... ha quedado en la historia de la República Argentina como una de sus fechas más infames.
Apenas doce horas después de haber asumido la presidencia arropado por los mandatarios comunistas Allende (Chile) y Dorticós (Cuba), un hombrecillo llamado Héctor José Cámpora, cuyo único mérito para ser candidato títere era su biografía como alcahuete y lacayo de Evita y de Perón, cometió el más abominable crimen que pueda llevar a cabo el presidente de una República: traición al Estado, y a su pueblo, al sacar de las cárceles a 363 terroristas, de los cuales 283 tenían sentencia firme de la Cámara Federal en lo Penal (CAFEPE), y los restantes se hallaban en la fase procesal. El programa electoral del Frente Justicialista de Liberación prometía una Amnistía para presos políticos y sociales, no para terroristas encarcelados por cometer secuestros, atracos a bancos, atentados con explosivos, unos ochocientos homicidios y el copamiento de dos unidades del Ejército: la Guarnición de Campo de Mayo y el Batallón de Comunicaciones 141º de Córdoba.
Era impensable que una medida de tal calado se tomara sin la autorización de un Perón que desde 1971 alentaba y recibía en Madrid a las "formaciones especiales" del Movimiento con las que pretendía presionar al Gobierno militar "de facto" presidido por el general Lanusse para que autorizara su retorno al país, pero ello no elimina la responsabilidad del vicario Cámpora en el desarme antiterrorista del Estado. Personas del entorno de Perón dijeron que se enfureció al conocer esta medida y mantuvo una crispada discusión telefónica con Cámpora. Tal vez hubiera querido amnistiar solamente a los montoneros pero no a los marxistas del ERP y de las FAR. Nunca lo sabremos.
A las 00:30 del 26 de mayo Cámpora y sus ministros Esteban Righi (Interior) y Antonio Benítez (Justicia), de acuerdo a lo pactado con los jefes montoneros Firmenich, Perdía y Galimberti durante la campaña electoral, firmaron el Decreto 11/73 de Indulto. A las 02:00 horas fueron liberados los primeros terroristas (180 de la cárcel de Villa Devoto). A las 03:00 de esa frenética madrugada, el flamante Gobierno filo-montonero derogó el artículo del Código Penal que condenaba con reclusión perpetua y/o pena de muerte el asesinato de jueces, fiscales y miembros de las FFAA y de seguridad; disolvió por decreto-ley 20.509 la Cámara Federal y ordenó retirar la custodia policial a sus jueces, lo que provocó que seis de ellos se exiliaran, dos sufrieran atentados fallidos, y otro (Jorge Vicente Quiroga), fuera asesinado por el ERP-22 el 28 de abril de 1974. El 27 de mayo el Congreso de la Nación formalizó el Indulto con la ley 20.508 de Amnistía para todos los terroristas encarcelados, pasando a ser el primer Parlamento de la historia universal que aplicó una ley 24 horas antes de sancionarla. Su increíble y criminal artículo 1º consagró la impunidad para los delitos "perpetrados por móviles políticos, sociales, gremiales o estudiantiles antes del 25 de mayo de 1973... cualquiera sea el bien jurídico lesionado". O sea: incluidos los homicidios.

Como era de esperar, la Amnistía fue interpretada por los terroristas como una rendición del Estado, cuyo mayor gesto de complicidad fue enviar aviones de Aerolíneas Argentinas a distintas provincias para que todos los criminales liberados fueran homenajeados en Buenos Aires por sus seguidores. Apenas tres días después, el Gobierno filo-montonero presidido por Cámpora estableció relaciones diplomáticas con la Cuba castrista que llevaba años entrenando terroristas argentinos, y que en 1963 organizó la guerrilla cubana-argentina del EGP en Salta bajo el mando de los apátridas y mercenarios Ernesto Guevara Lynch y Jorge Masetti; tal como reconoció oficialmente el Gobierno cubano en 2005, cuando Fidel Castro pidió a Néstor Kirchner la repatriación de los restos del capitán Horacio Peña Torres ("Hermes") muerto en combate con efectivos de la VII Agrupación de la Gendarmería Nacional en la Colonia Santa Rosa, de Orán, Salta. Pocos horas antes, este militar cubano había matado en combate al gendarme Juan Romero. Asimismo, se establecieron relaciones diplomáticas con los Estados comunistas de Vietnam del Norte, Corea del Norte y la República Democrática Alemana.

Clarín, 29 de mayo 1973. Cámpora entre Allende y Dorticós
El día 29, los montoneros fueron autorizados por Righi a formar una custodia presidencial paralela a la oficial (como los terroristas del MIR en el Chile de Allende); a copar organismos nacionales y municipales en nombre del "Poder Popular" (ministerios, hospitales, universidades, mercados de abasto, etc.) y lograron que Righi no confiara la seguridad del 20 de junio (retorno de Perón) en Ezeiza, a la Policía Federal, porque querían desbordar con sus columnas de la JP a los fachos de la "Patria Peronista" a las órdenes del ex coronel Osinde, jefe de seguridad de Perón. Por todo ello, Righi pasaría a la historia como "el ministro del Interior de los montoneros", y aquel Gobierno sentó la doctrina, hoy consagrada oficialmente por el régimen post-Montonero de los Kirchner, de justificar y enaltecer al terrorismo de izquierda con "motivaciones políticas" o "populares". Cristina Fernández de Kirchner militó en el Frente de Agrupaciones Eva Perón, rama universitaria "política" de las terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias fundadas en La Habana en 1967. A partir del 12.10.1973, fecha en que las FAR se disolvieron para ingresar en Montoneros, militó en la Juventud Universitaria Peronista, aparato "político" de Montoneros. Néstor Kirchner, por su parte, primero militó en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN), uno de los grupos de la llamada "Tendencia Revolucionaria" controlada por Montoneros, y posteriormente ingresó en la citada JUP donde conoció a Cristina.

De izqda a dcha: terroristas montoneros Jorge Bernetti, Elvio Vitali y Ricardo Nudelman con Héctor Cámpora y Esteban Righi. Durante su exilio en México.
¿Por qué la Amnistía supuso un delito de alta traición al Estado y a la Nación? Porque, además de la impunidad penal, permitió que los jefes terroristas recompusieran las estructuras orgánicas y crearan aparatos militares y/o "brazos armados del Partido" que según lo previsto en sus estrategias deberían desarrollarse hasta conformar ejércitos guerrilleros regulares como en China y Vietnam. No hubo que esperar mucho para ver los resultados de la nueva etapa: una semana antes del regreso de Perón al país, los jefes de las FAR y Montoneros (Quieto y Firmenich) le desafiaron públicamente en una conferencia de prensa: a pesar de haber un Gobierno constitucional y con amplio apoyo popular declararon que "nuestra estrategia sigue siendo la guerra integral, desde la resistencia civil y las movilizaciones, hasta el uso de las armas" (El Descamisado, 12.06.1973). Al mismo tiempo, el jefe del trotskista Ejército Revolucionario del Pueblo (Santucho) propuso crear milicias armadas y prepararse para una guerra civil revolucionaria. En septiembre, durante la presidencia temporal del presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, una compañía del ERP copó el Comando de Sanidad del Ejército en Buenos Aires y mató al teniente coronel Juan Duarte Ardoy, segundo jefe del Regimiento de Infantería "Patricios" que recuperó la unidad. Asimismo, en enero de 1974, bajo la presidencia del general Perón, el ERP llevó a cabo el sangriento ataque a la Guarnición de Azul que motivaría el famoso discurso del general llamando al pueblo argentino a movilizarse para aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal y exterminar uno a uno a los psicópatas asesinos. En marzo una Compañía de Monte del ERP comenzó sus operaciones de guerrilla rural en la provincia de Tucumán alcanzando un despliegue que el Ejército tardaría un año y medio en aniquilar. Montoneros, a su vez, bajo aquellos gobiernos peronistas surgidos de rotundos triunfos electorales, procedió a triplicar el ritmo de sus acciones favoritas: asesinato de sindicalistas peronistas anticomunistas como el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Ignacio Rucci (una "declaración de guerra" a Perón) y secuestros extorsivos de empresarios, mientras sus fábricas clandestinas iniciaban la producción de subfusiles, lanzagranadas y el sofisticado explosivo C4 que utilizaron contra un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea y la fragata Santísima Trinidad de la Armada.
Esta recomposición de fuerzas permitió a la subversión marxista, que incluía a los impostores "peronistas" montoneros, lanzar ataques sistemáticos a las Fuerzas Armadas, conformándose así un escenario de insurgencia o guerra interior que fue complementado con matanzas entre las bandas terroristas de extrema izquierda y la derecha sindical peronista ayudada por la "Triple A". Esa escalada de violencia alcanzaría tal magnitud que, tras la muerte de Perón, el Gobierno presidido por María Estela Martínez tuvo que implantar el Estado de Sitio, ordenar al Ejército que aniquilara la subversión en Tucumán, ilegalizar a Montoneros por el delito de Sedición y, finalmente, extender las operaciones militares de aniquilación a todo el territorio nacional.
Resumiendo, la consecuencia de la Amnistía cómplice y delictiva de Cámpora y Righi (que sorprendentemente no fueron ejecutados por la Triple A antes de que huyeran a México), fue que las oleadas de violencia de las fuerzas militares marxistas contra las fuerzas militares y policiales del Estado, y contra civiles peronistas y anticomunistas en general, crearon una situación que en 1975 era propia de una Guerra Civil: el objetivo estratégico proyectado (así, literalmente) por el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores en su V Congreso fundador del ERP. Conviene aclarar que el concepto de "guerra civil revolucionaria" fue utilizado por Lenin para definir a las guerras civiles originadas por una "guerra de clases". Es decir, cuando la "lucha de clases" pasa del plano político-reformista al militar-revolucionario para la toma del poder y la proclamación de un Estado socialista. En la Rusia bolchevique la guerra civil entre el Ejército Rojo y los ejércitos "blancos" anticomunistas, iniciada tras la victoriosa Revolución de Octubre de 1917, duró tres años.
El paradójico cierre histórico de aquel nefasto 25 de mayo de 1973 es que hoy los marxistas que empujaron al pueblo argentino hacia el abismo de una guerra civil para instaurar su "Patria Socialista" con dictadura de partido único, están instalados en todos los ámbitos del poder y dando lecciones de democracia y derechos humanos; mientras que los combatientes del Estado que la evitaron, al precio de 551 bajas mortales, están presos gracias a la interpretación manipuladora y sectaria de la IV Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma llevada a cabo por el Procurador General, Righi (¡siempre Righi!) y tribunales civiles sin competencias para juzgar a militares y policías por sus actuaciones en tiempos de guerra.
Por todo ello, es de justicia exigir la suspensión definitiva de estos juicios políticos y la excarcelación con reparaciones de quienes impidieron que apátridas mercenarios convirtieran a la República Argentina en una colonia soviética como Cuba en el contexto de la guerra revolucionaria iniciada por las izquierdas en 1969.
O en su caso, si insisten en aplicar la tipificación de "crímenes de lesa humanidad", procesar también a los antiguos terroristas que hoy ocupan cargos públicos y oficiales; y a los comandantes del Ejército y Conducción Nacional de Montoneros, Mario Roberto Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía responsables de atacar y aterrorizar a la población civil durante once años mediante centenares de secuestros y homicidios, y cuya bochornosa impunidad constituye tanto un insulto a las familias de sus víctimas y a una sociedad que se pretende civilizada, como la denigrante evidencia de una justicia sin venda ni balanza.
Hoy la propaganda kirchnerista ha demonizado a los combatientes del Estado en escuelas primarias, colegios secundarios, universidades y televisiones copadas como ayer, mientras dedica calles, plazas, autopistas, parques de la memoria y "muros de la vergüenza" al criminal Cámpora y a los "jóvenes idealistas"; pero la Historia, que está más allá de contingencias políticas y doctrinas jurídicas truchas, acabará rehabilitando y honrando a quienes evitaron una guerra civil generalizada y defendieron la soberanía de la Nación agredida militarmente por el Estado cubano y sus mercenarios argentinos en aquellos años de "Guerra Fría" entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Y todo ello en cumplimiento de una contraofensiva antiterrorista ordenada por un Gobierno constitucional que el pueblo argentino reclamaba y apoyó. Sin reservas... y con alivio.
Jorge Fernández Zicavo
25 de mayo de 2010
Horacio Vázquez-Rial
El título de este artículo es el de una canción patriótica argentina que cantaba Carlos Gardel y que alude al amanecer del 25 de mayo de 1810, día de la discreta revolución que llevó a la independencia del país "en nombre de Fernando VII", de la que se cumplen ahora 200 años.
Como la celebración del bicentenario de las independencias iberoamericanas está resultando una payasada burocrática, parece útil contar cómo fue aquello, al menos en los estrechos márgenes de un artículo. Empecemos por decir que lo de conmemorar ahora el bicentenario del nacimiento de veinte naciones es producto de un acuerdo. Ciertamente, Argentina o México toman como referencia 1810, aunque la independencia efectiva de esos países no se haya concretado hasta 1816, en el primer caso, y hasta 1821, en el segundo. Haití ya era independiente en 1808 (a Bonaparte le traía sin cuidado América, por eso vendió la Luisiana a Jefferson sin vacilar, y para lo que les sirvió a los haitianos ese adelanto en el calendario...); Venezuela no fue reconocida hasta 1845, y Colombia hasta 1819, pese a que ambas fijan la fecha en 1810, cuando no eran sino las Provincias Unidas de Nueva Granada.
Las cosas se pueden contar de muchas maneras, y los Estados (no necesariamente naciones) se han dotado de una mitología propia desde el principio. Una de las primeras medidas de la Junta Revolucionaria de Mayo en el Río de la Plata fue encargar al dominico Julián Perdriel –hasta hacía poco hombre próximo al virrey Liniers– la redacción de una historia de esas provincias. Perdriel no hizo sus deberes y la tarea fue encomendada entonces a uno de sus promotores más activos del movimiento, el deán Gregorio Funes, rector de la Universidad de Córdoba por designación de Liniers, virrey que fue asesinado al estilo que después sería sello de las desgracias de la república: fusilamiento en un lugar remoto y entierro en una tumba anónima. El primer desaparecido de la historia argentina.

Funes completó su tarea en 1817, un año después de la declaración formal de la independencia: tres volúmenes con el título de Ensayo de la Historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán. La obra se conservó de una manera extraña: César Rodney, encargado de negocios de los Estados Unidos en el Río de la Plata, la tradujo al inglés. En 1869 Antonio Zinny, historiador, descendiente de húngaro y árabe, nacido en Gibraltar en 1821 y emigrado a Buenos Aires en 1842, tras comprobar que no existía copia de la versión castellana original, la retradujo y la amplió hasta 1828, añadiendo de su propia cosecha una década más. Dice Miguel Ángel Scenna que con Funes comenzó la "leyenda negra de los tres siglos de dominación hispana, en forma de rebelión intelectual contra la tradición peninsular", y a su vez "esa literatura de guerra justificaba y daba brillo a lo acontecido el 25 de mayo. Y de eso se trataba".
Al decir más arriba que la de Mayo fue una revolución discreta me refería al hecho innegable de que no fue lo que se entiende por un movimiento popular. Por el contrario, fue una acción de las élites. Liniers fue el único virrey elegido popularmente y ratificado a posteriori por Carlos IV, al ponerse en cabeza de la resistencia contra dos intentos de invasión británicos, las llamadas Invasiones Inglesas. Como toda la clase dirigente de la ciudad de Buenos Aires recibió encantada a los ingleses y el virrey Sobremonte (bisabuelo de don Miguel Primo de Rivera) prefirió ponerse a salvo con los caudales del cabildo, Liniers, que se encontraba en Montevideo, organizó la reconquista de la ciudad con éxito en 1806 y preparó su defensa en 1807, también con excelentes resultados, reclutando a la tropa entre los civiles de la zona, de todas las clases y condiciones, incluidos negros esclavos (que así accedían a la libertad) y gauchos trashumantes. Constituyó así un ejército de corte democrático y se hizo enormemente popular. No lo sabía Liniers, hombre leal a España hasta la muerte –y no es metafórico–, pero aquellas acciones enseñaron a la clase dirigente que poseía el poder de defenderse por sus propios medios, en un ejercicio de soberanía.
El problema es que esa clase dirigente, la de los criollos y los peninsulares emigrados, no estaba nada contenta con el triunfo de Liniers, porque lo que deseaban era libertad de comercio, lo que en la época se traducía en derecho a comerciar con Gran Bretaña. En Londres, la cuestión se venía debatiendo en forma explícita desde al menos la década de 1770, como revela el Plan Maitland, publicado por Rodolfo Terragno y disponible fragmentariamente en internet, que San Martín materializó puntillosamente.
Había dos teorías: la de la conquista lisa y llana de los territorios españoles, que fracasó precisamente con las invasiones de 1806 y 1807, y la de la promoción de la independencia para abrir aquellos "reinos y provincias" al libre tráfico. Señalo lo de "reinos y provincias" porque la Indias jamás fueron colonias en el sentido actual de término: ni una sola vez en el inmenso corpus de las Leyes de Indias se emplean los términos colonia y factoría. Y fue el ser reinos y provincias lo que permitió la formación de élites locales, germen de las clases dirigentes de las nuevas naciones, los revolucionarios.
El pueblo llano estaba con Liniers y con el Rey. Mariano Moreno, impulsor principal del movimiento de Mayo de 1810, era perfectamente consciente de ello. Dice en su Plan de Operaciones que hay que actuar siempre en nombre de Fernando VII:
Últimamente, el misterio de Fernando es una circunstancia de las más importantes para llevarla siempre por delante, tanto en la boca como en los papeles públicos y decretos, pues es un ayudante a nuestra causa el más soberbio; porque aun cuando nuestras obras y conducta desmientan esta apariencia en muchas provincias, nos es muy del caso para con las extranjeras, así para contenerlas ayudados de muchas relaciones y exposiciones políticas, como igualmente para con la misma España, por algún tiempo, proporcionándonos, con la demora de los auxilios que debe prestar, si resistiese, el que vamos consolidando nuestro sistema, y consiguientemente nos da un margen absoluto para fundar ciertas gestiones y argumentos, así con las cortes extranjeras, como con la España, que podremos hacerles dudar cuál de ambos partidos sea el verdadero realista; estas circunstancias no admiten aquí otra explicación.
Es decir, que las Provincias del Río de la Plata se independizaban de España en nombre del Rey, porque era la única manera de hacer tragar a la plebe el proyecto. El documento de Moreno es estremecedor, propio de un jacobino completamente identificado con lo peor, lo más sanguinario y perverso del Terror revolucionario francés. No en vano había ido preparando el ambiente: llegó incluso a tomarse el trabajo de traducir El contrato social de Rousseau. Felizmente, había elementos de contención a su alrededor. Quien se tome el trabajo de leer el texto completo, verá con qué notable desparpajo confiesa las relaciones del movimiento con Gran Bretaña, cuya ayuda elogia y para la cual propone como primera compensación la entrega de la isla de Martín García, situada en medio del Río de la Plata y de una importancia estratégica clarísima.
De modo que lo que ahora se conmemora no es exactamente la independencia de los reinos y provincias de ultramar respecto de la metrópoli, España, sino el paso de esos territorios del control formal español al control informal, pero mucho más efectivo y barato, de los británicos. Lo que no significa que España no haya sido a lo largo de estos dos siglos una potencia influyente: aún en 1912, la electricidad en la Argentina estaba en manos de un tal Francesc Cambó...
El resultado de todo aquel movimiento fue el surgimiento de Estados no siempre viables, una serie interminable de luchas intestinas y la multiplicación de dictadores de todo pelaje, lo que hizo escribir a Bolívar, en fecha tan temprana como 1830, en carta a Juan José Flores:
Ud. sabe que he mandado veinte años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos:
1. La América es ingobernable para nosotros.
2. El que sirve una revolución ara en el mar.
3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar.
4. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas.
5. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos.
6. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América.
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Libertad Digital - Suplementos
19.05.2010
Jorge Fernández Zicavo
(Post actualizado 05.05.2014)
Las circunstancias que rodearon a las dos Contraofensivas lanzadas por la Conducción Nacional de MONTONEROS, en manos de la "troika" Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía en 1979 y 1980, son bien conocidas; tuvieron amplia repercusión judicial y mediática con la Causa instruida por el juez Claudio Bonadio, e incluso una serie televisiva se ocupó de ellas en 2007.
Básicamente, se trató de una operación diseñada para librarse de sus opositores y quedarse con los cincuenta millones de dólares depositados en Cuba, sobrantes de los ochenta que se llevaron del país en su bochornosa huida de 1976. Ante la evidencia de que la Guerra Popular estaba definitivamente perdida, los comandantes comenzaron a planificar su futuro. Al menos uno a corto plazo, en el que apostaban por una superación "nacional-popular" de El Proceso neoliberal-videlista, liderada por un Massera que les ofrecía cuotas de poder en su proyectado Partido para la Democracia Social y en su diario Convicción que se fundaría en agosto de 1978. A cambio, Massera pedía que le organizaran el PDS y no operaran durante el Mundial de Fútbol de 1978 cuya organización había sido encomendada a la Armada.
A pesar de ese proyectado pacto político que Massera ofreció a Firmenich en un encuentro celebrado en París, los montoneros operaron en el Mundial y atacaron con lanzagranadas el edificio de la ESMA. No obstante, durante la contraofensiva de 1979, sus combatientes entraron en Argentina con pasaportes falsos, facilitados por la Inteligencia naval y operaron contra objetivos funcionales a los planes políticos de Massera.
Los contactos entre Massera y MONTONEROS venían de lejos; "Desde los últimos meses del gobierno de Isabel Perón"; precisó el montonero Jorge Falcone en su artículo "Montoneros, hijos del 55". (Google, descargar PDF)
Además, Falcone recordó que esas relaciones fueron reconocidas por el jefe de la Inteligencia montonera, Rodolfo Walsh, en su famoso Informe presentado a la Conducción Nacional el 2 de enero de 1977, "Aporte a una hipótesis de Resistencia".
En un apartado dedicado a proponer que MONTONEROS ofreciera públicamente al gobierno de las FFAA una paz negociada, Walsh sugería algunos argumentos que podrían citarse como ejemplos de la sincera vocación de paz mantenida siempre por la organización, si "el enemigo ignoraba o rechazaba el ofrecimiento de paz".
El punto que nos interesa dice textualmente:
"Reiteradamente Montoneros ha ofrecido la paz a las FFAA como lo demuestran el Operativo Dorrego, las relaciones sostenidas con los generales Carcagno, Anaya y Dalla Tea, las conversaciones con el Almirante Massera, y las negociaciones con el General Harguindeguy tras la detención de Roberto Quieto" (números dos de la Conducción Nacional)
En resumidas cuentas: Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdía contemplaron la posibilidad de una alianza política con el Almirante Emilio Eduardo Massera, que para entonces ya había ejecutado a 4.000 montoneros. Simples soldados o "perejiles" que ignoraban la estructura profunda de su organización; porque los y las "oficiales", en cuanto llegaban a la ESMA se convertían en prolíficos delatores, interrogaban a los prisioneros junto con los marinos y confeccionaban diariamente "resúmenes políticos" de la prensa para Massera. Algunos incluso, terminaron ingresando en la Armada y en la SIDE; y algunas se convirtieron en amantes de sus captores, y hasta en sus esposas.

Reunión de la Conducción Nacional de Montoneros en La Habana. Fueron allí para participar en Festival Mundial de la Juventud inaugurado el 10 de agosto de 1978. En esta reunión se concedieron condecoraciones a oficiales que participaron en atentados durante el Mundial de Fútbol en Buenos Aires, y se acordó iniciar la Primera Contraofensiva. Horacio Mendizabal fue capturado y ejecutado en 1979. Raúl Clemente Yaguer murió en Córdoba en 1983 resistiendo captura. Horacio Campiglia fue capturado y ejecutado en 1980.
Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja les desearon mucha suerte y regresaron a su dorado exilio itinerante entre Roma y Madrid. Actualmente Firmenich reside en Barcelona como un respetable profesor universitario; Perdía en Buenos Aires dedicado a la abogacía y a la política; Vaca Narvaja en Bariloche como Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Río Negro.
Para más fotografías de esta reunión y declaración de la Primera Contraofensiva: "Evita Montonera", Nº 23, Enero 1979, páginas 13 a 18.
Con la Primera Contraofensiva, 1979 sería el último año en que los restos del Ejército Montonero operaría en Argentina tras ser arrasado en el país por la Inteligencia militar, y en el exterior por una feroz lucha entre facciones, que culminó con la petición de un Juicio Revolucionario a Juan Gelman, Rodolfo Galimberti y otros 'cuadros' importantes, por oponerse a la Contraofensiva y hacer pública la reunión de Firmenich con Massera. También, por el eficaz trabajo desestabilizador llevado a cabo por los prisioneros montoneros "doblados" en la ESMA que la Armada envió a Madrid, París y México para infiltrarse entre los exiliados: Pilar Calveiro, Graciela Daleo, Sara Solars de Osatinsky, Martín Grass o Juan Alberto Gasparini, entre otros muchos, que hoy son bien pagados activistas por los Derechos Humanos y miembros o satélites del gobierno Kirchner.
A mediados de 1979, terroristas de la Columna 34º de las TEI (Tropas Especiales de Infantería), entraron al país con los mencionados pasaportes falsos proporcionados por la Armada. Estos oficiales, junto con montoneros "doblados" o "recuperados" en la ESMA, operaban en el Centro Piloto de París: una oficina de Prensa y Relaciones Públicas dedicada a promocionar en Europa al Almirante "socialdemócrata" que proponía convocar elecciones y criticaba las "desapariciones" de las que hacía únicos responsables al Ejército y a la Fuerza Aérea.
A continuación, se relatan someramente los tres atentados llevados a cabo por las TEI entre septiembre y noviembre de 1979. Todos sus miembros eran combatientes experimentados que habían operado en Argentina entre 1970 y 1976; en la guerra del Líbano gracias a un acuerdo con la OLP de Yassir Arafat; y en Nicaragua junto a los sandinistas con la Brigada "Gral. San Martín" al mando de Firmenich y Vaca Narvaja.
"Evita Montonera" Nº 25.
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27 de septiembre de 1979
Olivos, Provincia de Buenos Aires.
La familia integrada por Guillermo Walter Klein, su esposa, y cuatro hijos con edades comprendidas entre 6 y 13 años, estaba desayunando en su chalet de la calle Catamarca 2740 del residencial barrio de Olivos. En el exterior, dos efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires custodiaban la vivienda, pues el abogado Klein era Secretario de Programación del Ministerio de Economía. Un cargo técnico, no político, pero el objetivo de la Conducción Nacional montonera, y de Massera, era el equipo económico videlista, dirigido por el Ministro Martínez de Hoz.
Fue entonces cuando irrumpió en la casa un comando de las TEI vestidos con falsos uniformes policiales de fajina, que entabló un intenso tiroteo con los policías, Cabo Hugo José Cardacci y Agente Julio César Moreno, que se refugiaron en la cochera. Estaba previsto que la operación contra el Sr. Klein fuera simultánea a otra contra el Secretario de Estado de Hacienda, Juan Alemann, que no pudieron efectuar ese día. Alemann desempeñaba funciones técnicas, como Klein, pero ambos fueron elegidos como blancosporque al ser cargos oficiales de segundo nivel tenían una ínfima custodia policial; la de Alemann se limitaba a un Agente.
Una vez en el interior, el comando dirigido por el oficial superior Raúl Clemente Yaguer, colocó 15 kilos de explosivo plástico C.2 y huyó tras dejar en libertad al personal doméstico.
Unos segundos después se produjo la explosión, ocasionando el derrumbe total de las dos plantas. La madre y tres de los hijos se salvaron milagrosamente debido a que unas vigas crearon una especie de cubículo sobre ellas. El Sr. Klein y su hija Marina, de 13 años, corrieron peor suerte pues fueron sepultados por la bóveda del techo, a pesar de lo cual, después de ocho horas, los bomberos (en una tarea televisada seguida por un país estupefacto ante semejante horror) pudieron rescatarlos sin heridas de especial gravedad. Los dos policías, también sepultados, murieron por asfixia.

Un año antes, MONTONEROS había volado la casa del almirante Lambruschini, matando a su hija Paula de 15 años. Y tal vez ya nadie recordara mientras veía esas imágenes, que en 1960 otros terroristas peronistas, los Uturuncos, volaron otra casa, también con un matrimonio y sus cuatro hijos dentro, matando a Guillermina Cabrera de 3 años. Notable pasión exterminadora de niños, esta de los valientes jóvenes idealistas. Tampoco dudó el ERP en volarles la cabeza con un escopetazo a quemarropa a las hermanitas Viola, de 3 y 5 años, en 1974; ni la montonera Estela Inés Oesterheld en descargar su "metra", en 1977, sobre Juancito Barrios, también con esa fatídica edad de 3 años que el azar se empecinaba en repetir.
Afortunadamente, muy pocos días después, el pueblo argentino pudo librarse de aquellas bestias asesinas, que no dudaron en enterrar vivos a seis inocentes tras atarles prolijamente manos y pies, cuando cayeron bajo las balas policiales al resistir la captura. El sanguinario Yaguer, responsable de decenas de asesinatos, incluida la carnicería de once militares desarmados, entre ellos nueve soldados conscriptos, en el ataque diseñado por él y Walsh al Regimiento de Infantería 29º de Formosa, el 5 de octubre de 1975, correría igual suerte en 1983 al intentar eludir a balazos un control policial en Córdoba. Conviene recordar que a cinco de los soldados, los "heroicos combatientes populares" los ametrallaron mientras dormían, y a los cuatro restantes los despedazaron con granadas cuando se duchaban.
Ver:
http://termidorianos.blogspot.com.es/2010/10/montoneros-reg-29-infanteria-de-monte.html
María Klein, 12 años, niña argentina sin derechos humanos
Aunque el cadáver de Yaguer fue entregado a su familia y no figura en el listado de la Conadep, es honrado en el Parque de la Memoria dedicado a... "detenidos-desaparecidos", inaugurado en 2007 por Nestor Kirchner. Su familia fue indemnizada con 224.000 Dólares
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También tenían previsto asesinar al Sr. Juan Alemann ese mismo día, pero éste, al enterarse por la radio del atentado contra la familia Klein, cambió la ruta que seguía habitualmente y se dirigió al domicilio de su colega.
Sin embargo, los montoneros siguieron controlándole, y el 7 de noviembre un pelotón de las TEI acorraló su automóvil blindado en la esquina de las calles Zabala y Obligado (barrio de Belgrano), y desató una enorme potencia de fuego mediante unos cien disparos de FAL y una granada Energa que sólo destruyó el radiador del auto. El Sr. Alemann tuvo tiempo de arrojarse al suelo y resultó ileso. El policía de custodia, de apellido Miño, recibió dos balazos (en la cara y en el hombro), y su chofer (Candellini) sufrió algunos cortes por los cristales rotos.

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El tercer y último atentado de la Contraofensiva se produjo seis días después, el 13.11.1979, en la avenida Cerrito, entre Santa Fe y Arenales, cuando un comando de las TEI ametralló el automóvil del empresario Francisco Soldati, y a continuación, arrojo dentro una granada de fósforo causándole la muerte en el acto. También murió su custodio, Ricardo Durán, Cabo 1º de la Policía Federal.
Minutos después, se produjo un tiroteo con un patrullero de la Policía Federal y la explosión de una poderosa bomba que los terroristas transportaban en una camioneta, a consecuencia de lo cual, tres montoneros murieron y dos resultaron heridos. La posterior investigación determinó la identidad de los terroristas muertos: Enrique Horacio Firelli, a quien su padre había denunciado como "desaparecido" en 1976; Remigio Elpidio González, que tras ser "doblado" en la ESMA, en 1978 había sido liberado y autorizado a salir del país; y María Zelmira Videla.
El mencionado Remigio Elpidio González, es honrado en el Muro del Parque de la Memoria inaugurado en 2007 por el presidente Néstor Kirchner. A pesar de haber muerto por la explosión, la Web del Parque le incluye entre los "desaparecidos o asesinados por el terrorismo de Estado", y su familia fue indemnizada por el gobierno Kirchner con 224.000 dólares.
¿Beirut, Madrid, Bagdad? Buenos Aires, Avda. 9 de julio y Santa Fe. Ametralladoras, explosivos, granadas antitanque, muertos, heridos, decenas de peatones cuerpo a tierra... la Argentina de los setenta

En febrero de 1980, la troika montonera envió a Argentina trece combatientes para la Segunda Contraofensiva; todos ellos disidentes con la Conducción Nacional y críticos con los resultados de la Primera. Como ya mencionamos, fueron delatados al Ejército Argentino que los capturó y ejecutó entre marzo y agosto de ese año.
Esos 13 combatientes, y siete colaboradores, fueron:
Ángel Carvajal
Julio César Genoud
Lía Mariana Guangiroli de Genoud
Eduardo Escabosa
Verónica Cabilla
Mónica Susana Pinus de Binstock
Liliana Goldenberg
Lorenzo Viñas
Jorge Adur, capellán del Ejército Montonero
Ernesto Emilio Manuel Ferré Cardoso
Jorge Gullo
Julio Suárez, ex Ministro de Gobierno de San Luis
José Dalmaso López
Ángel Horacio García Pérez
Ricardo Marcos Zucker
Elina Libenson
Míriam Frerchis
Raúl Milberg
Jorge Benítez Rey
Ángel Servando Benítez
Para una investigación exhaustiva sobre la relación Montoneros-Massera recomendamos Montoneros.Soldados de Massera de Carlos A. Manfroni. Editorial Sudamericana.
También:
"Lo que sabía el 601" (Batallón del Inteligencia del Ejército)
Miguel Bonasso, Página 12, 25.08.2002
"Soldados de Perón"
Richard Gillespie, Editorial Grijalbo, pp. 317 a 327
Para una investigación de Termidorianos sobre los montoneros prisioneros en la ESMA que se convirtieron en una "fuerza propia" de Massera a cambio de sus vidas, sugerimos la lectura de este Post.
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Ofrecemos al lector un ensayo sobre la Guerra Revolucionaria que entre 1969 y 1979 conmocionó a la República Argentina dejando unas secuelas traumáticas que permiten calificarla como la etapa más trágica de su historia. Diez años y ocho meses durante los cuales las pequeñas sectas ultraizquierdistas ajenas al "reformista y pro-soviético" PC, en el marco de una estrategia de lucha armada continental proclamada y coordinada por el Estado cubano (OLAS, 1967), declararon la guerra al Estado y a la población civil políticamente indiferente o enemiga de todo lo que oliera a comunismo.
Al Estado, atacando a sus Fuerzas Armadas, policiales y de seguridad, e intentando 'liberar' la provincia de Tucumán para legitimarse como un gobierno insurgente ante los países socialistas, los 'no alineados' y la ONU. A la población civil, aterrorizándola para que al menos no opusiera resistencia a su objetivo estratégico: un régimen de partido único y economía colectivista que llamaban 'Patria Socialista'.
De acuerdo con la estrategia diseñada por los dirigentes argentinos y cubanos, la Guerra Revolucionaria (guerra civil revolucionaria, para el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), se desarrolló en todos los ámbitos: ataques militares a cuarteles y vehículos del Ejército; voladura de buques y aviones militares; ataques a comisarías y vehículos policiales; copamientos de ciudades, fábricas, universidades, emisoras de radio y canales de televisión; secuestros y torturas en dantescas 'cárceles del pueblo'; secuestros de aeronaves con pasajeros, atracos a bancos y camiones de caudales; bombas en supermercados, edificios públicos y en las calles; asesinato de centenares de policías, militares y civiles, más una interminable lista de crímenes que incluyeron el ametrallamiento a sangre fría de niños, como Juancito Barrios y las hermanitas Viola.
De esta lista de acciones terroristas hemos seleccionado como eje del ensayo los ataques a unidades del Ejército, porque demuestran hasta qué punto el país estaba sumido en un estado de guerra o conflicto armado interior, y el grado de desarrollo militar alcanzado por la subversión marxista. El suficiente como para que se atrevieran a operar contra las FF.AA.
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A continuación de la Introducción el lector encontrará los Links para acceder a las Entradas de los ataques y copamientos a siete unidades del Ejército, y el Epílogo que incluye los atentados que sufrieron la Armada y la Fuerza Aérea.
Finalmente se reproducen los listados con los nombres de los 816 civiles, policías y militares asesinados en atentados o muertos en combate. Consta de cinco Entradas:
Civiles - FF.AA. - PFA - PPBA - otras Policías y FF.SS.
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Jorge Fernández Zicavo
INTRODUCCIÓN
La narrativa que la izquierda argentina viene construyendo desde 1984, y especialmente bajo los gobiernos de los ex montoneros Kirchner, se estructura a partir de la desaparición de un periodo histórico para reemplazarlo por un relato fantástico fuera del tiempo y del espacio. Ese periodo (diez años y ocho meses), es la Guerra Revolucionaria destinada a tomar el poder y proclamar una República Socialista con dictadura de partido único.
Con su relato basado en una 'memoria histórica' descaradamente falsaria, las izquierdas armadas borraron sus responsabilidades políticas y penales para poder reinsertarse en una sociedad que era preciso convertir en amnésica. "La represión llevada a cabo por la dictadura militar -sostienen- no estuvo dirigida a aniquilar las organizaciones armadas, sino a militantes populares que se oponían al proyecto económico y social neoliberal de una burguesía aliada al capital internacional y al imperialismo yankee". Ergo: terrorismo de Estado contra pacíficos ciudadanos opositores.
Esta falsificación de la historia real (la verificable empíricamente, sin "memorias"), se manifiesta en unas listas de desaparecidos que no mencionan la Organización donde ejercían esa militancia popular, sino sus profesiones. De este modo, las asociaciones de Derechos Humanos, fundadas por ex integrantes de esas organizaciones subversivas, transforman a los terroristas en médicos, estudiantes, obreros, empleados de banca, "periodista" Rodolfo Walsh y "poeta" Paco Urondo para enseñar a niños y adolescentes que la década del setenta no comenzó el 1 de enero de ese año, sino un 24 de marzo del 76; día en que las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de "un país políticamente estable y socialmente pacífico".
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Gestación de la Guerra Revolucionaria Argentina
La violencia política en la Argentina del siglo XX podría dividirse en cinco etapas.
Una primera, ejercida por inmigrantes socialistas y anarquistas durante huelgas por salarios y horas de trabajo. Operativamente era una violencia individual y esporádica. Podría acotarse esta etapa entre 1900 y 1924. La excepción fue la Semana Trágica de enero de 1919 vinculada a una huelga general manipulada por la anarquista FORA y por el Partido Comunista fundado en 1918 por el inmigrante italiano nacionalizado argentino, Vittorio Codovilla; un cuadro de la Komintern: Tercera Internacional Comunista creada por Lenin para luchar por "la supresión del sistema capitalista, el establecimiento de la Dictadura del Proletariado y de la República Internacional de los Soviets, la abolición de las clases y la realización del socialismo como primer paso a la sociedad comunista".
La segunda fue protagonizada por obreros argentinos y peronistas, que se sumaron a una Resistencia generalizada contra la dictadura militar implantada tras el golpe de Estado de 1955 que depuso al presidente Perón. Era una violencia claramente política, sistemática y con un importante apoyo social; pero no subversiva o revolucionaria, sino desestabilizadora, de desgaste. Una violencia táctica dosificada por el buen estratega político Perón contra el gobierno militar y el posterior de Frondizi, que tenían proscripto electoralmente al Partido Justicialista. Los 'muchachos' de la Resistencia raramente utilizaron armas de fuego; al igual que los anarquistas cometían atentados con explosivos, los famosos 'caños' artesanales. Esta violencia estuvo muy activa entre 1956 y 1959.
La tercera puede acotarse entre 1959-1964 y, a diferencia de las anteriores, no estuvo protagonizada por obreros sino por individuos de clase media, muchos de ellos universitarios. Bajo el influjo de la revolución cubana algunos grupúsculos que apenas pasaban de una veintena de hombres (Uturuncos y el Ejército Guerrillero del Pueblo) abrieron focos guerrilleros rurales que fueron fácilmente desarticulados por la Gendarmería Nacional. Los "uturuncos" eran peronistas influenciados por el marxista Cooke, entonces residente en La Habana; y el E.G.P fue organizado por la Inteligencia cubana. Su instructor militar, muerto en Salta, era un Capitán del Ejército jefe de la custodia del 'Che'.
La cuarta etapa (1965-1968) estuvo dedicada a la 'acumulación': reclutamiento, secuestros, atracos a bancos, y establecer contactos y apoyos en el Cono Sur bajo la dirección de la Junta Coordinadora Revolucionaria fundada durante la OLAS que continuación comentaremos. La JCR estaba integrada por los argentinos Quieto, Mena, Osatinsky y Perdía; el tupamaro uruguayo Sendic, el MIR chileno y el ELN boliviano. Era un Estado Mayor con oficina en La Habana y financiado por el Departamento América: aparato del Comité Central del Partido Comunista de Cuba dedicado a estimular y coordinar la lucha armada en toda América Latina.
El 10 de agosto de 1967 el Primer Ministro Fidel Castro clausuró en La Habana la Conferencia de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) que proclamó el inicio de la "lucha armada por el socialismo y bajo los principios del marxismo-leninismo" en toda América Latina. También se acordó -extraoficialmente, pues la Conferencia fue pública- fundar un Ejército de Liberación Nacional integrado por todas las fuerzas revolucionarias latinoamericanas (denominadas "sectores"), bajo el mando supremo del 'Che' Guevara, quien entonces estaba operando en la selva boliviana con sus 16 militares cubanos y 30 comunistas bolivianos y peruanos.
Integraron la delegación argentina de la OLAS, John W. Cooke, Norma Arrostito, Fernando Abal Medina, García Elorrio, Graciela Daleo, Roberto Quieto, Juan Carlos Cibelli, Luís María Aguirre, Mario Roberto Santucho (que ya había estado en Cuba en 1961), Enrique Gorriarán Merlo, "Joe" Baxter, Rodolfo Walsh, Carlos Olmedo, los hermanos Lewinger, etc.
Durante la Conferencia, Carlos Olmedo y Roberto Quieto fundaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR - Sector 2 del ELN: marxistas-guevaristas) para abrir en la frontera con Bolivia un 'foco' en apoyo del "Che".
Al año siguiente (1968), un pequeño grupo autodenominado Fuerzas Armadas Peronistas (FAP - Sector 8 del ELN: peronistas-marxistas) abrió un 'foco' rural en Taco Ralo, Tucumán, que fue fácilmente desarticulado a las dos semanas por la Gendarmería Nacional.
En abril de 1969 se inició la quinta y última etapa de violencia política; claramente revolucionaria, y que alcanzaría un desarrollo paramilitar entonces inimaginable. Su composición social seguía siendo de clase media, con una importante presencia de estudiantes y licenciados universitarios. Operativamente, esta nueva etapa de violencia sería orgánica, centralizada (la estrategia común hacía que las 'orgas' funcionaran como un todo), y sistemática.
La singularidad histórica del año 1969 puede resumirse en cuatro sucesos que tendrían gran trascendencia.
El 5 de abril se produjo el copamiento de un vivac del Regimiento de Infantería 1 'Patricios' en la Guarnición de Campo de Mayo por un comando terrorista que, aunque la Operación fue perfecta, solo pudo llevarse cuatro fusiles y una pistola pues el día anterior se habían retirado de allí 700 fusiles de asalto FAL. Con esa Operación, 'firmada' un año después por el Frente Argentino de Liberación (FAL - Sector 2 del ELN junto con las FAR, y como ellas, ex militantes del Partido Comunista), irrumpía en el escenario político una Organización de tipo paramilitar que, al atacar al Ejército, declaraba formalmente la guerra al Estado.
Dos meses después (29 de mayo), ocurrió el 'Cordobazo'; un gran ensayo de insurrección urbana organizado durante meses por el marxista 'trotskista' Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT - Sector 1 del ELN) y pequeños grupos que luego se integrarían en las FAL.
Operaciones paramilitares e insurrecciones populares, FAL-Campo de mayo y PRT-Cordobazo; estos dos niveles complementarios de la Guerra Revolucionaria proclamada por la OLAS en La Habana, se habían aplicado según el programa diseñado por la JCR. Al mes siguiente (26.6.69), las FAR (ELN sector 2) sumaron un tercer nivel de terrorismo a gran escala incendiando trece supermercados Minimax en Capital Federal y Gran Buenos Aires; y cuatro días después un comando de Descamisados (ELN sector 8: 'izquierda peronista') dirigido por el marxista Rodolfo Walsh asesinó al más importante líder sindical y peronista del país: Augusto Vandor, Secretario General de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica. La magnitud operacional, encadenamiento, y mensaje político de estos cuatro sucesos: Campo de Mayo, Cordobazo, Minimax, Vandor; y todo en sólo tres meses, no tenían precedentes en Argentina.
La doctrina político-militar de Guerra Revolucionaria fue asumida radicalmente por las organizaciones armadas, y muy especialmente por el Partido Revolucionario de los Trabajadores en los informes leídos por Santucho ante el Comité Central definiendo la línea del partido; y la de su Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) fundado en el V Congreso (junio de 1970) para "encarar la guerra revolucionaria desde una visión latinoamericanista, obrera y socialista".
Una definición modélica por su capacidad de síntesis, pertenece a Luis María Aguirre, uno de los fundadores de las FAL:
"Como militantes de la revolución latinoamericana, nuestra concepción del problema estratégico frente al imperialismo y sus aliados, ha decidido para la Argentina la vía armada como única política posible y eficaz en la marcha hacia la conquista socialista del poder. Política armada que, en unión con aquellas formas legales de lucha que surgen de la vida misma de las masas y que pueden adaptarse a las perspectivas de la Guerra General Revolucionaria, se caracterizará como guerra de guerrillas".
La Guerra Revolucionaria de aquellos años, en definitiva, no puede ser negada y eliminada de la historia argentina como pretende la izquierda psicótica instalada en el delirio de una negación de 'lo real', porque es empíricamente irrefutable gracias a un gigantesco corpus documental al alcance de cualquier ciudadano.
Hemerotecas, bibliotecas, filmotecas, canales de TV y documentales en DVD, archivos, documentos emitidos por las organizaciones terroristas, entrevistas, declaraciones y comunicados, partes de guerra, la correspondencia Perón-Montoneros, los comunicados de la fusión FAR-Montoneros y FAL-ERP; librerías de segunda mano que venden originales de la prensa subversiva; libros publicados por ex terroristas e historiadores de izquierda; en los Cuadernos de Prueba de los juicios a las Juntas Militares; y en las Webs de la extrema izquierda. También la Universidad Popular de la Bonafini imparte cátedras dedicadas a estudiar textos del Che y Santucho, que venden en su Librería junto con el DVD 'Gaviotas Blindadas' realizado por veteranos del PRT-ERP.
Sin embargo, a pesar de estas abrumadoras evidencias, las izquierdas persisten en llamar 'lucha popular' al terrorismo de unas sectas elitistas que la clase obrera y el pueblo en general repudió, y que sus 'comandantes' denominaron durante años Guerra Revolucionaria en unos casos, o Guerra Popular en otros.
Fundación del ERP. V Congreso del PRT, julio de 1970 http://es.slideshare.net/alfredozitarrosa/resoluciones-del-quinto-congreso-del-prt">
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Entradas correspondientes a los nueve ataques y copamientos a unidades del Ejército Argentino ordenadas cronológicamente.
FAL
Vivac del Reg. de Infantería 1 'Patricios' en Campo de Mayo http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/fal-regimiento-de-infanteria-patricios.html"
ERP
Batallón de Comunicaciones 141
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/http://termidorianos.blogspot.com.es/2010/02/erp-batallon-de-comunicaciones-141.html
ERP
Comando de Sanidad del Ejército
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/erp-comando-de-sanidad-del-ejercito.html
ERP
Guarnición de Azul
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/erp-guarnicion-de-azul.html
ERP
Regimiento de Infantería Aerotransportada 17
http://termidorianos.blogspot.com/2009/12/memoria-historica-el-erp-en-catamarca.html
ERP
Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/erp-fabrica-militar-de-polvoras-y.html
ERP
Batallón de Arsenales 121
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/erp-batallon-de-arsenales-121.html
MONTONEROS
Regimiento de Infantería de Monte 29
http://termidorianos.blogspot.com/2010/10/montoneros-reg-29-infanteria-de-monte.html
ERP
Batallón de Arsenales 601
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/erp-baatallon-de-arsenales-601.html
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EPÍLOGO
Algunas consideraciones militares.
En estos ataques hubo un patrón táctico aplicado sistemáticamente:
1- Efectuaban los ataques en fines de semana.
2- Por la noche.
3- Vistiendo falsos uniformes del Ejército.
4- Utilización de militantes cumpliendo el servicio militar obligatorio que les proporcionaban sencillos pero esenciales datos de Inteligencia y facilitaban el acceso coincidiendo con sus turnos de guardia.
Lo sorprendente es que el Ejército fue incapaz de neutralizar estas tácticas que conforman el ABC de los manuales de guerrilleros y comandos. No se tomaron elementales medidas de seguridad, como aumentar las dotaciones de retén y guardia los fines de semana; hubo un caso en que había un solo oficial de guardia: un teniente. O proteger las Armerías con guardias de suboficiales, o con puertas de seguridad electrónica como las utilizadas por los bancos. No se instalaron circuitos de video-vigilancia ni se minó el perímetro de los cuarteles. Tampoco pudo su Inteligencia impedir la infiltración de soldados enemigos, y no logró infiltrarse en la profundidad del ERP hasta finales de 1975: Monte Chingolo. Esta desidia paralizante duró... tres años (1973-1975). Si el ataque de Monte Chingolo no hubiera sido delatado, el ERP se habría apoderado de 18 toneladas de armas.
La sociedad se preguntaba cómo podía garantizar la soberanía nacional un Ejército incapaz de impedir que civiles armados coparan sus cuarteles, les causaran bajas, capturaran a sus oficiales y vaciaran sus arsenales. Algo que aún hoy sigue provocando estupor en analistas e historiadores.
Tampoco la Armada y la Fuerza Aérea pudieron garantizar la seguridad de sus buques y aviones. El 22 de agosto de 1975, un comando de buzos montoneros consiguió burlar la seguridad de la fragata misilística Santísima Trinidad atracada en los Astilleros Navales de Río Santiago, en Ensenada, colocando bajo el casco 170 kilos de sofisticados explosivos utilizados para demoliciones submarinas. El buque no se hundió, pero su centro de computación y electrónica sufrió importantes daños.
Seis días después, el 28 de agosto, Montoneros también burló la seguridad de la Fuerza Aérea volando con 160 kilos de explosivo exógeno C-4 que ellos fabricaban con tecnología propia -hasta el punto de que le montaron una fábrica a la OLP de Arafat durante la guerra del Líbano- la pista del Aeropuerto 'Teniente Matienzo' de Tucumán, cuando despegaba un Hércules C-130 con 114 efectivos de la Gendarmería Nacional que regresaban a su cuartel en San Juan tras haber operado contra el ERP en los montes tucumanos. Con sus tanques repletos de combustible, el avión se convirtió en una gigantesca bola de fuego que dejó un saldo de 6 gendarmes muertos y otros 60 heridos con espantosas quemaduras.
El 15 de marzo de 1976 los montoneros estacionaron y estallaron un coche-bomba con falsa matrícula militar junto a la entrada del Comando General del Ejército cuando entraba un grupo de jefes y oficiales (23 heridos y un civil muerto). El 29 de abril adosaron cargas explosivas, descubiertas a tiempo, en seis cazabombarderos Mirage en la VIII Brigada Aérea de J.C. Paz, en Buenos Aires. En octubre colocaron una carga explosiva destinada al General Videla nada menos que en la Guarnición de Campo de Mayo; y otra en el Círculo Militar, que provocó graves heridas a 60 militares retirados y familiares.
En diciembre de ese año, finalmente, volaron una sala del Ministerio de Defensa matando a 14 jefes y oficiales de Inteligencia e hiriendo a otros 30. Su último atentado contra unas instalaciones militares increíblemente vulnerables, se produjo el 5 de abril de 1977, cuando una montonera (hija de un Brigadier), logró introducir y hacer estallar una bomba de Trotyl en el edificio Cóndor, sede del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, que sorprendentemente no provocó víctimas. El ERP, por su parte, el 18.02.1977 hizo estallar 105 kilos de explosivos bajo la pista del Aeroparque 'Jorge Newbery' cuando despegaba el avión presidencial con el General Videla a bordo. Fallaron por pocos segundos.
También hubo dos ataques al Ejército que no hemos incluido en la serie anterior por no tratarse de copamiento de unidades.
El 29 de abril de 1971 las FAR asaltaron en Pilar (Bs. As.) un camión del Ejército, hiriendo y luego rematando al Teniente 1º Mario César Azúa. También hirieron al soldado Hugo Vacca que quedó parapléjico y falleció en 1975. Se llevaron 196 pistolas, 3 fusiles FAL y 2 subfusiles PAM.
Conviene hacer un inciso para recordar quienes eran aquellos 'jóvenes idealistas' o 'guerrilleros románticos'. Según la investigación hecha por el SIE, el Teniente Azúa fue rematado por Sara Solarz de Osatinsky a la que también atribuyeron haber dado el tiro de gracia al policía Esteban Sullings durante la toma de Garín y al guardia Juan Valenzuela durante la fuga del penal de Rawson en 1972. Años después fue capturada por los marinos de la ESMA y la integraron en el llamado Staff: prisioneros que, además de delatar nombres y domicilios, realizaron tareas auxiliares: confeccionar dossiers de prensa y redactar análisis políticos que terminaban en el despacho del Almirante Massera, empeñado entonces en organizar un partido político a partir de los grupos montoneros refugiados en México, España, Italia y Francia al mando de Firmenich, con quien se reunió en París para exponerle su proyecto.
Algunos de aquellos oficiales montoneros que integraron el Staff fueron: Pilar Calveiro, actual catedrática de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de México; Graciela Beatriz Daleo, socióloga, participa en cátedras libres sobre Derechos Humanos; Martín Tomás Gras, subsecretario de Promoción de Derechos Humanos y asesor del Ministerio de Defensa en Doctrina Política de la Defensa Nacional; Lila Pastoriza de Jozami; Miriam Liliana Lewin, periodista, ex secretaria de Massera y traductora para el Centro Piloto de París montado por la Armada según su testimonio ante el juez León Carlos Arslanián; Norma Susana Burgos, Noemí Actis Goretta, Mercedes Inés Carazzo, y Anita Dvantman, que terminó casándose y teniendo dos hijos con su interrogador, Teniente de Fragata Jorge Rádice.
Testimonio de Miriam Lewin:
http://web.archive.org/web/20060427184329/http://www.nuncamas.org/testimon/lewin.htm
Otros prisioneros del Staff fueron 'doblados' y pasaron a operar para el Grupo de Tareas. Como Silvia Labayrú, que introdujo al Teniente Astiz entre las Madres de Plaza de Mayo presentándolo como su hermano, y asistió a cuatro reuniones con colaboradores de las Madres que luego fueron secuestrados: su declaración legajo 6838-Conadep, Nunca Más, pág. 136.
También hubo un Mini Staff de montoneros doblados hasta el punto de interrogar y torturar a sus antiguos compañeros. En 1977 fueron integrados como suboficiales en el Servicio de Información Naval. Uno de ellos fue Máximo Nicoletti, el buzo montonero que dinamitó la fragata 'Santísima Trinidad'.
El otro ataque se produjo el lunes 18 agosto de 1975. Cuando el Capitán Miguel Alberto Keller, acompañado de un suboficial y cinco soldados, se disponía a entrar en el Tiro Federal a bordo de una camioneta del Ejército para efectuar una comprobación técnica de armamento, se le acercó un individuo uniformado y con grado de Teniente Coronel. Como era preceptivo, el Capitán descendió del vehículo para presentarse, momento en que fue asesinado por un comando del ERP que tras reducir al suboficial y a los soldados huyó llevándose la camioneta cargada con 70 FAL, 4 FAP y 21 pistolas. El presunto Teniente Coronel resultó ser el jefe del comando, y un soldado fue el entregador. Días después la Policía Federal recuperó 23 fusiles, detuvo a 10 erpianos y dio muerte en enfrentamiento al soldado cómplice.
Algunas consideraciones históricas y políticas.
Uno de los argumentos más utilizados por las izquierdas argentinas para calificar como 'terrorismo de Estado' la ofensiva contraterrorista llevada a cabo por las Fuerzas Armadas, consiste en citar los casos de organizaciones terroristas de otros países, como la alemana RAF y/o banda Baader-Meinhof, o la italiana Brigadas Rojas, que 'fueron desarticuladas por las fuerzas policiales, juzgadas y encarceladas en el marco de la legalidad y un Estado de derecho', dicen.
Otro sofisma disparatado, porque la banda alemana original (luego sus seguidores operaron durante varios años pero con poca intensidad), quedó definitivamente derrotada cuando cuatro de sus jefes fueron asesinados en la cárcel de máxima seguridad de Stammheim, Stuttgart, el 18.10.1977:
Andreas Baader y Jan Carl Rasper fueron hallados en sus celdas con un disparo en la cabeza.
Gudrun Ensslin, ahorcada.
Irmgard Möller, acuchillada, pero sobrevivió.
Ulrike Meinhof ya se había "ahorcado" en 1976.
Esto, que los mediocres sofistas silencian sin ruborizarse, sucedió en un Estado tan de derecho y democrático como la República Federal Alemana que presentó las muertes como un 'suicidio colectivo'.
Obviamente, este argumento 'legalista' es una de las tantas artimañas del discurso izquierdista para ocultar su responsabilidad, confundir a la opinión pública y demonizar a las Fuerzas Armadas.
Su origen fue el Prólogo falso y manipulador del Nunca Más, escrito por el marxista Ernesto Sábato, que junto con Borges almorzó y departió una larga sobremesa en la Casa Rosada con el General Videla y el General Jorge Villarreal el 19.05.1976. "Un hombre culto, modesto e inteligente" dijo de Videla a la salida. Y en 1978 declaró a la revista alemana GEO que "la mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder para terminar con ese vergonzoso gobierno de mafiosos (...), con una época en la que los extremistas de izquierda habían llevado a cabo los más infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes". Concluyendo: "Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país, las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control".
Después de aquel histórico almuerzo, un Borges seducido por el anfitrión declaró: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber aceptado las responsabilidades del gobierno".
(La Voluntad, Caparrós y Anguita, tomo 3, pág. 72).
Por lo demás, resulta sarcástico escuchar las palabras Legalidad y Estado de Derecho en boca de la izquierda argentina que se alzó en armas contra siete gobiernos constitucionales: Frondizi, Illia, Cámpora, Lastiri, Perón, 'Isabel' Perón y Alfonsín. Desde Masetti hasta Gorriarán Merlo. Marxismo y Estado de Derecho es una contradicción en los términos, puesto que la doctrina persigue la destrucción del Estado burgués y su Derecho: superestructuras jurídicas de la explotación capitalista.
El sibilino argumento de 'represión legal' omite mencionar datos esenciales:
1- Las organizaciones terroristas argentinas eran incomparablemente más peligrosas para el Estado que las europeas citadas (que no sumaban más de 100 activistas entre las dos) tanto en número de efectivos (unos 7.000 entre combatientes y 'políticos'; o ejército, milicias y partido), como en poder de fuego, servicios y logística. Un ejemplo: la fabricación de subfusiles, lanzagranadas y explosivo plástico por Montoneros.
2- Su accionar formaba parte de una ofensiva revolucionaria continental en la que participaban otras fuerzas como Tupamaros, FARC, ELN, etc. No es posible extendernos aquí sobre los contactos que mantenían entre sí estas organizaciones, ni el papel coordinador y de entrenamiento militar jugado por Cuba.
3- No practicaban un terrorismo clásico (solo desestabilizador) como sus camaradas europeos, sino uno funcional al proyecto estratégico de fundar un ejército guerrillero regular, tomar el poder y hacer de Argentina un Estado socialista. Nada de esto formaba parte de los objetivos, y no digamos de las posibilidades, de las bandas europeas mencionadas.
Más aún: hoy está probado que la Baader-Meinhof de la República Federal Alemana era una 'orga' de la Stasi (Ministerio de Seguridad del Estado) de la comunista República Democrática Alemana. Y en cuanto a las Brigadas Rojas, también están probadas judicialmente sus vinculaciones con la Mafia, y con los servicios secretos que les utilizaron para asesinar a Aldo Moro. Tal como hiciera Montoneros con el general Aramburu.
4- Sus estructuras, fuerzas y poder de fuego no eran ni remotamente comparables a las de aquellas bandas de pistoleros. Eran fuerzas paramilitares (ERP) equipadas con armamento capturado al Ejército Argentino, encuadradas en compañías de 100 combatientes y con oficiales entrenados por un ejército profesional (Cuba) para operaciones de asalto y combate urbano. Y para maniobrar como guerrillas en los montes de Tucumán.
Montoneros, por su parte, operaba con pelotones urbanos armados con fusiles de asalto, Itakas, subfusiles, lanzagranadas RPG.7 y granadas de mano. Asimismo, ambas organizaciones se estructuraban con una red de servicios y logística propia de un ejército clandestino: seguridad, inteligencia, comunicaciones, transporte, escuelas de formación política y militar, relaciones internacionales, imprenta, prensa, sanidad, finanzas, arsenales, cárceles y fábricas de uniformes, armas y explosivos. Estas complejas estructuras funcionaban gracias a una rígida disciplina articulada por escalas jerárquicas, reglamentos, y tribunales que en ocasiones emitieron condenas de muerte.
5- Como consecuencia de todo lo anterior -que podría ampliarse- a diferencia de las pequeñas sectas terroristas europeas, las organizaciones armadas argentinas estructuradas como fuerzas paramilitares, aunque también operaban como terrorismo clásico, estuvieron en condiciones de desencadenar y mantener durante once años una guerra revolucionaria.
Tampoco vale aplicar el criterio de 'represión legal' a la ETA o al IRA pues ambas organizaciones independentistas practicaban un terrorismo clásico (desestabilización complementaria a un accionar político), con explosivos y ejecuciones del tipo 'tiro en la nuca'. Obviamente, ninguna de las dos poseían unidades de combate paramilitares, ni desataron una guerra revolucionaria.
Durante toda su larga historia, los etarras se entregan sin disparar cuando son capturados. En 50 años han tenido ¡2 bajas! Una terrorista que rompió esta norma en su arresto, y otra despedazada por la bomba que preparaba. ETA nunca entró en combate. Nunca, ni una sola vez, se enfrentó a balazos con la policía o guardia civil. Y tienen subsfusiles y pistolas. La razón es muy simple y lógica: optaron por el fugaz 'tiro en la nunca' en la calle. Y luego, y hasta ahora, por los atentados con coche bomba pues sus efectos son devastadores y no provoca bajas propias. El IRA aplicaba el mismo criterio de eludir enfrentamientos armados con las fuerzas británicas.
En Argentina, la guerra revolucionaria hizo inevitable que la contraofensiva del Estado fuera por medio de sus Fuerzas Armadas, pues las policiales fueron desbordadas durante seis años. Y que, como en toda situación de guerra interior, las Fuerzas Armadas procedieran a aniquilar a las fuerzas revolucionarias alzadas contra el Estado.
Cuando un Ejército entra en operaciones lo hace para aniquilar a la fuerza enemiga, no para detener a sus efectivos y entregarlos a los jueces.
Por durísima que haya sido la respuesta militar, no puede negarse que las Fuerzas Armadas actuaron desde el primer decreto de febrero de 1975 (Operativo Independencia), y el segundo del 6 de octubre de ese mismo año, dentro de la más estricta legalidad determinada por la Constitución: subordinadas al presidente de la República, su comandante en jefe.
Especular sobre si esa aniquilación debió llevarse a cabo mediante el fusilamiento de los prisioneros tras juicios de guerra en lugar de ejecutarlos clandestinamente, es un debate sin sentido y estéril; porque el método elegido es accesorio a lo fundamental: que el gobierno constitucional de la Nación, hay que repetirlo, ordenó aniquilar la subversión. La opción de encarcelar a los terroristas fue descartada porque el Estado no podía arriesgarse a que más tarde un gobierno izquierdista, como el de Cámpora, decretara una segunda Amnistía y volviera a recomenzar la pesadilla.
El desarrollo militar alcanzado en 1975 por la subversión armada obligó a dar una respuesta definitiva a seis años de ofensiva revolucionaria. Argentina no sería la Cuba del sur; ni la Colombia de las FARC. Esa era la situación entonces. En términos de seguridad nacional interior y exterior.
En consecuencia, el llamado Terrorismo de Estado sólo es una metáfora funcional a la propaganda política, pues no existió tal cosa sino precisamente todo lo contrario: Contraterrorismo de Estado.
Y bajo un Estado de guerra interior reconocido como tal por un gobierno constitucional.
Asunto de vital importancia, pues la política de derechos humanos del régimen Kirchner niega tal escenario guerracivilista, ya que reconocerlo obligaría a juzgar a los militares por el Derecho de la Guerra, y no por el Derecho de la Paz.
Es la maniobra jurídica para no considerar crímenes de guerra y de 'lesa humanidad' (no prescriptibles), a los cientos de homicidios cometidos por la izquierda terrorista, sino delitos 'comunes' que han prescripto.
La definición de conflicto armado interno establecida por la Segunda Convención de Ginebra en 1949 se ajusta al caso argentino, en particular a las operaciones del ERP en Tucumán.
Respecto al Estatuto de Roma, éste tipifica como crímenes de lesa humanidad los ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil llevados a cabo por fuerzas del Estado, lo cual garantiza la impunidad penal para las fuerzas insurgentes, terroristas, etc. Gracias a esta doctrina jurídica, de clara vocación izquierdista, tres oficiales superiores de la Conducción Nacional del Ejército Montonero responsable de unos 500 asesinatos y homicidios, están en libertad: Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía.
Resumiendo: el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 interrumpió la continuidad del orden político institucional, pero las operaciones contraterroristas continuaron siendo legales porque fueron decretadas por un gobierno constitucional, ratificadas por el Congreso y recibidas con alivio por los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones empresariales, la prensa y la sociedad en general.
Por lo tanto, sus presuntos crímenes deberían ser juzgados en el marco de las Convenciones de Ginebra, ya que no realizaron 'ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil', sino contra miembros de fuerzas insurgentes que en modo alguno pueden ser considerados civiles. ¿Alguien en su sano juicio consideraría civiles a los guerrilleros del Viet Cong, de las FARC o de Hezbollá?
La clave de aquella etapa histórica, por consiguiente, debe buscarse en las relaciones de causa-efecto. En la guerra revolucionaria que las izquierdas desencadenaron entre abril del 69 y noviembre del 79; una Guerra en la que sólo murieron ochenta militares y policías menos que los 631 militares en las Malvinas.
De estos diez años y ocho meses de 'guerra sucia' y terrorismo contra el Estado y la población civil deberían hablar las izquierdas; pero carecen de la nobleza intelectual y moral necesarias para admitir su responsabilidad penal y política, y pedir perdón a las familias de sus víctimas: esos 816 civiles, policías y militares que asesinaron, que desaparecieron de la vida en nombre de una ideología enloquecida y mesiánica de guerra de clases y dictadura del proletariado. Y a todo el pueblo argentino, por querer poner una parte del territorio patrio al servicio mercenario de la expansión ideológica y militar de Cuba y la URSS.
Cegadas por una omnipotencia alimentada por el fanatismo y las fantasías neuróticas sobre el paraíso socialista, las sectas guevaristas de los setenta, despreciadas por la clase obrera que jamás les reconoció como 'vanguardia', se autolegitimaron como ángeles exterminadores al servicio de las sagradas leyes marxistas de la Historia. Y confundiendo la realidad con sus deseos voluntaristas, se creyeron en condiciones de desafiar militarmente al Estado argentino, a los profesionales de la guerra.
En realidad, la izquierda terrorista argentina de los años setenta no fue aniquilada. Se suicidó.
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Para no extendernos más en el Epílogo, hemos omitido mencionar la intervención de militares cubanos en las guerrillas de Venezuela (1962), Argentina (1964) y Bolivia (1967), así como el papel desempeñado por el régimen castrista en la gestación de la Guerra Revolucionaria Argentina (1969-1979). Para ello, hemos creado la Entrada "Cómo y por qué fue posible.
Decreto ordenando aniquilar el accionar subversivo en todo el territorio nacional
http://es.wikisource.org/wiki/Especial:Buscar/Decreto_2772/75_(Argentina
Listado víctimas Civiles
http://termidorianos.blogspot.com/2010/01/memoria-historica-victimas-del_13.html
Listado víctimas Fuerzas Armadas
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/memoria-historica-victimas-del.html
Listado víctimas Policía Federal
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/memoria-historica-victimas-del_17.html
Listado víctimas Policía Provincia de Buenos Aires
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/victimas-del-terrorismo-ppba.html
Listado víctimas otras Policías provinciales y FF.SS.
http://termidorianos.blogspot.com/2010/02/memoria-historica-victimas-del_7371.html

Jorge Fernández Zicavo
Sábado 5 de abril de 1969. Provincia de Buenos Aires.
Gobierno de facto del teniente general Juan Carlos Onganía.
A las 03:00 horas un Jeep conducido por un sargento acompañado de un teniente coronel y seguido por un camión con diez soldados, atravesó la Puerta Nº 4 de la Guarnición y se dirigió al vivac donde acampaban tropas del Regimiento de Infantería 1 ‘Patricios’ en periodo de instrucción de tiro.
Tras desarmar al personal de guardia se dirigieron a la carpa donde, según sus informaciones, había 700 fusiles de asalto FAL, pero para su sorpresa sólo encontraron cuatro y una pistola Ballester Molina.
A continuación, con la misma serenidad y sigilo con la que entraron y controlaron la situación (60 soldados que dormían en otras carpas no se enteraron de nada), se retiraron cortando las alambradas del perímetro, se quitaron los uniformes y se dispersaron dejando allí los falsos vehículos militares.
El Comando General del Ejército recién hizo público el suceso el día ocho, y el doce relevó por negligencia al jefe del Regimiento, coronel Hugo Omar Elizalde. De todos modos, los diarios se limitaron a mencionar un intrascendente ‘intento fallido de desarmar a un centinela’.
Nadie reivindicó esta acción. El misterioso grupo lo haría un año después, y forzados por las circunstancias, pues como norma venían operando bajo un estricto anonimato desde el 16 de junio de 1962, día en que robaron del Instituto Geográfico Militar 44 pistolas y 5 subfusiles ametralladoras por el simple procedimiento de forzar una ventana.
Posteriormente, tras una etapa dedicada a hacer estafas bancarias para financiarse, el 10 de diciembre de 1968 robaron 56.000.000 de pesos en el Banco Popular Argentino, de Liniers, Capital Federal.
También con la misma facilidad y sin disparar sus armas: entraron por una ventana y esperaron todo un fin de semana a que el lunes llegara el director y abriera la cámara acorazada.
De esta operación en Campo de Mayo pueden sacarse dos conclusiones: militarmente hubo buena planificación y perfecta ejecución, aunque malogradas por una información no actualizada respecto a las armas. Políticamente supuso un humillante desafío al Ejército y al Estado: que un grupo armado de civiles insurgentes penetrara en la principal Guarnición del país, se retirara sin que se activara ninguna alarma y por azar sin 700 fusiles (trasladados el día anterior), demostró la increíble vulnerabilidad de un Ejército que no podía garantizar la seguridad de sus cuarteles. Algo que en los años siguientes se confirmaría en siete ocasiones, correspondientes a otras tantas unidades copadas por fuerzas insurgentes: tres batallones, un Regimiento, una Guarnición, un Comando y una Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos; que pudieron ser ocho si una Compañía del ERP no hubiera sido detectada cuando se aproximaba al Regimiento de Infantería Aerotransportada 17, en Catamarca.
Pero la euforia por una operación que, a pesar del magro botín fue perfectamente ejecutada, se convirtió en pánico pocas horas después, cuando uno del grupo comentó a sus compañeros que había comprado legalmente los neumáticos del camión en un taller donde conocían su identidad.
Tras esta noticia (los neumáticos tenían numeración) todos pasa- ron a la clandestinidad, menos Juan Carlos Cibelli, empleado de banca y ex militante de PRAXIS (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Se tomó esa decisión porque Cibelli vivía en una casa ignorada por el resto del grupo, donde se guardaba el armamento del Instituto Geográfico Militar y el dinero del Banco Popular Argentino.
Sin embargo, debido a la eficacia de la investigación policial que, como era de esperar, se inició con los neumáticos, el 7 de mayo de 1969 la División de Asuntos Políticos de la Policía Federal detuvo a Cibelli, quien no ‘cantó’ la casa de seguridad y logró convencer a sus interrogadores de que era un pobre diablo que solo conocía superficialmente a las personas que le nombraban.
De todos modos, el juez Jorge Luque, del Juzgado Federal en lo Criminal Correccional N° 1 de San Isidro, lo recluyó en la cárcel de Olmos por asociación ilícita. (Causa N° 8.897/69)
Al año siguiente (16.03.1970) la Policía de la Provincia de Buenos Aires allanó un galpón en San Vicente 116, de Luján, alertada por vecinos que veían movimientos raros y una gran antena de radio. Allí encontraron a uno de los prófugos (Carlos Della Nave) camuflando dos camionetas como de la Fuerza Aérea que el grupo pensaba utilizar en una próxima operación: un tren pagador del Ferrocarril San Martín con 150.000.000 de pesos. Asimismo, hallaron uniformes de la Fuerza Aérea, explosivos, material quirúrgico y un radiotransmisor. Esa noche dejaron a dos suboficiales que al día siguiente capturaron a Alejandro Baldú (el comprador de los neumáticos). Tras ser interrogado por ‘la bonaerense’ durante una semana, Della Nave fue derivado por el juez a la División Asuntos Políticos, de la PFA.
Por aquellos días, una célula terrorista que operaba en la Capital Federal bajo el liderazgo de Luis María Aguirre (alias ‘Zárate’, ‘Tato’ y ‘Lucho), médico pediatra del Hospital Rawson y del Policlínico de Lanús, tenía refugiados en una casa de seguridad a todos los prófugos del grupo de Cibelli: Bjellis, Malter Terrada, Henríquez, Baldú, Della Nave y otros.
Para que dejaran de torturar (según ellos; y era probable) a Della Nave y apareciera Baldú, ambos grupos secuestraron en Ituzaingó, Corrientes, al cónsul de Paraguay, Waldemar Sánchez y, tras unirse en una organización bautizada Frente Argentino de Liberación, distribuyeron un Comunicado reivindicando el secuestro y exigiendo que Baldú y Della Nave fueran mostrados ante la prensa. Dos días después, el juez Jorge Luque exhibió a Della Nave en Coordinación Federal y dijo que Baldú era un fugitivo de la justicia. El 27, las FAL emitieron un segundo Comunicado reivindicando el asalto a Campo de Mayo, y el fallido intento, menos conocido, al Regimiento de Infantería 7 de La Plata, el 23.12.1969. Al día siguiente, tras comprobar que Della Nave vivía, y dar por hecho que Baldú había muerto en la tortura, liberaron al cónsul.
Hasta que salieron a la luz como FAL, el grupo de Cibelli era conocido en ambientes de la extrema izquierda como ‘la Organización’, y el de Aguirre como ‘el francés’.
En mayo las FAL fueron rebautizadas como Fuerzas Argentinas de Liberación y surgieron nuevos comandos: ‘Benjo Cruz’ en La Plata, ’Máximo Mena’ en Córdoba y otros en Rosario, Tucumán y Mendoza. Todos estos comandos eran autónomos, pero compartían armas, dinero y vehículos robados. Aplicando un símil actual, podría decirse que las FAL eran una franquicia, o una Red, tipo Al Qaeda.
El 14 de noviembre, el comando fundador de las FAL (grupos Aguirre-Cibelli) acribilló al subcomisario de la PFA, Osvaldo Sandoval quien, según Juan Carlos Cibelli, había torturado a él, a su compañera Irma, a Della Nave, y a Baldú hasta matarlo. El grupo ejecutor estuvo al mando de Sergio Jorge Bjellis.
El 15 de enero de 1971, este comando de Aguirre-Cibelli robó Libretas de Enrolamiento en el Registro Civil de Ituzaingó, Buenos Aires. El 26 de junio liberó con FAP, FAR y Montoneros a cuatro terroristas de la cárcel correccional de mujeres del Buen Pastor en el barrio porteño de San Telmo: Amanda Peralta y Ana María Solari de las FAP, y Ana María Papiol y Lidia Marina Malamud de las FAL, siendo abatido en combate el miembro de las FAP, Bruno Cambareri. El 7 de octubre secuestraron al empresario Jorge Vázquez Iglesias obteniendo un rescate de 900.000 dólares.
El 26 de agosto de 1972, tras un tiroteo con policías de Coordinación Federal, ‘Tato’ Aguirre y su lugarteniente Sergio Efraín Schneider, alias ‘Tito’ (del comando Aguirre-Cibelli que entonces se denominaba FAL-CHE), fueron capturados en San Martín, provincia de Buenos Aires, cuando estaban planificando el asesinato del general de división Rudecindo Nadal, comandante de Institutos Militares. De todas maneras, los demás miembros de este comando FAL-CHE y los otros de las Fuerzas Argentinas de Liberación, siguieron operando. Estos eran: la ‘Brigada Masetti’, que el 25.09.1970 había copado el tren El Rosarino, robando 5.000.000 de pesos del vagón postal; el platense FAL-22, que el 26.02.1971 había asaltado el Correo Central de La Plata llevándose 26.000.000; el también platense y ya citado ‘Comando Benjo Cruz’, que el 04.03.1971 había hecho lo mismo en el Hipódromo de esa ciudad (21.600.000) y la ‘Columna América en Armas’, que en junio de 1971 robó 8.000.000 a un camión de caudales frente al Hospital Francés, en la Capital Federal.
Tras ser amnistiados por Cámpora en 1973, Aguirre y Schneider reconstruyeron el FAL-CHE y se fusionaron con la ‘Brigada Masetti’ bajo el nombre ‘Columna Inti Peredo’. Schneider volvió a ser capturado el 26 de febrero de 1975 y arrestado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante Decreto 509/75, pero dos días después un comando mixto de la ‘Columna Inti Peredo’ y MONTONEROS, secuestró al presidente de la Corte Suprema de Justicia de Buenos Aires, Hugo Anzurreguy, para canjearlos.
Como resultado de las negociaciones Schneider fue expulsado a Perú el 5 de marzo, y tras pasar una temporada en México y Cuba regresó a Argentina para continuar su actividad en las FAL. El 2 de julio de 1975 la ‘Columna Inti Peredo’ se disolvió para ingresar en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Schneider fue nombrado jefe militar de Rosario, y Aguirre responsable de un frente sindical y militar con centro en la fábrica Peugeot de Bs. As. Ambos murieron resistiendo su captura en 1975 y 1977, respectivamente.
También morirían ejecutados o en combate, otros cuadros de las FAL, como Susana del Carmen Giacche (junto a su esposo Sergio Schneider) el 12 de octubre de 1975; Sergio Jorge Bjellis en agosto de 1976; Carlos Della Nave -para entonces miembro de Montoneros- en septiembre de 1976; Lidia Marina Malamud (esposa de Aguirre) en octubre de 1976; su hermana Liliana Alcira, en el copamiento del Batallón de Arsenales de Monte Chingolo (23.12.1975); María Cristina Mura y su esposo Hugo Arnaldo Corsiglia en 1976; Carlos D'Arruda (11.1976), Hernán Jorge Henríquez (que encabezó el comando de Campo de Mayo con insignias de Teniente Coronel), en mayo de 1977; Jorge Caravellos y su esposa Lucía Swika, en mayo de 1978; Cristina Galzerano en octubre de 1977....
Las FAL fueron unos grupos terroristas atípicos, pues pretendían ser pequeñas unidades militares de élite con una mínima actividad política y sindical: la imprescindible para cubrir sus necesidades orgánicas.
El proyecto estratégico del grupo original (Cibelli), no aspiraba a ser "el Partido vanguardia de la Revolución" sino un "aparato militar" que se pondría a disposición de la clase obrera cuando ésta desencadenara una insurrección general.
(Stella Grenat y Daniel De Santis: Las FAL y la construcción del partido revolucionario en los años '70
Los comandos platenses 'Benjo Cruz' y 'FAL-22' también asumían ese enfoque de elitismo militarista:
"Nosotros nos preocupábamos por hacer un grupo que fuera a resolver un problema técnico... había que formar cuadros militares, porque cuando comience la guerra van a hacer falta dirigentes. Esa era nuestra concepción".
(Grenat - De Santis)
El 'FAL-CHE' de Aguirre (más tarde Columna 'Inti Peredo'), se autodefinió así:
"Como militantes de la revolución latinoamericana nuestra concepción del problema estratégico frente al imperialismo y sus aliados ha decidido para Argentina la vía armada como única posible y eficaz en la marcha hacia la conquista socialista del poder. Política armada que, en unión con aquellas formas legales de lucha que surgen de la vida misma de las masas y que puede adaptarse a las perspectivas de la guerra general revolucionaria, se caracterizará como guerra de guerrillas".
(Grenat-De Santis)
Todos estos faluchos tenían un recorrido político común: los fundadores del Grupo Cibelli, el MIR-Práxis; y los demás, el Partido Comunista, y luego su escisión Partido Comunista Revolucionario (PCR), que también abandonaron porque, al igual que el PC, concebía la lucha armada sólo como complemento de una insurrección revolucionaria del proletariado tipo 'Octubre ruso', y no como una guerra de guerrillas de grupos elitistas sin apoyo de las masas.
A mediados de los años sesenta, Aguirre también había militado en el MIR-Práxis, y luego en la Federación Juvenil del Partido Comunista, junto con su cuñado Mauricio Malamud. Estudió las tesis marxistas del filósofo francés Louis Althusser y visitó Cuba, Checoslovaquia y la Unión Soviética, integrando una delegación del PC en la que también estaba César 'Gody' Álvarez, cuadro del aparato militar (seguridad) del PC, que luego fundaría el PCR con Aguirre y otros. Fue ejecutado en abril de 1976.
Entre los faluchos, Aguirre era el cuadro con mayor formación militar: además de recibir entrenamiento en el famoso campamento cubano Punto Cero, como la casi totalidad de los cuadros terroristas argentinos y latinoamericanos, en su adolescencia había cursado el bachillerato en el Liceo Militar de Buenos Aires egresando como Subteniente de reserva. Asimismo, Henríquez (el 'Teniente Coronel' que entró en Campo de Mayo), lo había hecho en el de Mendoza; y Malter Terrada, en el Liceo Naval de Río Santiago.
Me he extendido en reseñar la embrollada lista de Comandos, Brigadas y Columnas integradas en las FAL, nacidos a partir del grupo original que operó en el Instituto Geográfico Militar, Banco de Liniers y Campo de Mayo, porque fue la primera Organización Político Militar de la Guerra Revolucionaria Argentina 1969-1979; y porque su operación en Campo de Mayo tuvo una especial relevancia histórica: haber sido el primero de ocho copamientos de unidades del Ejército Argentino llevados a cabo por organizaciones subversivas político-militares. Por lo tanto, ambas cosas permiten afirmar que en el año 1969 (junto con las insurrecciones del 'cordobazo y los dos 'rosariazos', el asesinato de Vandor, la voladura de 13 supermercados Minimax, y el atentado fallido a los camiones del Regimiento de Infantería 7 de La Plata por el mismo grupo que operó en Campo de Mayo), se inició la mencionada Guerra Revolucionaria, que finalizaría el 12.11.1979 con la última acción terrorista: el espectacular asesinato en pleno centro de la Capital Federal, del empresario Francisco Soldati a manos de un comando montonero durante la 'contraofensiva' ordenada desde Roma por la Conducción Nacional.
Algunos sitúan el nacimiento de la Guerra Revolucionaria Argentina a partir de la 'resistencia peronista' en 1956. En cierto sentido esto podría aceptarse, porque desde entonces hubo algunos episodios de atentados y efímeros experimentos guerrilleros rurales como UTURUNCOS en Tucumán, EGP en Salta y FAP en Tucumán). Pero si consideramos a la Guerra Revolucionaria como estrategia político-militar orientada a la toma del poder tras una larga Guerra Popular entre el Ejército del Estado y fuerzas insurgentes con vocación de llegar a ser Ejércitos Guerrilleros Regulares al modo chino o vietnamita, el comienzo de la Guerra Revolucionaria en Argentina debería datarse en 1969. Y no sólo por los seis grandes sucesos señalados (Campo de Mayo, Cordobazo, Rosariazo, Vandor, Minimax, La Plata) cuyo encadenamiento secuencial fue harto evidente, sino también por una oleada de acciones armadas:
Secuestros extorsivos y/o políticos.
Atracos a bancos.
Copamiento de Radioemisoras: LR1 El Mundo, en General Pacheco, Prov. Bs. As.
Desarme de centinelas en instalaciones militares: Base Aérea Aeroparque en Capital Federal / Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos en Villa María, Córdoba / Hospital Naval de La Plata / Comando de la Guarnición Militar de Salta.
Robos de fusiles Mauser en el Tiro Federal de Córdoba y en el de Neuquén.
Secuestros de aeronaves hacia Cuba, etc., que obligaron a proclamar el Estado de Sitio el 30 de junio. Seis meses después, el 23 de diciembre, veinte faluchos uniformados y armados con fusiles FAL terminaban el año copando durante 50 minutos el parque de automotores del Regimiento de Infantería 7 de La Plata para incendiar varios camiones Unimog suministrados por los Estados Unidos, pero la fuga de un soldado les obligó a retirarse sin lograr su objetivo.
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Actualmente, el septuagenario Cibelli, que recuperó la libertad en 1973, lidera la 'orga' piquetera MUP (Movimiento Unidad Popular) que opera en Quilmes y La Plata. Asimismo, desde 2008 gestiona con su viejo camarada de las FAL, Carlos Alberto Malter Terrada, la ONG Alternativa Ecopueblo.
Galería fotográfica

Juan Carlos Cibelli. Fotografiado en Coordinación Federal-PFA, 07.05.1969 - Apodado "el ciego" porque perdió la visión total de un ojo después de tres operaciones por desprendimiento de retina.

28.05.1969 Cartel de la Policía Federal pidiendo captura de siete miembros de las FAL implicados en el copamiento de Campo de Mayo. Lamentamos la mala calidad de esta única imagen disponible en Internet. De todos modos, los individuos son: Baldú, Bjellis, Malter Terrada, D'Arruda, Henríquez, Peralta y Caravellos.

Policías federales allanando el galpón de las FAL en Luján, 24.03.1970. Se trató de una "puesta en escena" para la prensa, pues el allanamiento se había producido el día 16 según declaró Della Nave ante el juez.

Della Nave, mostrado a la prensa en Coordinación Federal, 26.03.1970. Según las FAL lo habían drogado para que no hablara.

Alejandro Rodolfo Baldú. El primer terrorista "desaparecido".

Ana María Papiol, con peluca, días después de fugarse de la cárcel U-3.

Luis María Aguirre y Lidia Marina Malamud el día de su boda en 1964

Lidia Marina Malamud, médico. Ficha policial tras ser detenida el 30.11.1970 en un automóvil con armas y explosivos.

Hernán Jorge Henríquez. El "teniente coronel" de Campo de Mayo.

Clarín, 23.12.1969 - Copamiento Reg. 7º Infantería.

Clarín, 25.03.1970 - Secuestro del cónsul paraguayo el día anterior, y (parte inferior de la tapa) descubrimiento del galpón de Luján donde fuera capturado Della Nave el día 16 sin que el operativo policial se informara a la prensa.

Clarín, 29.03.1970 - Liberación del cónsul paraguayo.

Clarín, 26.09.1970 - Tren "El Rosarino".

Clarín, 05.03.1971 - Hipódromo de La Plata.
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Cronología de las principales acciones terroristas de 1969

Clarín, 23.05.1969 - Primer "rosariazo"

Clarín, 30.05.1969 - El "cordobazo".

Clarín, 27.06.1969 - Ante la llegada de Rockefeller, las FAR incendian 13 supermercados Minimax.

Crónica, 30.06.1969

Clarín, 01.07.1969

Clarín, 02.07.1969

Clarín, 17.09.1969 - Segundo "rosariazo".

Clarín, 18.09.1969
Esta Entrada, publicada en febrero de 2010, ha sido revisada y aumentada con nuevos datos el 24 de septiembre de 2014.
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