencial que Pakistán continúe unido a nosotros en la lucha contra Al Qaeda.
El pueblo estadounidense no eligió esta lucha. Llegó a nosotros, y comenzó con la masacre sin sentido de nuestros ciudadanos. Después de casi 10 años de servicio, lucha y sacrificio, conocemos muy bien los costes de la guerra. Estos esfuerzos pesan sobre mí cada vez que, como Comandante Jefe, tengo que firmar una carta dirigida a una familia que ha perdido a un ser querido, o mirar a los ojos de alguien que ha sido gravemente herido durante nuestra lucha.
Así que los estadounidenses conocemos los costes de la guerra. Sin embargo, como país, nunca vamos a tolerar que nuestra seguridad esté amenazada, ni permanecer de brazos cruzados cuando nuestra gente ha sido asesinada. Seremos implacables en la defensa de nuestros ciudadanos y nuestros amigos y aliados. Vamos a ser fieles a los valores que nos hacen ser quienes somos. Y en noches como ésta, podemos decir a las familias que han perdido a sus seres queridos por culpa del terror de Al Qaeda: Se ha hecho justicia.
Esta noche, damos gracias a nuestro servicio de inteligencia y a un sinnúmero de profesionales de la lucha contra el terrorismo que han trabajado incansablemente para lograr este resultado. El pueblo estadounidense no ve su trabajo, ni saben sus nombres. Pero esta noche, ellos sienten la satisfacción de su trabajo y el resultado de su búsqueda de la justicia.
Damos gracias por los hombres que llevaron a cabo esta operación, ya que ejemplifican el profesionalismo, el patriotismo y una valentía sin igual de los que sirven a nuestro país. Y ellos pertenecen a una generación que ha llevado la mayor parte de la carga desde aquel día de septiembre.
Por último, quisiera decir a las familias que perdieron a uno o varios seres queridos el 11-S que nunca hemos olvidado su pérdida, ni vaciló nuestro compromiso de evitar nuevos ataques en nuestro territorio.
Y esta noche, vamos a pensar de nuevo en la sensación de unidad que prevaleció aquel 11 de septiembre. Sé que a veces no parece posible. Sin embargo, el logro de hoy es un testimonio de la grandeza de nuestro país y de la determinación del pueblo estadounidense.
La garantía de seguridad en nuestro país aún no se ha completado. Pero esta noche, volvemos a recordar que Estados Unidos puede hacer lo que se propone. Esa es la historia de nuestra Historia, ya sea la búsqueda de prosperidad de nuestro pueblo, la lucha por la igualdad para todos nuestros ciudadanos, nuestro compromiso de defender nuestros valores en el extranjero, o nuestros sacrificios para hacer del mundo un lugar más seguro.
Recordemos que podemos hacer estas cosas no sólo por la riqueza o el poder, sino por quienes somos: una nación, bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.
Gracias. Que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
Diario EL MUNDO, Madrid, 2 de mayo de 2011